Un futuro para Los Caídos

Monumento a Los Caídos
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Maite Apezteguía Elso

Publicado el 03/11/2025 a las 05:00

Me gusta escribir cuando descubro oportunidades fugaces en mi ciudad. Oportunidades que, si nadie alerta sobre ellas, se pierden para siempre. Y aunque mi “lucidez” no ha servido de mucho hasta ahora, vuelvo a reconocer la oportunidad que surge en medio de uno de los temas más polémicos de los últimos años.

Sí, se trata del edificio de los Caídos. Nos movemos entre una serie de opiniones controvertidas. Que si lo tiramos, que si lo conservamos, que si lo resignificamos, que si encapsulamos la cúpula, que si lo camuflamos con espejos para que refleje otra realidad, que si lo convertimos en mirador de la ciudad, que si tiramos las arquerías…. En fin, toda una serie de ocurrencias sin mucha justificación ni sentido.

Lo que sí parece obvio y generalizado, en casi todas las propuestas, es la necesidad de desactivar la memoria original del edificio. Y esto es mucho más difícil que tirarlo o dejarlo como está porque precisa de un ejercicio de reflexión que sea capaz de anular el mensaje de enfrentamiento que transmite y de sustituirlo por otro que pueda ser compartido por todos. Porque, convenzámonos, no habrá solución para los Caídos si ésta no es participada y aceptada por una gran mayoría de los ciudadanos.

En su proyecto teórico “Víctimas” John Hejduk, arquitecto estadounidense, trabajó en Berlín en el solar que fue sede de la Gestapo y que, con el tiempo, se convirtió en un vacío urbano que escondía un pasado oscuro. Como expresa al inicio de su libro, “traza y dibuja para rastrear en las borraduras, en el olvido voluntario, con la intención última de reconstruir el mundo”. Y lo hace evocando en el lugar nuevas memorias de recuerdos infantiles, de acciones inocentes, de oficios admirables y de personas justas que no queremos olvidar.

Hejduk cambia la actitud. No se trata de destruir el mundo sino de recrear ese mismo mundo desde otra mirada, desde otra perspectiva, desde otro tiempo y el mismo lugar. Y es por eso que me pregunto si podemos encontrar una solución para los Caídos en el pasado, o si quizás está en el presente, o si solamente la hallaremos en el futuro.

Pero me atrevo, sí que me atrevo, a pensar un nuevo paisaje sobre el que nos dejó el pasado. A llenar sus plataformas con niños corriendo y jugando; a levantar, sobre sus amenazadas arquerías, salas donde convivan los idiomas de los inmigrantes con la informática de los mayores; a construir, bajo ellas, talleres y estudios, llenos de música y sonidos, que conciten los intereses de los jóvenes; a ocupar sus recintos, esos que una vez fueron oscuros y lúgubres, con actividades compartidas que generen amistades; a significar la cúpula como un monumento a la voluntad de concordia de nuestra sociedad. 

No hace falta borrar completamente la memoria de los Caídos, no es bueno que desaparezca para el recuerdo, tan solo es necesario escribir sobre ella otra memoria nueva, actual, superpuesta a la anterior, que refleje nuestra necesidad de cambio y nuestras ganas de paz. Creo que en ella nos podemos encontrar todos.

Y para eso no hacen falta tantas reglas absurdas ni tantas recetas inapropiadas. Basta con una voluntad política clara y unos buenos arquitectos que sepan interpretarla.

Maite Apezteguía Elso, arquitecta

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