José Ignacio López de Arriortúa, clave en la industria del automóvil


Publicado el 17/06/2026 a las 07:34
En las alegrías y las penas de la vida, cada día que pasa llega una de esta últimas. La noticia triste del pasado jueves 11 de junio fue sido el fallecimiento en Busturia (Vizcaya) de Iñaki, conocido en la industria automovilística como ‘Superlópez’, aunque le gustaba más que se le llamase ‘Doctor López’ como en la factoría de Volkswagen (VW) de Pamplona. Esta fue para él la más querida (“pero no lo digas que las otras son muy celosas”), en la que se sentía humanamente integrado con las personas y las instituciones navarras, porque siempre le acogían, apoyaban y respondían, matizando: “Soy un navarro más, pero del Athletic”.
En una de las primeras visitas que hizo a la planta tras recibir la encomienda de rentabilizar al Grupo VW me llamó para conocernos porque, además de nuestras respectivas responsabilidades, coincidentes en cuanto a la importancia de la empresa para Navarra, teníamos amigos en común, sus vecinos Antón Azkúnaga y Conchi. Desde aquel primer encuentro, cuando venía a trabajar con los directivos de la planta de Landaben me invitaba a asistir a sus reuniones, oírle en sus mensajes a directivos y trabajadores, conocer su proyecto industrial y almorzar en el comedor de la fábrica. Por mi parte, la presencia implicaba en aquel momento el compromiso de las instituciones navarras con la empresa, fundamental en el presente y futuro del tejido industria y el empleo en Navarra. La relación se amplió a reuniones en la sede central de Wolfsburg en Alemania, donde comprobé la potencia industria que era. De amigos de amigos pasamos a serlo directamente, lo que me permitió conocerle y saber de su vida, inteligencia, ideas, agudeza de ingenio y sentido del humor. Todo combinado con la retranca rústica hacía de Iñaki un personaje insuperable.
Era un hombre de fe que hablaba y discutía con “el Jefe” (Dios) que le había dado todo en la vida. Nacer en Amorebieta-Echano (1941), sus “aita” y “ama”, haber estudiado ingeniería en la Escuela de Bilbao, su querida Margarita Urquiza, sus hijas y nietos. Contaba que sintió directamente la mano “del Jefe” en su cuerpo, que le “resucitó”, tras el gravísimo accidente que sufrió en Cogollos (Burgos) tras el que, como primera providencia, le puso una ambulancia de vacío que llegó inmediatamente después, fue atendido y logró sobrevivir tras varios meses en coma hospitalizado, con pérdida temporal de la memoria y retorno a la infancia y al euskera. “¡Como no ser providencialista si siempre me estaba echando una mano!”. También veía al “Jefe” en sus oportunidades de trabajo en la factoría de Firestone en Basauri hasta que en 1980 le fichó la General Motors-GM para la factoría de Figueruelas (Zaragoza), en la que el éxito de su método lo convirtió en el responsable de compras para todo el mundo, y en su salida de Detroit, donde “no podía vivir”. Fue una gran frustración no lograr que la GM instalara una planta de montaje en Amorebieta como se había comprometido y él lo había hecho con la Diputación de Vizcaya que había adquirido los terrenos necesarios. Su inteligencia, capacidad de gestión de suministros, análisis de los procesos y métodos de mejora de la productividad llevaron a Ferdinand Piëch, presidente del grupo VW alemán, a contratarlo en 1993, generando un complicado proceso de rivalidad empresarial al estilo americano y denunciando la GM espionaje industrial, que terminó en procedimientos judiciales resueltos al cabo de los años en un acuerdo milmillonario entre ambas empresas. En ambas logró Iñaki que superaran la situación de crisis y riesgo de quiebra en que se encontraban cuando llegó, aunque la primera no le perdonó nunca haberla abandonado.
En la aportación de Iñaki a la organización y métodos de las empresas siempre contaba con el factor humano, con el “señor trabajador”, que en su concepción personalista era la base de la industria, al que había que formar, considerar y escuchar porque sin él “no había ni empresa, ni coches ni nada”. Decía que escuchando a los que estaban en la cadena de montaje se motivaba siempre la producción, la calidad y, por tanto, la rentabilidad. Era el método de trabajo el que mejoraba el proceso productivo y los puestos los que debían adaptarse a las exigencias ergonómicas, la seguridad e higiene, porque el trabajador no era un “esclavo atado a la galera”, sino una persona y un señor. En el método de medición del tiempo (MTM-Methods Time Measurement), renovado cada día, aplicado a todo el proceso incluido el trabajo humano, estaba la clave de la productividad.
Era un gran y ameno docente, sus teóricas tenían ingeniería y poesía, con ejemplos de la naturaleza y las fábulas clásicas (invocaba mucho la de la tortuga y la liebre), de las que extraía consecuencias prácticas para mejorar los procesos productivos y reducir los costes. En su obra ‘Tú puedes. Memorias de un trabajador’ (2004), con epílogo de Ramón Tamames, expuso su filosofía del trabajo y la empresa que, decía, era la propia de un “cashero de Amorebieta con sentido común, convertido en ingeniero en Bilbao”. Iñaki se nos ha ido. “Izarren hautsa eguna batean / bilakatu zen bizigai” (X. Lete) (“Un día el polvo de estrellas / se convirtió en materia de vida”). Margari, hijas Irene, Begoña y Maite, nietos, Iñaki se ha encontrado con “el Jefe” en las estrellas. Agur, betiko agur.
El autor es amigo del fallecido