Victoriano Lacarra Lanz, abogado estellés


Publicado el 31/03/2026 a las 20:17
El domingo 29 de marzo falleció en Estella Victoriano Lacarra Lanz (1936-2026), una buena persona, gran abogado y estellés de cuerpo entero. A su viuda Menchu, hijos María y José Ignacio, Bernardo y Mariola, Javier y Amaia, Guillermo y Mayaya, Juan y Olga y Andrés, nietos y biznietos, mi condolencia.
Si algo caracterizó a Victoriano fue su amor a la familia y su condición de jurista. Era un humanista enraizado en su tierra navarra y su ciudad a través de las personas, su historia y tradiciones y, sobre todo, su Derecho e instituciones. El talante abierto y liberal era muy propio de la familia y de una persona intelectualmente sólida, conocedor de las personas, respetuosa con su libertad, con profundas convicciones.
Pertenecía a una familia de raigambre en el pasado próximo de Navarra, que ha venido formando parte de la élite intelectual, particularmente de la jurídica. Fueron juristas amantes y conocedores de la Historia, destacando entre ellos su tío, el medievalista José María Lacarra de Miguel, que también lo fue, aunque optó por dedicarse a aquélla.
A Victoriano le precedieron tres generaciones de abogados y decanos del Colegio de Estella. A partir de su creación en 1844 su bisabuelo Telesforo Lacarra Montoya (1845-1895), defensor del fuerte de Estella durante el asedio carlista y autor de varias obras históricas. Su abuelo Victoriano Lacarra Mendiluce (1870-1934) entre 1931-1934, autor de una obra fundamental las 'Instituciones del Derecho Civil Navarro' (1917), nombrado por la Diputación miembro de la comisión redactora del Estatuto de Navarra (1931) y de textos sobre los gremios estelleses. El padre Bernardo Lacarra y de Miguel ejerció el decanato entre 1957-1970. El fallecido Victoriano lo hizo de 1986 a 2000 y su hijo Bernardo Lacarra Albizu de 2014-2026.
Vivía el Derecho no sólo por su formación, sino desde la asimilación que produce interiorizarlo en varias generaciones en la cultura familiar, que da una perspectiva distinta. Siendo un jurisperito por formación, era un jurisprudente por concepción del Derecho como instrumento de la Justicia. Como reconoció Cicerón el conocimiento de las reglas no es la prudencia, que es la rerum expetendarum fugiendarum scientia (“El conocimiento práctico de las cosas que se deben buscar y de las que se deben evitar. […] Si la sabiduría es la más importante de las virtudes, como ciertamente lo es, necesariamente se deduce que el deber, que está conectado con la obligación social, es el más importante. Y el servicio es mejor que el conocimiento teórico”) (Cicerón, 'De officis', 153). Todo ello diferencia al practicón leguleyo de un jurista como Victoriano, cuya prudencia jurídica y experiencia acumuladas le llevaban a perseguir lo que es bonum et iustum, consciente de que son objetivos deseables que no siempre están a nuestro alcance.
Al despedir a un buen amigo y compañero lo hago recordando la importancia colectiva de su aportación a la sociedad navarra en general y estellesa en particular y a que ambas sean hoy más prósperas y justas que ayer. Es un ejemplo de cómo el esfuerzo acumulado de generaciones puede producir el progreso individual y colectivo, que se construye con la aportación de todos.
Victoriano practicó el consejo de Eugenio D’Ors: “Cualquier oficio se vuelve Filosofía, se vuelve Arte, Poesía, Invención, cuando el trabajador da a él su vida, cuando no permite que ésta se parta en dos mitades: la una, para el ideal; la otra, para el menester cotidiano. Sino que convierte cotidiano menester e ideal en una misma cosa, que es, a la vez, obligación y libertad, rutina estricta e inspiración constantemente renovada” ('Aprendizaje y Heroísmo').
Descanse en paz.
El autor es compañero en la abogacía y amigo del fallecido