Josemari Remírez, el patriarca

Josemari Remírez
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Josemari Remírez
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Emilio Remírez

Publicado el 11/02/2026 a las 08:21

Hace unos días dijimos adiós a uno de los míticos personajes de Asarta: “El Josemari”.Era el mayor de cinco hermanos y siempre permaneció en este precioso pueblo de la Berrueza. Alli se casó con otra asartesa, Luci con la que tuvo cinco hijos que lo adoraban y que fueron creciendo bajo el paraguas del patriarca. Agricultor, ganadero, electricista, albañil, tornero, fontanero , mecánico…..El estudió todos esos oficios en la “universidad de la vida”. Era un “manitas”al que todos acudían cuando algo no funcionaba en cualquier actividad del día a día. Construyó su propia cuadra para los novillos a los que alimentaba con el pienso que él mismo mezclaba en el molino que inventó por medio de poleas. Cuando entre Marino, Segundo y él se asociaron para comprar la primera trilladora, era frecuente verle, al atardecer, y una vez terminada la jornada, tumbado en el suelo engrasando y poniendo a punto la máquina para el día siguiente rodeado de tornillos, llaves inglesas y tuercas.

Dominaba el tractor como nadie y muchas veces sus vecinos le llamaban para que metiese sus  remolques marcha atrás para descargar el grano. Si alguien de otros pueblos preguntaba por él o necesitaba una ayuda, su frase era: “Hala … Antes de nada, vamos para dentro!!”. Dos huevos con chorizo y unos tragos del porrón eran obligatorios. Acogedor, sociable, amable, bonachón, trabajador. Pero si importante era el trabajo para él, fundamental eran los ratos de ocio. Cada jueves, acudía al mercado de ganado y productos agrícolas de Estella donde, después de la visita, era sagrada esa comida con unos buenos callos con su amigos agricultores de la comarca. Trabajaba de sol a sol, pero eso sí, amante de la pelota, cuando había partido en la ETB, a media tarde, se bajaba del tractor y acudía raudo y veloz a ver a su ídolos... Vergarilla, Retegui, Lajos, Galarza o Titín.Y una vez finalizado el partido, vuelta al tajo.  

Otra de sus grandes pasiones eran las fiestas del pueblo. Le encantaba cantar mexicanas y bailar pasodobles. Todavía recordamos cuando, en la sesión de noche, se acercaba a la orquesta y con suma educación, les susurraba: “Hola majos! No llevaréis en el repertorio Islas Canarias?” Y, como en todos nuestros pueblos, siempre hay cuadrillas que dejan huella. En Asarta, Josemari, Fermín y Maximino fueron los “castas”. Podíamos estar escuchando sus aventuras horas y horas y nunca te cansabas de sus historietas. Pero, como todo en la vida, con el paso de los años, esa energía y vitalidad se fue deteriorando y esa mirada de Josemari se fue apagando lentamente. Poco a poco, su salud fue mermando. Y ahí estuvieron acompañando a su padre hasta el final, con un trato exquisito, sus hijos José, Marisol, Charo, Fernando y Yolanda. Mención especial merece su cuidadora Patricia por el cariño que le dio. Ella fue la última persona que abandonó el cementerio con la mirada perdida entre sollozos. La iglesia de San Juan Bautista se quedó pequeña para despedirle. ¡Cómo se notó que era una persona querida por todos en el valle de la Berrueza! ¡Y cómo resonó en la misa esa jota final que  cantaron Los Tenampas en su honor!Josefina, Jesusín, Josemari... Por ahí arriba estáis ahora junticos. Os queremos.

Emilio Remírez

El autor es hermano del fallecido

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