Araceli Martínez Vidaurre, "la de la primera caja" en Eroski


Publicado el 07/10/2026 a las 08:12
Sin hacer ruido y rodeada de su familia, el pasado 19 de septiembre Araceli se fue. A las puertas del otoño, su estación del año favorita.
Araceli Martínez Vidaurre, estellica de 60 años, era la mediana de tres hermanos. La vida no siempre le fue fácil. Hace 19 años le tocó enfrentarse a un brote de esclerosis múltiple. Y, como hizo siempre, luchó. Con fuerza, con valentía y, sobre todo, con una sonrisa. Porque Araceli tenía esa capacidad de afrontar las cosas con una actitud positiva, de no dejar que la enfermedad le quitara las ganas de vivir pero esta vez no le dio tiempo de luchar. La vida quiso que su final fuera sin sufrimiento, rodeada de las personas que más quería.
Madre de dos hijas, Naroa y Lidia, y compañera de vida de Manu, fue abuela por primera vez, de Mario, con 53 años y, hace apenas dos llegó su segundo nieto, Aimar, que tiene mucho de ella y que, de alguna manera, hará que una parte de Araceli siga siempre con nosotros. Mario y Aimar la recordarán por su cariño, por sus abrazos, por su alegría y por esa forma tan especial que tenía de hacerles sentir queridos. Y nosotros nos encargaremos de que nunca olviden quién fue su yaya.
Araceli fue también una mujer trabajadora. Llevaba 31 años en Eroski, donde la vida no le dio la oportunidad de jubilarse. Muchos la conocían como “Araceli, la de Eroski”, “la de la primera caja”. Pero para su familia siempre fue mucho más. Su sonrisa, su cercanía y ese trato especial que tenía con cada persona dejaron huella. Y estos días hemos podido comprobar cuánto.
Aficionada a la lectura, a los puzzles y, por supuesto, a cualquier buen salseo, disfrutaba bailando, de la fiesta y estando rodeada de gente. Y tenía una risa imposible de pasar desapercibida porque así estaba siempre, sonriendo. Quizás por eso cuesta tanto imaginarla sin esa sonrisa en la cara.
Se ha ido demasiado pronto. Le han quedado planes por hacer, muchas conversaciones pendientes y seguro que muchas risas que ya no podremos compartir. El tiempo no le ha dejado, ni a nosotros, compartir tantos momentos que hubiéramos querido vivir a su lado pero que, aunque nos cueste, viviremos como a ella le hubiera gustado, siempre con una sonrisa.
La autora es hija de la fallecida