Mikel Julián Martínez Yoldi, médico investigador


Publicado el 16/06/2026 a las 07:27
El pasado 26 de mayo falleció en Pamplona a los 50 años de edad el médico-investigador pamplonés Mikel Julián Martínez Yoldi. A su esposa Inés, hijos Pablo y Helena, padres Julio y Juana Mari, hermanos Roncesvalles y Juantxo, y Cernin, mi condolencia.
Se licenció en Medicina y Cirugía en la Universidad de Navarra (1999), especializándose en Microbiología y Parasitología Clínica en el Hospital Clinic de Barcelona (2004) y en el Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica de Francia (INSERM) en Lyon (2005-2009). Se doctoró con mención europea en la universidad de la capital de Cataluña (2011). Fue un médico investigador de los virus transmitidos por artópodos (Arbovirus), Borrelia, Leptospira, los virus emergentes y las patologías infecciosas en países tropicales o subtropicales, siendo un reconocido especialista en el letal ébola. Desempeñó el cargo de director clínico del Centro de Diagnóstico Biomédico del Hospital Clínic de Barcelona e investigador asociado del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). Esta institución lo consideró “una persona comprometida, generosa y apasionada por su trabajo. Su amplia experiencia, su rigor científico y su cercanía hacían de él un colega y un referente invaluable para todos los que tuvimos la suerte de trabajar a su lado. Su ausencia se sentirá profundamente”.
Al ser un investigador vocacional estimó un deber comunicarlo y formar a los futuros médicos como profesor asociado coordinador de la asignatura ‘Métodos genotípicos’ del Master en Investigación Clínica, especialidad Microbiología Clínica, de la Universidad de Barcelona, acreditado por la Agència per la Qualitat del Sistema Universitari de Catalunya. A los 50 años Mikel era un investigador especializado, con una gran fe y entrega a la ciencia, que había alcanzado cotas relevantes de reconocimiento por sus logros. Día a día en el silencio del laboratorio aplicaba su conocimiento y voluntad consciente de que, como dijo el cirujano Serge Voronoff iniciador de los trasplantes, “en la ciencia una gran obra no se realiza sino por la asociación de una alta inspiración y una poderosa inteligencia”. La ciencia es celosa de sus secretos, no los regala, exige tenacidad y entusiasmo en el trabajo para lograr arrancárselos. Una rápida enfermedad y muerte han frustrado una importante carrera profesional sumiendo en el dolor a sus seres queridos, amigos y comunidad científica. Por su trayectoria y madurez investigadora Mikel tenía mucho que aportar a la ciencia y a la sociedad. Como decía el maestro y ejemplo de investigadores Ramón y Cajal, “la muerte constituye la única, profunda e inexorable realidad. Por eso no la mentamos, y tengo para mí que esta incomprensible despreocupación representa una de las dádivas más generosas de la Naturaleza”. A pesar de esa inconsciente actitud, cuando el hecho biológico se produce provoca una ruptura en las almas y los sentimientos que afecta a las relaciones personales, familiares y sociales, generando vacío, duelo y melancolía, tanto mayores cuanto lo es la proximidad personal y afectiva.
Es conocido que el mayor sufrimiento para unos padres es la pérdida de un hijo, tanto por el desgarro emocional como por resultar difícil aceptar que se contradiga la ley de la naturaleza de que perezca lo viejo y se conserve lo nuevo, con el dolor añadido de la viudedad y la orfandad. Así me lo expresaba su padre Julio, sin poder transmitirle palabas de respuesta que no fuesen las de un intento imposible de consuelo y la compresión de su dura realidad. Si nos colocamos en su lugar podemos entender lo difícil que tiene que ser entenderlo y aceptarlo; más cuando se piensa en lo que le quedaba por hacer al hijo fallecido en su vida personal, familiar y profesional. Es ahí cuando se produce la pregunta: “¿Por qué él y no yo?”. Ante la falta de respuesta aparece la rebeldía contra la irracionalidad de la muerte del hijo joven, la viudedad de su esposa y la orfandad de sus hijos. Sólo queda vivir la pena, tristeza y emoción, con la aceptación de la pérdida, las emociones, los cambios de comportamiento y las relaciones, a las que nos enfrentamos, unos con fe y esperanza en otra vida mejor, otros sin ellas, sólo con fortaleza personal, porque las palabras no consuelan.
Julio y Juana Mari, han pasado muchos años desde nuestra vida universitaria por el edificio central de la Universidad de Navarra, cuando un chico sonriente de mirada pícara de Periodismo rondaba a una rubia simpática y guapa de Filosofía hasta enamorarla. A pesar del tiempo transcurrido y de las trayectorias personales y profesionales, seguimos sin comprender los grandes misterios del amor, de la vida y de la muerte. Esposa, hijos, padre, madre y hermanos, pensad que la vida de Mikel no ha sido estéril, que ha estado dedicada a la ciencia y a servir a la salud de la Humanidad, dejando una estela de obras bien hechas sobre las que otros avanzarán. En estos momentos de duelo apoyaros en vuestras sólidas convicciones y en los afectos de la familia, la amistad y la solidaridad de los viejos compañeros que marchan con vosotros por el camino de la vida hacia la muerte.
El autor es amigo de la familia