Libros usados que respiran

Publicado el 03/10/2013 a las 02:23
Traspasar la puerta de la macro tienda de libros usados McKay es como adentrarse en un templo inmenso donde puedes perderte entre libros, revistas, audio libros, vídeos y cds, mientras vas encontrando a tu paso historias que guardan las historias personales de quienes antes que tú se perdieron por el interior de sus páginas.
Miles y miles de libros catalogados por temas, autores, fechas, intereses e incluso formas y tamaños convierten esta mega store en un mausoleo para los aficionados, ya no solo a la lectura, sino también a los objetos usados y al coleccionismo.
Hay de todo en esta inmensa nave industrial convertida en librería gigante de segunda mano. Puedes comprar barato, pero también vender. O incluso comprarlo y devolverlo pronto para llevarte otro objeto similar. Te hacen carnet de socio, si quieres, y de usuario. Buscar algo concreto es complicado la primera vez que vas, pero luego, una vez te habitúas al orden dentro del desorden tan bien organizado, puedes disfrutar de hallazgos de lo más insospechados.
Me cuentan que es una de las librerías de segunda mano más grandes del país, y su origen es familiar. Comenzaron en Carolina del Norte con menos de 5 empleados y al ver que el negocio funcionaba se trasladaron a Tennessee donde han levantado una auténtica catedral de la literatura y del ocio.
Me gusta venir sola y perderme entre los libros, husmear sin que nadie me conozca y detenerme a escuchar a las personas que comentan a mi lado. Hoy tengo curiosidad por buscar al azar en la sección de los clásicos americanos y casi de inmediato me encuentro con una ajada edición de Absalón, Absalón de uno de mis favoritos de todos los tiempos, William Faulkner. Las tapas están tan sobadas que en los vértices aparece la señal inequívoca del paso del tiempo y de los dedos que han acariciado sus bordes. Estoy tentada de comprarlo porque los siete dólares que marca el precio no suponen ni una milésima parte proporcional de todo lo que ese libro te enseña, te da, te muestra, te tienta.
Me pierdo un rato entre los libros infantiles y disfruto viendo a dos niños de unos diez años intercambiando impresiones sobre los hallazgos que cada uno ha hecho en su pasillo. Quieren comprar al menos cinco, pero su madre los observa callada, y no creo que les dé el capricho. Yo lo haría. Hoy quieren comprar libros, quizá en unos años, no quieran ni mirarlos. Ese puñado de dólares me parecen la mejor forma de invertir en su futuro.
Hay pasillos enteros cuyos estantes lucen como pavos reales. Son los dedicados a los best sellers, casi todos ellos con esos lomos coloridos y dorados, reluciendo y brillando, lo que a veces no brillará en el interior. Pero ahí están, y se compran, y se venden, y se leen. Y en este pasillo, no sé si será o no casualidad pero es donde más gente hay.
En una de las secciones de arte me detengo. Encuentro al menos una docena de libros especiales, algunos sobre arte moderno que me fascina mirar y otros sobre acuarela. Uno llama especialmente mi atención. Es un manual interesante, una guía para aprender a pintar siguiendo la técnica de un profesor británico. El libro cuenta con una edición de los 90, pero lo que realmente me conmueve es leer una breve nota en la primera hoja. Parece que la escribió el propietario del libro poco después de comprarlo. Está dedicado a una mujer, a una mujer muerta muy poco tiempo antes y a la que se refiere el texto cuando dice “ni toda la belleza que salga de este libro, ni la que extraiga de mi pincel, ni siquiera la que vean mis ojos podrá devolverme la vida que contigo te has llevado”. La emoción palpita entre las hojas de todos estos libros que parecen olvidados. Pero no. No lo están, siguen tan vivos como lo estoy yo al compartir por un instante la pérdida y el dolor de ese hombre que quizá ya no existe.
Al final no compro nada. Hoy solo miro, hojeo, me deleito, observo. Recorro los pasillos de la inmensa tienda buscando la salida y casi me pierdo. Me viene a la mente la imagen de un laberinto versallesco con sus flores y sus macizos elevados donde perderte.
Igual que aquí. En un sitio como este puedes perderte, pero también, encontrarte.