LA RENDICIÓN DE ETA

Años de silencio por la libertad

  • "¿Qué pasa, que de buenas a primeras se han vuelto buenos?", pregunta Maribel Vals, de Vecinos de Paz

B.ARNEDO/ M.SÁNCHEZ . PAMPLONA

Actualizado el 23/10/2011 a las 01:01

EL 11 de marzo de 1996, como hacían cada lunes, ciudadanos convocados por Gesto por la Paz salieron a la calle. Exigían a ETA la libertad del empresario guipuzcoano José María Aldaya. En Etxarri Aranatz, a las ocho de la tarde, estaban congregadas siete personas. Llevaban una pancarta con las palabras Gesto por la Paz en castellano y euskera, y con dos grades lazos azules pintados. Comenzaron 15 minutos de concentración silenciosa. Un eterno cuarto de hora. Frente a ellos, otro grupo más numeroso, con unas 40 personas, corea gritos como Los fascistas sois los terroristas. Algunos, disfrazados de presos, se arrodillan burlonamente ante la pancarta de los pacifistas. A las ocho y cuarto, los convocados por Gesto son ya 16. No quieren hacer declaraciones. "Lo que tenemos que decir lo hacemos aquí cada lunes". Con su presencia. Sin duda, heroica.

Son una muestra de los cientos de ciudadanos que no pudieron permanecer impasibles ante los asesinatos, secuestros y extorsiones de ETA y salieron a la calle para condenarlos. Y para arropar a las víctimas que durante tantos años estuvieron en la más escalofriante soledad.

La Plaza del Ayuntamiento de Pamplona ha sido testigo de cientos de estas concentraciones de gente anónima, de todas las edades, que salía tras un asesinato o semanalmente durante los secuestros de ETA. Ciudadanos que a mediados de los años 90 eran hostigados por Herri Batasuna y su entorno, que convocaba concentraciones paralelas. En el mismo lugar y a la misma hora. En más de una ocasión se llegaron a lanzar desde ellas en dirección a los pacifistas monedas, mecheros y hasta tornillos. Para proteger la seguridad de los concentrados, los actos tuvieron que desplazarse a la Plaza de la Cruz.

Héroes anónimos

Eran pocos. Muy pocos al principio. Uno de los más veteranos, Germán Barandalla, de Etxarri Aranatz, de 83 años, trabajaba en la Diputación. Esta semana ha estado comiendo con otro de los veteranos en esas concentraciones, el farmacéutico Javier Alcalde Díaz de Cerio. Barandalla empezó a participar en estos actos conmovido por el asesinato del concejal del PP de San Sebastián Gregorio Ordóñez. A lo largo de estos años, ha sufrido amenazas e insultos. Ahora se muestra muy escéptico ante el comunicado de ETA. "Hoy me ha dicho alguien "ya se ha dado un paso". Sí, en falso. Pero ojalá aciertes, le he contestado".

Javier Alcalde, de 52 años, lleva la mitad de su vida comprometido frente al terrorismo. Empezó con la Asociación por la Paz, que promovió en los años 80 Cristina Cuesta, hija de un directivo de Telefónica asesinado por ETA. "Cuesta hizo un llamamiento. Salió hablando de la soledad de las víctimas y de una sociedad civil adormecida. Pocos salían a la calle. Ante los atentados nos callábamos". Él decidió sumarse a la resistencia ciudadana y pacífica. Luego, junto a otras personas del País Vasco, formaron Gesto por la Paz. Alcalde recuerda la tensión con la que vivieron muchas de esas concentraciones. "Algunos dicen que hoy estamos igual. No, no es así. Había años con 30 o con 40 asesinados por ETA. Y lo que hacíamos nosotros era sobre todo un llamamiento a la ciudadanía, porque ETA decía que actuaba en nuestro nombre. Y había que decirle que no".

En 1989, Maite Mur era ama de casa y sus hijos pequeños, cuando decidió sumarse a la Asociación por la Paz que luego pasó a ser Gesto. Recuerda que allí estaban también Asun Apesteguía, Ana Tellechea, Gerardo Díaz de Cerio, María Jesús Nuin, Iñaki Ecay... "En el comedor de nuestras casas hacíamos las pancartas. No teníamos un duro. Hicimos miles de lazos azules, comprando en mercerías de toda Pamplona imperdibles para pedir la libertad de Ortega Lara... de varios secuestrados. Eran comienzos muy duros porque costaba mucho salir a la calle para decir a ETA que no estábamos de acuerdo". ¿Por qué lo hicieron? No duda en responder. "Porque llega un momento en que sientes que estás siendo cómplice con tu silencio. Nos apoyábamos unos en otros, pero estábamos ahí porque sabíamos que si no, la historia nos pasaría factura por lo que no habíamos hecho".

La dignidad de un pueblo

El asesinato en Berriozar de Francisco Casanova, subteniente del Ejército, en agosto de 2000, movilizó a un grupo de vecinos de la localidad. Se les conoce como VecinosdePaz. No quieren ser fotografiados. Cada agosto, organizan un acto de homenaje a Casanova, arropando a su viuda y a sus hijos. Acuden a muchos actos en apoyo a las víctimas y han decidido también respaldar de modo activo a los concejales de UPN, PSN, y en su día de CDN, asistiendo a los plenos del Ayuntamiento. "Paco dio dignidad a este pueblo. Su muerte no fue en vano", repite siempre la portavoz y única cara visible de este grupo, Maribel Vals Beltrán. Cada vez son más los vecinos que están con ellos. "Hay gente que igual no da la cara pero que en momentos determinados está ahí". Recalca que no son ninguna asociación ni reciben subvención de nadie. "Si hemos salido fuera a alguna concentración, nos hemos abrigado, hemos llevado nuestro bocata y hemos vuelto súper satisfechos con nuestras conciencias".

Cecilia Ulzurrun y su marido Patxi Mendiburu forman parte del colectivo Libertad Ya, creado hace unos diez años. "Hay gente del PSOE, de UPN, ciudadanos de a pié...". Les mueve, sobre todo, el respaldo a las víctimas del terrorismo. Entre los actos que organizan, está el homenaje a los que fueron asesinados en Navarra 25 años atrás. "Muchas de estas familias viven fuera", relata Ulzurrun. "Cuando los localizas, no se lo acaban de creer y se resisten a volver, a recordar... Porque en aquellos años estuvieron muy solos. Les convencemos y luego se marchan encantados. Lo que no se hizo entonces, se hace ahora".

Ninguno de ellos quiere volver a una concentración para condenar un nuevo atentado terrorista. Esperan que sus movilizaciones formen parte de una historia que contar a sus nietos. Sólo el tiempo lo dirá.

FRASES

"Los asesinos han sido ellos y la sociedad debe decírselo a la cara"

"¿Qué papel cree que han jugado ciudadanos como ustedes para que ETA haya abandonado la violencia para siempre?", se le pregunta a Patxi Mendiburu, uno de los fieles a las concentraciones en Navarra de Libertad Ya, y él reconoce que cree que "secundario". "Ha habido un puñado de personas que han dado la cara y se la han roto...". Sus palabras se interrumpen por el llanto. A duras penas se recompone y prosigue afirmando que el papel más importante lo han tenido la Guardia Civil y la Policía Nacional. "Si no es por sus detenciones... Luego, la colaboración con Francia y los jueces", afirma.

"¿Por qué ha llorado antes?", se le cuestiona. Y Mendiburu regresa a la lágrima. "Qué desastre...", susurra, para a continuación explicar que se ha acordado de Joaquín Pascal, exconcejal socialista en el Ayuntamiento de Pamplona. "En las concentraciones siempre se ponía en primera fila y usaba un portafolios negro de escudo contra los clavos y tuercas que nos tiraban los abertzales".

"Era inevitable"

Sobre el cese definitivo de ETA, Mendiburu declara que "desde hace dos o tres años se veía que esto era inevitable". "Lo importante es que entreguen las armas, se entreguen ellos y no nos cuenten milongas. Los asesinos han sido ellos y la sociedad debe decírselo a la cara", sentencia.

Mendiburu considera que ETA se ha rendido "porque se han dado cuenta de que con las armas no tienen nada que hacer y provocan más odio a lo vasco, el euskera y hasta el Olentzero. Han contaminado todo". Maribel Vals, sin embargo, no cree que haya habido una rendición. "Para nada", defiende la cara más visible de los Vecinos de Paz de Berriozar. "Salen encapuchados, no dicen que se disuelven ni que entregan las armas... No nos dejan margen para tener esperanza. Los ciudadanos esperamos que no se esté haciendo algo bajo manga políticamente. Ya no nos fiamos de nada ni de nadie. ¿De buenas a primeras se han vuelto buenos?".

A Javier Alcalde, de Gesto por la Paz, le contaron el comunicado de los etarras por teléfono: "Que esto se ha acabado, que se disuelve", le dijeron. "Pensé que enhorabuena, que por fin. Pero luego, cuando lo leí, me di cuenta de que ya estábamos en lo de siempre, salvo por la frase del cese definitivo", analiza él, para quien "la presión policial, de los medios de comunicación, de la ciudadanía, de los jueves, de los políticos y, sobre todo, de las víctimas" ha podido con ETA.

Alcalde ha quedado con un regusto "agridulce" tras el paso dado por la banda terrorista. Una sensación de que no ha sido el definitivo. "Lo que le pedimos a ETA es su disolución, que entregue las armas y lo haga sin contraprestaciones", manifiesta. "ETA no representa a nadie, sólo a ella misma".

Maite Mur, en su día una de las voces visibles de Gesto por la Paz, recela. "Ellos van a ser los primeros en tener demostrarnos que en teoría se han vuelto demócratas. Yo no lo sé. No quiero ser pesimista, pero no soy optimista. ".

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