OSASUNA 3 - SEVILLA 2
Remontada a la salvación
- Camuñas, con tres asistencias, y el pichichi Kike Sola, con dos goles, vivieron una mágica noche que rubricó Lekic
Actualizado el 12/05/2011 a las 20:06
Por momentos como el de ayer noche existe el fútbol, y concretamente Osasuna. El equipo rojillo veía el futuro negro en el descanso y bien entrada la segunda parte. Sus cuentas para sobrevivir en Primera pasaban por puntuar en Getafe y por supuesto ganar al Villarreal. Tiró de épica para levantar un partido que estaba perdido. El Reyno vivió una de las noches más gloriosas que se recuerdan. Estalló un éxtasis que alarga la llama del osasunismo. Se pasó de la agonía a la felicidad absoluta. Osasuna se partió el alma, y a pecho descubierto fundió la gasolina que no le quedaba. Fue el final soñado. Todo ocurrió del minuto 86 al 89. En ese cortísimo periodo de tiempo, se dio la vuelta al marcador. Anotaron Kike Sola y Lekic en este esprint descomunal. Camuñas se convirtió en el asistente de una noche mágica y de tintes heroicos que acerca muchísimo la permanencia en Primera.
Doble jarro de agua fría
El camino se pobló de espinas mediada la primera parte. El Reyno de Navarra se quedó helado con los dos goles casi seguidos de Negredo. No había salido mal el conjunto de Mendilibar, que apostó de inicio por Flaño en el centro de la zaga, Vadocz de acompañante de Puñal, Camuñas de enganche y Calleja como interior zurdo. El empuje de salida fue el esperado, aunque faltaba atinar con el último pase mortal.
Negredo estropeó la noche. El Sevilla daba muestras de peligro con las internadas de Perotti. El argentino se encargó de generar los dos primeros goles sevillistas. En el primero, puso un balón perfecto para la cabeza del ex del Madrid, y en el segundo, mandó un centro envenenado de un costado que tras golpear en un rojillo se envenenó para golpear en el palo. Negredo cazó el rechace para anotar el 0-2.
Osasuna no puso asimilar el golpe. Fue demasiado duro y ocurrió en muy poco tiempo. La grada rojilla no se lo explicaba tampoco. Demasiada decepción. Nadie lo esperaba. Antes del descanso, Calleja pudo recortar la distancia. Lo cierto es que el madrileño no tuvo su mejor noche. Se acomodó el balón en el punto de penalti, miró al arco y su disparo, tímido y centrado, se quedó en las manoplas de Varas.
La horrible primera mitad acabó por si fuera poco con la escalofriante lesión de Nelson. Se dejó el pie en una acción viril. La imagen del tobillo desencajado del caboverdiano fue el reflejo de un Osasuna afectado en sus ánimos. Quedaban 45 minutos por delante, y una remontada épica que rubricar.
Camuñas, a la izquierda
Mendilibar serenó a los suyos en el descanso y les pidió que fueran directamente a por el Sevilla. La lucha resultó despiadada. En la pizarra, mandó a Camuñas a la izquierda y dio entrada a Pandiani en busca del gol. Calleja se quedó en la caseta. El primer peldaño de la épica victoria se colocó nada más comenzar la segunda parte. La posición de Camuñas, como ocurriera en Zaragoza, cambió la cara del equipo. En la primera internada, puso un balón perfecto para que rematara Kike Sola a gol. El de Cascante no faltó a su cita en una noche que no tardará fácil en olvidar.
El resto de segunda parte se vivió en las emociones. Osasuna quiso siempre buscar ese empate. Ese elevado riesgo le supuso algunos acercamientos peligrosos del Sevilla. Sus cimientos se tambalearon cuando Negredo se plantó en el minuto 72 solo en el área para marcar el 1-3. Mandó el cuero fuera con todo a su favor. Seguía muy vivo Osasuna, y eso que Muñiz Fernández le estaba desquiciando con sus decisiones. El defensor sevillista Dabo se mereció la expulsión. Llegó incluso a cometer un penalti a Kike Sola, que tendría mucho que decir.
El goleador ribero se topó con Javi Varas en un balón que bajó con el pecho, a centro de Pandiani. Osasuna daba muestras de fatiga. Echó el resto en un alarde de sacrificio. Sola empató el choque en el 86, nuevamente en sociedad con Camuñas. Fue la pareja de la noche. El asistente y el pichichi del equipo, no hace mucho tiempo defenestrado y ahora casi un héroe del gol.
Pudo interpretarse que el empate era bueno, pero Osasuna se dio cuenta que el Sevilla ya no estaba en el partido. Se notó quién estaba con el agua al cuello. Puñal dibujó un cambio de juego de 50 metros y Camuñas cogió la espalda a Dabo para penetrar en el área en busca del gol. Todo el Reyno le animó en volandas en su conducción. El de Parla llegó casi a la línea de fondo, levantó la cabeza y vio la llegada de Lekic, nuevo inquilino en el campo a la desesperada, que no perdonó el servicio. Quién lo iba a decir. El serbio tuvo el honor de marcar el gol con más valor de la temporada, casi sobre la bocina. Provocó el éxtasis. De Primera.
