Navas había adelantado a los andaluces tras el descanso y Roberto evitó la derrota en el descuento en una acción "milagrosa"
Tuvo que ser en el Sánchez Pizjuán, en el escenario de las batallas perdidas. Osasuna cerró de golpe y porrazo todos sus gafes de 2008, que precisamente comenzaron hace un año en este estadio. Cuando parecía que el partido moría con el triunfo por la mínima del Sevilla, el equipo rojillo empató un duelo con un final emocionante hasta más no poder. Su bravura le dio un premio. Mantuvo su esperanza de sumar hasta el final y el tanto de Pandiani le supo a gloria.
Debe ser el punto de inflexión, para seguir con vida en la tabla y para alimentar las esperanzas. Esta vez, el árbitro no señaló un penalti en contra. Y eso que hubo uno. Esta vez, el palo favoreció a Osasuna. Ya era hora. Y esta vez, los minutos finales cambiaron para bien el resultado. Por fin. Todo lo contrario que en otros encuentros y todo lo contrario a lo que sucedió hace un año en Sevilla.
Pandiani estaba en el sitio adecuado para sacar su Rifle. Le cayó un balón golpeado por Masoud y no perdonó a Palop. Está en racha y eso hay que aprovecharlo. Osasuna dejó mudo al Sánchez Pizjuán. Cambió su tendencia. Sus males puede que sean historia, ya que después del 1-1 habría tiempo para que Roberto y la madera evitaran la derrota. El meta gallego, que había abortado el 2-0 antes con otra parada extraordinaria ante Jesús Navas, había salvado el punto. El empate no fue más que una recompensa justa por el trabajo.
El planteamiento de Camacho
En su vuelta al Sánchez Pizjuán doce años después, José Antonio Camacho no quiso que se repitiera el cantar de las últimas salidas. No le sirvió el once que goleó al Getafe en la anterior jornada e introdujo cuatro novedades. Había dejado en Pamplona a Juanfran y Ezquerro, y ayer sentó en el banco a Patxi Puñal. Vadocz acompañó a Nekounam en la sala de máquinas, Javier Flaño también saltó a la palestra y Azpilicueta actuó más adelantado. Arriba, Kike Sola. Camacho quiso con ellos dotar de músculo a un Osasuna pobre a domicilio. Y más teniendo en cuenta la tormenta que caía en Sevilla. Héctor Font, en una pura cuestión de equilibrio, era la llave de la creación con Plasil.
Nadie quiso ceder en el pulso físico inicial. Osasuna no demostró su condición de colista y salió a pegarse como es debido contra el segundo de la tabla y en este escenario de bellas y horrorosas batallas. Vadocz lanzó el primer disparo, desviado, antes de que llegara una buena oportunidad para Nekounam. Plasil botó un córner, peinó el húngaro y el iraní, dentro del área pequeña, no metió bien la testa cuando tenía todo a su favor. No se había llegado aún al minuto diez. Después sería Kanouté el que probaría su disparo, pero se fue desviado.
Penalti de Miguel Flaño
El mercurio del termómetro subió en la recta que llevó al descanso. Romaric hizo volar a Roberto con un misil ligeramente desviado y Osasuna nunca perdió la cara. Nekounam puso al Pizjuán con el corazón en un puño con un golpe franco que pegó en Plasil y despistó a Palop, y después en un contraataque con Kike Sola que terminó con un disparo desviado. Antes del descanso, hubo tiempo para otro. Se protestó un claro penalti de Miguel Flaño a Kanouté y en la salida veloz en un tras para tres, conducida por Font, el delantero ribero sufrió la lesión que le apartó del partido y una tremenda pitada de la grada. El estadio nervionense, de poca memoria por lo pasado la anterior campaña, protestó que no se lanzara el balón fuera (Kanouté se quedó en el suelo) e interpretó que Sola fingiera una entrada para provocar el penalti. De eso, nada de nada. Javier Portillo reemplazó al canterano.
Osasuna llevó el partido donde quería. Era una espina para un Sevilla incapaz. Sin embargo, todo este buen plantemiento de vino abajo nada más comenzar la segunda parte con el golazo de Jesús Navas. El sevillano controló la pelota que le llegó de la banda contraria y sin dejar que la pelota se posara sobre el césped convirtió el derechazo en gol por al palo largo de Roberto.
Osasuna pasó del control al sufrimiento, especialmente con los incisivos ataques del pequeño Jesús Navas. Con el marcador en contra, a Camacho no le quedó otra opción que mirar a su banquillo en busca de soluciones. Dio entrada a Pandiani en lugar de Font, pero su mejor baza fue Masoud. Colocó al iraní en la banda derecha y en el primer balón que tocó dejó boquiabierto al Pizjuán. Controló en velocidad, se marchó, encaró y dribló. Sólo le quedaba batir a Palop. Pero su tiro se marchó a las nubes.
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