El Almería se adelantó de penalti, pero jugó con diez desde el minuto 8 y se marcó en propia puerta el segundo tanto rojillo
Osasuna ha tomado aire. Lo necesitaba por su posición clasificatoria y por su frágil moral. Era desquiciante ver que pasaban las jornadas y no llegaba la primera victoria. Hasta ayer. El triunfo supone más que tres puntos ya que hay que concederle el valor psicológico que se merece. Después de anotar en un encuentro los mismos goles que en toda la temporada, Osasuna ha alimentado su moral y ha cambiado una dinámica negativa que parecía no tener final.
El Almería, su rival número doce, cayó en Pamplona en un duelo repleto de acontecimientos desde el inicio y resuelto por las ganas del hasta ayer colista, en una línea similar al partido de vuelta de Copa. Camacho quiere abrazarse a este guión. Sus hombres no le fallaron y con un esfuerzo encomiable alcanzaron el ansiado objetivo. Fútbol no le sobró a Osasuna, pero a base de ímpetu y empuje en los balones que colgó al área logró acorralar a un Almería ordenado y rendido a defender desde que se quedó con uno menos.
La expulsión en el minuto 8 de Guilherme condicionó claramente el desarrollo, pero el equipo andaluz no tuvo razón en su queja. Instantes antes, Megía Dávila había aplicado la misma rigurosidad al señalar como infracción en el área el agarrón de Azpilicueta sobre Pellerano, precisamente el central que en la segunda parte aclararía el camino del triunfo con un gol en propia puerta. Armado de fe y de paciencia, se tornó la fortuna para terminar con el gafe y olvidar las ocasiones erradas.
La alegría final de la afición era tanta como la rabia que sintió cuando sólo habían discurrido cinco minutos. Megía castigó uno de esas decenas de penaltis que se dan en las acciones a balón parado y brindó a Negredo la oportunidad de alargar desde los once metros su racha anotadora. Roberto adivinó su intención pero el balón, ajustadísimo al palo, besó la red. Otra vez volaban los fantasmas de la fatalidad.
Capacidad de reacción
La diferencia con anteriores episodios es que Osasuna reaccionó bien al duro golpe, equilibrado lógicamente cuando el Almería se quedó en inferioridad los 86 minutos restantes. Guilherme se sobró de revoluciones e impactó con todo sobre el cuello de Azpilicueta. Fue el inicio de una intensa lucha por la remontada. Y en ella, tuvo mucho que decir Patxi Puñal, que superada su lesión se encargó de liderar la presión y dar el sentido al juego con sus servicios.
Por delante, Camacho confió las bandas en un Juanfran impecable en los centros y un Masoud con altibajos que terminó dejando la izquierda al guante de Delporte en la segunda mitad. Ayer, los tres goles llegaron de envíos desde las alas. Sin duda, es una excelente noticia.
Arriba actuaron Ezquerro, el primero del partido en encarar a Diego Alves, y un Pandiani llamado a convertirse en el delantero referencia pero lesionado para su desgracia antes del descanso. El Rifle ha cogido la medida a los partidos de casa. Estuvo participativo y aguardó su momento en el área para disparar balas. Avisó a los 39 segundos y acertó a los 13 minutos, cuando convirtió en gol un remate de cabeza a centro de Masoud. En posición difícil, mandó la pelota al palo largode Diego Alves. El inicio fue eléctrico. Más tarde se probó con una chilena, justo antes de retirarse a la ducha por la lesión.
Sin destapar ninguna exquisitez, Osasuna fue llevando su partido a su terreno y poco a poco acorraló a un Almería que mereció irse al descanso con más desventaja. Al filo del descanso, las ocasiones fueron de Portillo y Juanfran. El de Aranjuez llevaba sólo dos minutos en el campo cuando el alicantino le sirvió desde la derecha un balón de oro entre el portero y la defensa. Portillo, con todo a favor, mandó la pelota fuera.
También resultó increíble que el propio Juanfran errara en el mano a mano con Alves al recoger en su diagonal un extraordinario pase de Ezquerro. El marcador se mantenía en tablas después de una frenética primera mitad en la que el Almería también se estiró con un disparo escorado de Piatti y un cabezazo de Negredo, solo, a la salida de un córner.
Portillo lanza al palo
Osasuna siguió dejándose el alma en la reanudación y siguió generando peligro, a la vez que el Almería trataba de dormir los tiempos. Delporte reactivó la banda izquierda, y Portillo mandó el séptimo balón navarro del curso al poste tras un magnífico envió de Puñal que rompió la defensa. Arconada sentó a Negredo, quizá para beneficio de Osasuna en los minutos finales, y metió otro hombre en el centro del campo.
Corría el reloj a todo trapo hasta que cambió la dinámica con la fortuna del gol en propia puerta del Almería. El Reyno tenía ganas de estallar de esta forma, pese a tener que sufrir lo suyo con algún apuro final. Una gran jugada de Delporte partiendo de la derecha que culminó Vadocz eliminó el sufrimiento. Osasuna esperó al tiempo de prolongación para anotar el gol de la tranquilidad, su momento para respirar. Merecido.
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