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Yo soy yo y mis bastiones interiores

15/03/2019Ángel Sáez García

Dilecta Pilar: Déjame darte las gracias a ti y a tu artículo de ayer en el Heraldo de Aragón, “Baluartes interiores”, y también a José Ortega y Gasset, por amadrinar tú y apadrinar él, esto es, propiciar a medias, el rótulo y el contenido de esta, la epístola que te dirijo. Hay quien dice que una/o es de donde estudió la carrera universitaria. Si eso es así, si pasa por ser una verdad incontrovertible, yo soy de Zaragoza. Hay quien sostiene, como mantuvo Max Aub, que una/o es de donde cursó el bachillerato. En mi caso, lo mismo da, porque de las asignaturas de los tres cursos del Bachillerato Unificado Polivalente (BUP) me examinaron profesores que impartían, a la sazón, sus lecciones en el Colegio “San Valero”, seminario menor zaragozano. El COU lo hice, asimismo, en la capital maña, concretamente, en el Colegio “Enrique de Ossó”, las Teresianas. El pabellón de Filología ha sido derribado, ciertamente; pronto no quedará allí ni una sombra o mota de polvo (espero que no te extrañe leer esta hipérbole, pues el agua del Ebro me ha hecho propensa a ellas) de sus actuales escombros, pero aunque sus techos, suelos, paredes y escaleras hayan pasado a mejor vida, los recuerdos de muchos de los hechos que allí acaecieron irán (viajarán), siempre que el alzhéimer no nos juegue una mala pasada, con nosotros. A mí, hoy, al menos, me resulta meramente imposible olvidar a María Antonia Martín Zorraquino, a José-Carlos Mainer Baqué, a José Manuel Cacho Blecua, a María Jesús Lacarra (a mí sí me cupo la fortuna y el honor de tenerla como profesora en Primero; además, presidió el tribunal que me puso un 8), a Mateu (fui traductor suplente en su clase), a Iso, a Aurora Egido, a Leonardo Romero, a Esther Lacadena, a Enguita, a Monge, Val, Buesa, Armisén, Albiac, etc. Y cómo no recordar a los émulos más cercanos: Susana, María Jesús, Pilar, Jesús Miguel, Javier, Juan Carlos, Arellano, etc. Nunca había comentado, hasta la fecha (creo —aunque me precio de tener buena memoria, reconozco que no poseo un control absoluto sobre todo lo que he trenzado y firmado—, pero puedo estar equivocado), el sueño angustioso que he padecido varias veces. Así que ha sido una suerte y una liberación constatar que a más colegas (si generalizo lo que narras, aunque acaso yerre por ello) les ha ocurrido lo que a mí, al leer, bajo tu firma, el encabezamiento del cuarto parágrafo de tu columna: “Nos licenciamos, aunque con la pesadilla al despertarnos de que aún nos quedaba alguna asignatura” (se sobreentiende “pendiente de ser aprobada”). El edificio de Filología se ha esfumado, pero, como recoge el guion de “La misión”, (1986) que lleva la rúbrica de Robert Bolt, “el espíritu de los muertos sobrevive en la memoria de los vivos”. Buen fin de semana. Otro (de tu amigo Otramotro)

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