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Una reacción tiene toda acción (II) 3

  • Ángel Sáez García
30/04/2021
(Continúa.) Mantengo la impresión imborrable de que la primera vez que vi (y escuché) la cinta de marras el premio al mayor canalla de la misma se lo disputaban o pugnaban por llevárselo de calle Pat, su padre, el Mayor Terrill, y Buck Hannassey. Se lo acabé adjudicando al primogénito de Rufus por su empedernida cobardía, defecto que no exhibió el Mayor. Durante la enésima visión del filme (puede que mediatizado por la célebre frase de José Ortega y Gasset, “yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”, que ha prendido en mi pesquis una llama que no se apaga), he comprobado que, como la película es la misma, no ha cambiado, quien acaso ha mudado o perfilado su criterio o parecer he sido yo, que he aprendido a ver o fijarme más en algunos chispazos de cierta bondad en Pat y en su progenitor, que en las emisiones anteriores habían pasado inadvertidos a mis ojos. Verbigracia, el Mayor acepta sin dudar ni rechistar el reto final que le plantea Rufus y, antes, tras irrumpir, sin haber sido invitado a la fiesta de pedida de Pat en el rancho Ladder, portando un rifle cargado, Henry Terrill le deja que diga lo que sea; y reconoce, tras marcharse: —¡Vaya!; ha estado retador en verdad. Si hay algo que yo admire más que un amigo fiel es un enconado enemigo (me pregunto si está buscada/o y esa era la pretensión de uno, dos o todos los guionistas que tuvo la cinta o, ¿nadie reparó en la bajeza que destila y el hedor o tufo que exhala dicho elogio?). Algunas escenas más tarde, después de haberse dado puñetazos sin cuento en el reto que mantienen antes del amanecer Jim y Steve, los comentarios finales que hacen ambos contendientes son memorables, dignos de recuerdo: —He de reconocer, McKay, que tarda un infierno de tiempo en despedirse. —Yo lo doy por terminado, si le parece a usted bien. —Me parece muy bien. —Y ahora, dígame: ¿Qué hemos demostrado? Me atrevo a contestar a dicha pregunta retórica (que son las que estimulan el pensamiento; no miento) con los dos versos endecasílabos que siguen, que intentan dar respuesta a dicha pregunta y me sirven para dar remate oportuno a la segunda parte de este escrito (pues, si no marro, he acopiado material suficiente para que haya una tercera): Que el rostro es el que sufre los rigores / cuando no deja rastro la prudencia. Ángel Sáez García angelsaez.otramotro@gmail.com
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