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Una reacción tiene toda acción (II) 1

  • Ángel Sáez García
30/04/2021

UNA REACCIÓN TIENE TODA ACCIÓN (II) Tras coronar en la primera parte de este escrito cuanto me había propuesto llevar a cabo o hacer, un compendio, epítome o resumen de la película “Horizontes de grandeza”, sin olvidar nada que fuera, según mi modo personal y subjetivo de ver el asunto en cuestión, precipuo o principal, me dispongo a destacar a continuación aquellas partes del guion que me han llamado la atención por el motivo o la razón que fuera. Los hermanos Hannassey, después de echarse unas risas y pasarse un buen rato a costa de la altiva y poderosa Pat Terrill y de su futuro esposo, un dandy (como le narrará enseguida Buck a Julia Maragón), esto es, culminada la fechoría susodicha, de vuelta en San Rafael, se dividen, pues mientras tres toman otra dirección, Buck se dirige a casa de la maestra para ver cómo está. Es interesante el final de la conversación que mantienen entre ambos. Antes de marcharse, Buck le dice: —Pero no lo olvides: los Terrill no son amigos nuestros. —Yo elijo a mis amigos —le replica Julia. —No, eso no —le objeta Buck—; tienes que ponerte de un lado o de otro. No se puede jugar a dos paños. Se ha acabado la clase, pero volveré. En la refutación que le hace Buck cabe advertir un claro precedente de lo que se conoce como la falacia lógica del falso dilema de Messala (cabe leer dicho nombre también con una sola ese), formulado así: “O estás conmigo o estás contra mí”, pues es el que le plantea el personaje de Messala a su amigo de la infancia (a quien le salvó la vida cuando eran niños), Ben-Hur, que devendrá pronto, por una mendaz acusación del tribuno, en enemigo acérrimo, en la película del mismo título, dirigida por William Wyler un año después de “Horizontes de grandeza”, en 1959. Con dicho apócrifo dilema disfrutan de lo lindo los que lo polarizan todo, los binarios, los dualistas duelistas, quienes tienden a reducir a dos puntos de vista o dos únicas opciones, el blanco y el negro, el amplio abanico de grises alternativos existentes, pero que, al ser tomados por improductivos, se desechan. Si le sacamos todo el jugo o aprovechamos bien las fuentes y el tiempo, podemos fijarnos en que los años de predicación de Jesús de Nazaret coinciden con los momentos que narra la propia película y constatar que la misma frase se la adjudican dos de los doce apóstoles, elegidos por Dios hecho hombre, a Él, pues así obra y puede leerse en los evangelios de Lucas 11, 23 (“El que no está conmigo está contra mí; y el que no recoge conmigo desparrama”) o Mateo 12, 30 (ídem). (Sigue.)

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