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Una nueva injerencia nacionalista

  • José Ignacio Palacios Zuasti
15/09/2020

Imagínese el lector el revuelo qué se hubiera producido, no ya sólo en la Comunidad Foral sino en el resto de España, si en la toma de posesión de un presidente del Gobierno de Navarra los miembros de la Policía Foral que escoltaban el acto hubiesen llevado en sus uniformes de gran gala el Escudo de Navarra con la Cruz Laureada de San Fernando y que, para justificar tal hecho, el Departamento de Presidencia, Igualdad, Función Pública e Interior hubiese alegado que se trataba de unos uniformes que habían sido diseñados en el año 1980 y “por lo tanto portaban las enseñas vigentes en su momento”. Pues bien, esto que estoy contando no es ficción, sino que es lo que sucedió en la Casa de Juntas de Guernica, el pasado día 5, en la toma de posesión del lehendakari Íñigo Urkullu, en la que la Ertzainza lució en sus uniformes el Escudo del País Vasco con las cadenas de Navarra en su cuarto cuartel.

Como es bien sabido, el Tribunal Constitucional, en su sentencia Nº. 94/1985, de 29 de julio, a instancias de la Diputación Foral de Navarra, declaró la nulidad del acuerdo adoptado por el Consejo General del País Vasco, el 2 de noviembre de 1978, en el que se definía el escudo del País Vasco con las cadenas de Navarra. Entonces, el Gobierno Vasco no se dio prisa en ejecutar esa sentencia y tardó casi nueve meses en hacerlo, hasta el 25 de marzo de 1986, que fue cuando dio las instrucciones oportunas para su puesta en práctica. Pero, desde entonces hasta ahora han pasado 34 años y vemos que sigue sin ser cumplida en su totalidad.

La presidente del Gobierno de Navarra, María Chivite, estuvo en ese acto de Guernica y en ese hemiciclo semivacío, por las exigencias del coronavirus, habría ocupado un lugar preferente, tal y como establece el protocolo, y se habría podido percatar de tal anomalía. Po eso, además de haber presentado una protesta verbal in situ, su Ejecutivo debería haber trasladado una queja formal al Gobierno Vasco por tal injerencia. Desde entonces han pasado ya varios días y no me consta que lo hayan hecho. Ya comprendo que en estas cuestiones María Chivite y los socialistas navarros no tienen libertad y actúan como los tres monos japoneses, ésos que ni ven, ni oyen, ni hablan porque, ya se sabe, les va el sillón en ello y no quieren molestar a sus socios nacionalistas que son los que les mantienen en el Palacio de Navarra.


José Ignacio Palacios Zuasti

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