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Síndrome de Diógenes en Pamplona

09/10/2019​​​​​​​Bernardo Doñoro Albillo

La semana pasada, gracias a la publicación de este periódico, se conoció el lamentable suceso de una persona que acumulaba desde hace tiempo ingentes cantidades de basura en su domicilio con las consiguientes molestias y riesgos para el vecindario. El suceso tuvo repercusión nacional y, finalmente, se decidió su limpieza. Pero en estos casos, ¿basta con la limpieza material del piso? En el presente escrito intentaré responder al interrogante. El primer estudio que describió este patrón de conducta se realizó en el año 1966 (Mc. Millan & Shaw), siendo bautizado como “Síndrome de Diógenes” en 1975 (Clark et al.) Se calcula que la incidencia de este trastorno en la población mundial supone algo más del 2,5 % y en nuestro país afecta aproximadamente a 1,7 pacientes por cada 1.000 ingresos hospitalarios, según un estudio de la revista “Consumer” (15/2/06). Afecta en un mayor porcentaje a las mujeres y a las personas viudas y solteras, soportando un 46 % de mortalidad en los cinco años siguientes a su diagnóstico. Según algunas investigaciones, en España en torno a un 3 % de las personas mayores de 65 años tienen el riesgo de contraer esta patología, presentando una prevalencia probable del 0,5 % y su incidencia anual se estima en unos 3.200 casos nuevos. No voy a profundizar en las características de estos pacientes ni en la etiología del trastorno. Según los estudios realizados, la principal causa del mismo radica en la cotidiana soledad que acecha al creciente colectivo de personas mayores que en este caso alcanza un nivel de caricatura grotesca pero que, en el fondo, cobra un matiz enormemente trágico. Sus vacíos emocionales intentan rellenarlos con los objetos que acumulan sin cesar. Determinados factores premórbidos, como ser personas introvertidas, desconfiadas, obstinadas, etc, suelen predisponer a padecer este trastorno así como otros factores estresantes: pérdida de seres queridos, ruptura de lazos afectivos, viudedad, jubilación, etc. Estos patrones conductuales suelen acentuarse en la edad senil, posibilitando su retraimiento extremo, su reclusión y su autoabandono. Es decir, se rodean de una “coraza” de indiferencia y acaban acumulando sobre ella una “costra” de suciedad y miseria.

Por otra parte, la intervención terapeútica en estos casos resulta enormemente complicada. El mayor obstáculo para tratar a estos pacientes consiste en que no tienen plena consciencia de su problemática y suelen rechazar sistemáticamente toda ayuda social. Otro agravante inherente a esta patología es que, si no reciben un tratamiento adecuado y eficaz, suelen reincidir en su conducta asocial. Además su comportamiento huraño y su aislamiento dificultan sobremanera su potencial curación. Se ha llegado a debatir entre los especialistas si este trastorno constituye una enfermedad o un estilo de vida (“hipismo senil”). En consecuencia, tampoco resulta nada fácil su posible institucionalización en un centro o servicio adecuado. Además, es sabido que si estos pacientes no están incapacitados por alguna patología psiquiátrica de base o algún tipo de demencia, no pueden ser ingresados en un centro sin su consentimiento, por lo que terminan volviendo a su comportamiento anterior. Según la Fundación Internacional de Desordenes Compulsivos, “los acumuladores compulsivos cuyos hogares se limpian sin su consentimiento, suelen experimentar una angustia extrema y pueden apegarse aún más a sus posesiones. Esto puede conducir a un mayor rechazo de ayuda en el futuro”.

Pero, a pesar de las dificultades señaladas, consideramos que, en base a determinadas previsiones (incremento de la esperanza de vida, disminución del modelo de familia nuclear, merma de la tradicional respetabilidad y cariño hacia la vejez, etc) la sociedad a través de las asociaciones de vecinos, gestores de comunidades, asociaciones y hogares de mayores, etc.,.. y, en concreto las diferentes instancias administrativas ( Unidades de Barrio, Centros de Salud, Policía Municipal, etc) deben hacer frente a este problema poniendo en marcha planes estratégicos de actuación.Todos tenemos que responsabilizarnos en el tema, aportando nuestro granito de arena. En este sentido, quiero hacer referencia a una “buena práctica” pionera que se inició hace unos años en el II Ensanche de Pamplona impulsada por Cruz Roja y que se ha replicado en algunas ciudades de Guipúzcoa. Se estableció que en cada uno de los portales en los que residiese alguna persona mayor sola, un vecino se responsabilizase de “controlar” su presencia. En caso de detectar alguna anomalía, este vecino se encargaba de contactar con las instancias familiares, sociales o administrativas pertinentes. Experiencias similares ayudarían a la detección e intervención de este problema así como a evitar el descubrimiento tardío y cada vez más frecuente del fallecimiento de personas mayores solas. Como reza el conocido dicho, “Más vale encender una vela que maldecir a la oscuridad”. Este ha sido nuestro modesto propósito.

Bernardo Doñoro Albillo

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