Activar Notificaciones

×

Su navegador tiene las notificaciones bloqueadas. Para obtener mas informacion sobre como desbloquear las notificaciones pulse sobre el enlace de mas abajo.

Como desbloquear las notificaciones.

Si quieres participar en los espacios para el lector de Diario de Navarra, envíanos tus cartas o fotos

Normas de participación Envía tu carta

Rescatar a Asirón

  • Miguel Sarobe Oyarzun
17/09/2020

“Nosotros, euskaldunes navarros en el umbral del siglo XXI, ante el criminal atentado cometido en Pamplona, queremos manifestar nuestra más firme y total condena del injustificable asesinato de Tomás Caballero”. Así empezaba un manifiesto suscrito en 1998 por 134 personas del mundo de la cultura, entre las que figuraba Joseba Asirón. Hoy sería impensable que el exalcalde firmara nada parecido a dicho texto, lo cual nos lleva a analizar la involución de nuestro jatorra oficial, preguntándonos, parafraseando al personaje de Vargas Llosa, en qué momento se jodió Joseba, -antes Tomari-. No fue en el seno de su familia, por muy nacionalista que fuera. Tampoco en los Jesuitas, los Escolapios o en la Parroquia de La Paz, ajenos al colaboracionismo de parte de la Iglesia con la banda asesina, como acreditan libros con títulos tan explícitos como “ETA nació en un seminario”, de Álvaro Baeza, o pastores de aciago recuerdo como monseñor Setién, a quien imagino purgando su predilección por las ovejas más descarriadas. Hechos que forzaron a los obispos vascos y navarros a pedir perdón por sus complicidades con el terrorismo etarra. También lo hizo Urkullu por la desatención a las víctimas en nombre de un nacionalismo pretendidamente moderado que nunca renunció a recoger las nueces, aún sabedor de que las manos que movían el árbol del que caían chorreaban sangre. Bildu sigue a oscuras.

Pero, volvamos con Joseba. No parece que se radicalizara en la españolísima Zaragoza, donde estudió Historia del Arte. Tampoco en la Universidad del Opus Dei, en la que se doctoró, a juzgar por las numerosas ocasiones en las que ETA la dinamitó. Asirón se “jodió” indubitadamente cuando fichó por Bildu aceptando, sumiso, las servidumbres que ello comportaba. Los aberchándales apostaron por una cara amable, frente a tipos más duros como Joxe Abaurrea, el eusko Hannibal Lecter que trató de imponer la ikurriña a mordiscos.

Joseba quedó retratado cuando dijo no recordar su adhesión al transcrito manifiesto. Y es que para un candidato bildutarra haber condenado el terror era un demérito. Ese mismo compromiso político le llevó a renegar -a él, educado en la fe cristiana- de todo lo religioso, hasta cometer errores tan grotescos como, siendo alcalde de Pamplona, abandonar el 7 de julio a San Fermín, para homenajear a su estómago. Algo tan incoherente como presidir corridas militando en una coalición antitaurina. El hecho es que Asirón no moderó a Bildu, sino que Bildu radicalizó a un Asirón que nos avergüenza cada vez que ETA se cuela en el Salón de Plenos. Y es que hay que ser muy ... -pongan ustedes el adjetivo-, por ejemplo, para no reprobar la pancarta que enaltece a un asesino, cuando la hija de su víctima se sienta a escasos metros de ti.

Animo a Joseba Asirón Sáez a recuperar la decencia moral rompiendo sus cadenas con el nacionalismo vasco más siniestro aprovechando que, disuelta la banda criminal, ese ejercicio de libertad no le reportará las funestas consecuencias que sufrió Yoyes. Y es que un alcalde puede equivocarse diseñando un carril bici, pero ha de ser un indiscutible referente ético, y ningún mandatario de este Bildu lo es. Tampoco tienen grandes alicientes para evolucionar, pues los socialistas les han premiado eligiéndolos como socios preferentes sin exigir contrición alguna. La decisión no es fácil porque, como ya advirtió Fernando Aramburu, pedir perdón exige más valentía que disparar un arma. Quienes confían la educación de sus hijos a Joseba también celebrarían su vuelta a los valores democráticos. También su familia. Y, si conseguimos rescatarlo de las tinieblas -sin hacerle renunciar un ápice a su nacionalismo- que llamen a Abaurrea, que no admite cura, y vayan ajustándole el bozal.


Manuel Sarobe Oyarzun

Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra
Buscar otras cartas


volver arriba