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Reforzando la belleza

  • M. Elena Arenaz Erburu
20/02/2021

Hace unos días me llamó una amiga comentándome que estaba estudiando la asignatura de estética, hablamos de haber leído algún libro al respecto…  seguidamente me vino a la memoria lo leído en el Diario de Navarra sobre la propuesta de eliminar delitos de injurias, del encarcelamiento del rapero Pablo Hasel y de la idea de admitir como “aceptable” estas injurias en el ámbito artístico.


Recordaba unas palabras de Oscar Wilde: “En el arte, como en el amor, la ternura es lo que da fuerza”. Creía que el carnet de identidad del arte estaba inmerso en lo bello, lo bueno, lo perfeccionable, lo misterioso, lo original, lo contemplativo…


La obra artística debería ir enderezada por ideas como las del pintor Pablo Picasso: “El objeto del arte es quitar el polvo de la vida diaria de nuestras almas”; del filósofo Nietzsche: “el arte es la única tarea suprema y actividad metafísica de la vida”; del escultor Eduardo Chillida: “el artista tiene que enfrentarse a lo desconocido con un talante positivo”, y de la “Carta a los artistas” de J.P. II, que comienza diciendo: “nadie mejor que vosotros artistas, geniales constructores de belleza…”, o esta otra de la misma carta: “La función estética debe producir una sensación de agrado, belleza o gracia”. Vivimos con emociones disparadas: actuamos muchas veces porque nos da la gana, porque lo siento así, porque quiero provocar, denunciar, recabar atención….
Es necesario esa catarsis purificadora de las emociones humanas, entonces la belleza, el arte, la estética, el talento…no serán el reflejo de nuestros personales malos augurios. El arte no se puede endiosar ni corromper, no se puede sujetar, pero tampoco tirar. El arte no debe ser un señor que esté por debajo de su dignidad.


Alguien comentó estos días a nivel ministerial que se podían expresar frases ofensivas mientras no incitaran a la violencia. No seamos ingenuos, la violencia está ya en el que las dice y si el que las recibe no es violento, es porque no dispara sus emociones frente a su agresor.


Estamos lejos, del arte como “kalokagathía”, palabra que los griegos acuñaron y que comprende los términos de Belleza-bondad. Oponiéndonos a lo bello, al don, a lo grácil, a lo sensible, al estilo…, no cabe más que lo contrario: lo zafio, lo maleducado, lo feo, lo sucio, lo inquietante...


Es bueno que el artista regale con su ingenio dosis de enriquecimiento personal y no situaciones decadentes psicológicamente, destructivas culturalmente. Yo deseo, y supongo que la mayoría de la sociedad, un arte del ingenio, dialogante con el mundo, original, bello, que produzca bienestar y alegría, relajando los sentidos, que aporte valores estéticos a la cultura, descubriendo nuevas formas de expresión, haciéndonos dialogar, transmitiendo talento y gracia…Ojalá que los artistas sigan siendo protagonistas de la revelación original de su trabajo, contribuyendo a la historia de la cultura, siendo transformadores del arte positivamente, aportando nuevos modos de ver, escudriñando los interiores de su materia, despejando nubarrones psicológicos y aportando una belleza serena tanto a nivel sensorial, intelectual o espiritual a una sociedad que lo necesita.

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