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La magia anti covid

  • Isabel Armendáriz Monasterio
16/10/2020

Volver “tras hondas horas de dolor”, como dice la canción. Volvimos a pisar la alfombra roja, al igual que lo hicieron las grandes estrellas de la pantalla en el Kursaal de San Sebastián, pero, en nuestro caso, con mayor sigilo si cabe. Los espectadores ocupamos los también asientos rojos del centenario Teatro Gayarre. Rojo, todo rojo: rojo pasión. Sensación de dejarse envolver por ese ambiente de principio de los años 30 del siglo pasado. ¡Cómo pasa el tiempo!
En mi caso, por todas esas improvisaciones y pruebas con las que la vida te sorprende, el paréntesis teatral duró algo más que los meses de confinamiento (porque ahora, por desgracia, la fecha de referencia es mediados de marzo del 2020). Mi inquietud interior se debía a las ganas por volverme a dejar sorprender por una obra dramática, por reencontrarme no con rostros conocidos pero sí con amigables miradas y sonrisas insinuadas bajo las mascarillas. La emoción in cescendo cuando tienes el privilegio de ocupar unas de las localidades en un lateral del mismísimo escenario. Cambia la perspectiva. El único actor de la obra A.K.A, Albert Salazar, a escasos metros. Sus expresivos gestos, el sudor fruto de los constantes bailes de hip-hop y sus monólogos adolescentes me increpan directamente. Cambio la mirada hacia el patio de butacas. Entre la oscuridad se vislumbran las cabecitas de los espectadores; dos asientos ocupados, dos asientos libres. Limitación de aforo aunque el silencio respetuoso ante la actuación teatral no tenga límites.

Quizás en un principio a la mayoría no nos importaran los premios nacionales recibidos, la trama, la dirección, el guión de A.K.A, pero por los aplausos finales parece que además acertamos. Como se suele decir ”había ganas”. Ya que no podemos abrazarnos, besarnos ni saludar cariñosamente a los amigos, aplaudimos un hecho cultural. Y si nos ponemos en mentalidad analítica volvemos a acertar. Seguimos rigurosamente los protocolos de sanidad; distribución de asientos, entradas y salidas organizadas. Si analizamos los números; hemos pagado por 70 minutos de espectáculo la irrisoria cantidad de 8 euros. ¿Qué nos llevamos? La satisfacción que deja el reencuentro con esos amigos con los que siempre has aplazado una cita. La serenidad que proporciona el disfrutar de un espacio sano y seguro ante el virus. ¡La cultura es segura! Y alguno de los interrogantes que nos lanza el adolescente sobre las tablas: ¿Somos lo que los demás ven? ¿Somos lo que mostramos o lo que ocultamos? De lo que no cabe duda es que volvemos a sentir “la magia” de esa ficción tan real.

Los políticos dirían que es la vuelta a una nueva normalidad. Como apuntaría Millás el escritor ya nada es normal, por eso ni él mismo se erige tan surrealista. Y en estos momentos tan difíciles para todos, seguramente que la cultura resulta más preventiva que el continuo enjuague bucal con Listerina. Cultura y sanidad en un mismo pack. Perdón; en un mismo paquete. Un privilegio al alcance de todos. Sólo hay que dar el paso. Dar al click de comprar entrada y acudir. La magia está asegurada.

Isabel Armendáriz Monasterio, docente.

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