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Jóvenes y EvAU

  • Juan Frommknecht Lizarraga
07/06/2021

Ya han terminado. Son la única generación que ha tenido que enfrentarse a la difícil situación de tener que cursar los dos cursos de Bachiller, y posteriormente las pruebas de Evaluación de Acceso en la Universidad, en medio de una pandemia.
Me caen bien estos jóvenes que ahora empiezan a desestresarse y descansar tras dos años duros. En marzo del año pasado, en el primero de los dos cursos decisivos para su futuro universitario, su vida, junto con la de toda España, cambió. Tuvieron que adaptarse a estar confinados con diecisiete años siguiendo clases y materias on line, en medio de la incertidumbre, mientras el mundo se hundía.

A la preocupación de la enfermedad, desconocida y letal, a esa primera aproximación en muchos casos real con la muerte y lo más duro de la vida, a ellos se les unía la inexorable cuenta atrás de un tiempo en el que se decidiría su futuro académico, mientras todo era cambios, limitaciones y privaciones en la edad de la rebeldía.

Han vivido la supresión de los Sanfermines a unas edades en las que estas fechas se recuerdan para siempre. Muchos y muchas han visto anulados sus viajes de bachiller, no han podido celebrar como quisieran ni los diecisiete ni los míticos dieciocho cumpleaños, ni tan siquiera han tenido actos normales de licenciatura tras toda una vida para ellos en el mismo centro, no han podido disfrutar plenamente de esa edad tan bonita, de la cuadrilla, de la explosiva energía de la juventud, de momentos que marcan una vida y se recuerdan especialmente.

Y sin embargo, han tirado con todo para adelante: con la presión por los estudios y los resultados, con la responsabilidad de no contagiarse para no contagiar a sus mayores, pues la mayoría están en esa edad única donde pueden convivir con ese pilar fundamental de la familia que en muchos casos son los abuelos. Con la responsabilidad de cumplir las normas, que llevaban aparejadas medidas tan duras para ellos como el cierre de los locales de ocio y el toque de queda, no vivida nunca antes por ninguno de los que pasamos nuestra adolescencia y juventud en el periodo democrático.

Ha sido duro, pero se han hecho fuertes, muy fuertes. La situación vivida marcará su personalidad. El conocimiento de la resilencia les llevará a luchar más y rendirse menos ante las adversidades. Han madurado pronto.

Debemos reconocer los adultos, sus padres en muchos casos, que muy mayoritariamente han estado a la altura de la situación que les ha tocado vivir y sufrir, y que si echamos la vista atrás, su comportamiento y el de sus amigos ha sido digno de elogio, aunque en algunos casos quepan pequeñas excepciones que, aun insignificantes cuantitativamente, son las que acaban saliendo en las noticias. Auguro un buen futuro a estos jóvenes a punto de salir ya de esta olla a presión. No han perdido por el camino ni su alegría ni sus ideales. Muchos han aprendido qué es la solidaridad, volviéndose generosos y solidarios. No ha habido quejas, ni incidentes, ni disturbios, ni actitudes negativas significativas relativas a este segmento de población. Son además, posiblemente, la generación más preparada de la historia de España, ya que, reconozcámoslo, a nuestra edad ni salíamos de los centros educativos con conocimientos de una informática que en aquellos años comenzaba a gatear, ni con el excelente conocimiento de inglés que poseen la mayoría de estos jóvenes, ni con el conocimiento aceptable de una segunda lengua que ellos poseen, ni con esa educación orientada a una vida más práctica.

Estos chavales que ahora sonríen y sueñan con entrar a la carrera elegida, dentro de muy poco, ya lo verán, serán los médicos o sanitarios en cuyas manos pongamos nuestras vidas, los letrados y letradas que defiendan nuestros derechos, los ingenieros e ingenieras, arquitectos y arquitectas que proyecten nuestras carreteras, infraestructuras, viviendas, que evolucionen nuestras tecnologías, que cuiden nuestros campos, los educadores que formen a nuestros nietos, los profesores universitarios que trasladen a otra generación los conocimientos que sus padres adquirieron y, por último, los dirigentes políticos y sociales que regirán nuestra vida y destinos hacia un mundo mejor.

Cuando ello llegue, lo afrontaremos con confianza ciega, nostalgia y optimismo. Se han ganado la confianza que ellos han depositado en nosotros en estos años grises, donde tal vez escuchaban con mayor interés que nunca nuestros consejos, sugerencias y recomendaciones. Serán una generación, con título o sin título universitario, con EvAU o sin ella, formada y preparada que nos hará sentirnos orgullosos de ellos un día muy cercano. Y mientras, de momento, disfrutad con alegría, pero con prudencia. Vivid con responsabilidad un verano de merecido descanso, reencuentros y alegrías.

Y recordad ya para siempre, que aunque no os lo creáis, sois imprescindibles para la sociedad.

Juan Frommknecht Lizarraga

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