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Filomena, María Antonieta y Zidane

  • José Francisco Alenza García
12/01/2021

Se dice que cuando la turba revolucionaria llegó a las puertas de Versalles y le explicaron a María Antonieta que la revuelta se debía a que el pueblo no tenía pan, propuso solucionar el problema con una sencilla fórmula: “Si el pueblo no tiene pan, que coma croissants”. Su respuesta evidenciaba el universo paralelo en el que vivía la que sería la última reina de Francia.

Cuando Zidane afirmó, tras empatar a cero con Osasuna, que el partido no debió jugarse acreditó que - como María Antonieta- es incapaz de percibir lo que sucedió antes del partido y durante el partido. Suele pasar que los que se encuentran instalados en el privilegio olvidan su acomodado estatus e, incluso, que se sientan víctimas de irreales conspiraciones, porque sus excelencias no están dotadas para la autocrítica, ni para una evaluación objetiva de la realidad.

Esta semana el Real Madrid no quería jugar en Pamplona. En realidad, nunca viene de buen grado a Pamplona. Pero, esta semana, Filomena propiciaba una excusa para aplazar la visita. La prensa madrileña (o la madridista) se puso a trabajar para los intereses merengues y no dudó en mostrar imágenes del antiguo Sadar nevado (con imágenes de hace dos años), cuando todavía no había caído ningún copo en Pamplona. Las falsedades e hipérboles de esa prensa convertían el viaje a Pamplona en una odisea. Así, si el Madrid ganaba sería una victoria épica. Si no lo conseguía, sería una prueba de que el partido no se debía haber jugado y una evidencia de que el Madrid era una víctima de la conjura de la LFP … y de las fuerzas climatológicas del universo.

La víspera del partido los jugadores del Real Madrid volaban en avión (sí, las odiseas blancas son de viaje en primera y hotel de cinco estrellas) desde un aeropuerto cerrado para llegar a una Pamplona limpia de nieve. Al día siguiente, los trabajadores de Osasuna dejaron el terreno de juego en condiciones más que aceptables. Tan bien estaba el campo que ni siquiera el equipo blanco se atrevió a sugerir la suspensión. Durante el partido se pudieron ver regates virtuosos (Rubén), controles extraordinarios (Asensio), potentes carreras (Mendy, Moncayola), magistrales conducciones del balón (Modric, Iñigo Pérez), precisos cambios de juego (Kross, Rubén), duelos aéreos espectaculares (David con Benzema y Callieri contra todos), artísticos taconazos (Hazard), imprevisibles reversos (Torres) y estéticas ruletas (Isco), así como espléndidas paradas de los dos porteros y algo inaudito: un partido con pocas faltas y ninguna tarjeta (aunque Casemiro debió llevársela por el piscinazo final). Todo ello se produjo, además, sin que se apreciaran caídas injustificadas y sin que los jugadores sufrieran torceduras, ni cortes, ni ningún otro tipo de lesión. Pero, para Zidane eso no fue un partido de fútbol. Lo fue para todos los espectadores e incluso para sus propios jugadores. Lo fue para los que se dejaron la piel para que el terreno de juego estuviera disponible. Lo fue para Jagoba Arrasate, que logró imponer la estrategia que anuló el juego madridista. Lo fue para sus jugadores que ejecutaron a la perfección esa estrategia. Lo fue para la afición osasunista que se quedó con la sensación de que con público en las gradas ese partido se hubiera ganado. Se ha dicho que Zidane es más motivador y gestor de egos que un auténtico entrenador de fútbol. Lo demostró con los cambios que hizo (que empeoraron a su equipo) y, sobre todo, con sus declaraciones finales que despreciaron el trabajo de los operarios de Osasuna y el acierto de sus rivales sobre el campo. Filomena ha mostrado la faceta más prepotente y antideportiva de Zidane y del Real Madrid. Hace unos años, otra borrasca cuyo nombre se ha perdido en el olvido mostró la de Guardiola y el Barça, cuando llegaron tarde al partido con Osasuna y también se consideraron víctimas de la situación.

Es un orgullo que Osasuna pueda, de vez en cuando, mostrar a los “María-Antonieta” del fútbol español, que con una buena planificación (fuera y dentro del terreno de juego) y el noble esfuerzo de sus jugadores puede competir con los más poderosos clubes, que son grandes en presupuestos y muy pobres en espíritu

José Francisco Alenza García

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