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El sínodo y las mujeres

11/10/2019Carmen Olorón Goñi

​Estos días se está celebrando en Roma la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica, también llamado Sínodo de la Amazonía. A quien le interesa el tema, que no son muchos, sabrá que viene a ser una reunión de líderes de la iglesia procedentes de todo el mundo en la que se debaten diferentes temas de actualidad. Este año, como su nombre indica, destaca la región amazónica en sus variadas vertientes; capitalismo voraz que destruye la naturaleza, corrupción, cultivos ilegales, deforestación, incendios, etc. Otras vertientes serían la posibilidad de la ordenación de los hombres casados en la zona que supla la ausencia de varones consagrados, o la ocasión de establecer un ministerio laico de mujeres para la evangelización. Es la primera vez que treinta y cinco mujeres participan como consultoras en dicho Sínodo. ¡Eso sí, de momento con voz pero sin voto! Estas mujeres en su mayoría religiosas, han demostrado sobradamente que merecen estar en el lugar donde se encuentran. Las hay que viven directamente en la Amazonía entre los pueblos indígenas, sustituyendo como pueden a los pocos sacerdotes allí destinados; entre otras cosas, bautizan, son testigos del amor en las bodas y dan los últimos consuelos a los moribundos.
​En el anterior Sínodo de la Juventud, mientras la presencia femenina fue marginal, el Papa permitió que los religiosos varones votasen, aunque no fuesen sacerdotes. Pero a estas treinta y cinco mujeres que han demostrado sobradamente su servicio y compromiso con la iglesia de Jesucristo, a éstas, sólo por el hecho de ser mujeres... ¡a éstas no les está permitido el voto! Y a una se le abren las carnes por la tamaña injusticia que se comete con esa mayoría de mujeres silenciosas e invisibles que hoy sostienen la iglesia; con la subordinación y el sometimiento de la mujer al patriarcado de la Institución “in saecula saeculorum”; con el anacronismo de esos señores a los que se les paró el reloj en el año cuarenta. ¿qué digo el año cuarenta? Quizás fuese allá por el siglo dieciséis en Trento. Me cuestiono si reconocen aquello del sufragio femenino como derecho humano universal. Y me pregunto también, ¿qué entienden por “los signos del los tiempos” de la Gaudium et Spes del vaticano II ?
​Desde mi humilde posición de ciudadana de a pie, tengo que reconocer que Francisco me está defraudando con el tema de la mujer en la iglesia ( ¡y mira que me cae bien este hombre!). Pero, ¡va tan despacio y el tiempo corre tan deprisa! Como Luther King yo también tuve un sueño en el que “En la iglesia hombres y mujeres son radicalmente iguales, no caben ya castas, ni clases, ni jerarquías dominadoras, sino todos uno, en Cristo Jesús”. (A. Aradillas en R.D.). Lo que viene a ser en versión moderna, lo que ya nos dijera Pablo hace veinte siglos en Gál. 3 “ya no hay diferencia entre judío y griego, entre esclavo y libre, entre hombre y mujer, porque todos somos uno en Cristo Jesús”.

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