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El orgullo de España

07/04/2020Isabel Domínguez Eraso, Estudiante De Medicina De La Universidad De Navarra.

Me gustaría dirigirme a los políticos de este país. Ojalá después de que todo este caos termine, empiecen a valorar como se merece la grandísima labor de la sanidad española. No me refiero solamente a los trabajadores de hospitales o demás centros de salud, también tenemos muchísimos sanitarios (y sí, esas personas también deben recibir ese nombre y no el despectivo calificativo de “limpiaculos”) en residencias de mayores. Asimismo, los trabajadores y voluntarios de ambulancias. Quiero referirme, además, a todas las personas que estos días están desbordadas de trabajo en los laboratorios porque, efectivamente, también se dedican a la salud y deben de recibir el nombre de “sanitarios”. Igualmente, quiero hacer referencia a todas las personas dedicadas a la salud mental y que tan en el olvido quedan siempre. Y cómo no, a todos nuestros profesionales farmacéuticos y personas encargadas de la limpieza de centros sanitarios.


Como define la OMS, la salud no solo se compone de lo propiamente físico, sino también de lo mental. A ver si se creen que “las cabezas” van a seguir (y siguen) estando igual después de todo esto. Porque tengan claro que, cuando salgamos de esta (que lo haremos), la gente de los hospitales ya no estará tan desbordada, pero entonces llegará el turno de los profesionales de la salud mental que, una vez más, quedarán en el olvido... Con todo esto, me gustaría que se estén dando cuenta de que sin salud el país se para. Entonces si sabemos claramente que esto es así, ¿por qué no se empiezan a mejorar las condiciones laborales de las personas citadas? ¿Por qué no se invierten más fondos en sanidad? ¿Por qué no se amplían las plantillas? ¿Por qué no se suben los sueldos de los sanitarios con la misma facilidad que os políticos lo hacen con los suyos? Se preguntarán de dónde viene todo este sentimiento de rabia. Pues bien, viene de una enorme impotencia que creo que es común en todas las personas pertenecientes a este sector. Hablando de mi propia experiencia, viene de la impotencia de estudiar día tras día (y tras día) una cantidad de horas que no pueden ni hacerse una idea para luego ver qué quizá mañana no se me valore. Entonces llega el momento en el que te planteas, ¿de verdad merece la pena este esfuerzo? ¿Me habré equivocado de carrera? Porque sí, aunque yo todavía sigo en las aulas formándome, vivo toda esta situación de los sanitarios como si de verdad la estuviera viviendo en primera persona.


Muchos podrían pensar de esto último: “tú misma has elegido estudiar Medicina, sabiendo lo que conlleva, nadie te ha obligado, así que deja de quejarte”. En efecto, yo sola decidí dar ese paso y estar donde ahora estoy; pero en ningún momento he decidido quedarme sin materiales sanitarios y de protección, ni he decidido trabajar arriesgando la salud de mi gente. Eso son ámbitos que a mí no me competen. Que se encarguen los responsables políticos de proporcionar lo necesario a los sanitarios y ellos mismos harán su trabajo, porque de gente dedicada y trabajadora en este país no nos podemos quejar en absoluto. Duele encender la televisión estos días y ver todas las historias desgarradoras de fallecidos. Pero concretamente vi una que quizá fue la que me motivó a escribir esto. Era la historia de un celador de este país que, por no tener a su alcance los medios necesarios para protegerse, contagió a sus padres, los cuales fallecieron con tan sólo dos días de diferencia. ¿Saben el escalofrío que me entró al pensar que quizá podría haberme pasado eso a mí? Me gustaría añadir que simplemente estamos recogiendo lo que hemos cosechado. Hemos preferido invertir dinero en cosas mucho menos necesarias que la sanidad y aquí tenemos las consecuencias. Ni más, ni menos. Por no hablar de que quizá la patente de la vacuna que tanto ansiamos la saque un español residente en otro país que, en su momento, tuvo que emigrar porque aquí no son capaces de invertir en investigación. Qué pena que no se le vaya a atribuir a España ese logro, ¿no? Con todo lo que les gusta atribuirse los méritos...


Termino aclarando que sé que me estoy dejando de citar a muchos profesionales de otros sectores que estos días también están deslomándose a trabajar, también sin EPIS y con sueldos vergonzosos. Pero quisiera dejar claro mi apoyo a esas personas. ¡Y que ojalá se les reconozca su enorme labor! ¡Gracias sanitarios de España, gracias de corazón! ¡Son un orgu-llo! Y que los políticos de España, sigan subiéndose el sueldo y sigan quedándose tranquilos en sus casas para no ponerse en riesgo de contagio, ya lo hacen los españoles por ellos.

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