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El hallazgo del poeta

  • Amelia Guisande González
14/01/2021

El poeta Antonio Machado, en sus reflexiones acerca de la verdad, nos dejó escrita una estrofa, que perfectamente refleja el alcance de su pensamiento. ¿Tú verdad? No, La Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela.

A mi entender, estos versos de Machado nos pueden servir hoy como ejemplo, de su toma de conciencia y apuesta por la verdad, para comprender lo que sobre esta cuestión nos está aconteciendo. Si partimos de la consideración de que el sentido inteligible de la realidad nace y muere con el hombre, el carácter incondicional de la verdad se evapora y el sentido inteligible de la realidad, por muchas pretensiones que le otorguemos, no será más que una verdad condicionada por las limitaciones propias de la subjetividad, una verdad cuya objetividad no puede establecerse sólidamente, es decir en si misma, con independencia de nuestra conciencia.

Más, si para referirnos a la verdad admitimos aquella tesis del pensamiento moderno, que habla de la verdad en términos de desocultamiento entonces la verdad no sería primariamente lo contrario de la falsedad sino lo contrario del ocultamiento. La verdad sería manifestación sería descubrimiento, desvelamiento. Desvelamiento, ¿para quién? Nos podemos preguntar: para mí y para ti, para el existente humano; más entonces: ¿no nos estamos refiriendo a nuestra posesión subjetiva de la verdad? Por todo ello estimo es necesario afirmar previamente la realidad de la verdad incondicional pues, ¿cómo íbamos sino a poder descubrir su sentido? Ese sentido de la verdad natural, inherente al ser de las cosas y de las personas, no cabe que primariamente sea objeto de puntos de vista o de opinión sino de verdad, de verdad incondicional.

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