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El drama del niño dotado

16/05/2019Arancha Caballero Sagardía

Así se llama uno de los extensos trabajos de la psicoanalista Alice Miller. Pero no pretendo hablar de su obra. Más bien describir, de a poco, como es el drama del niño dotado desde un punto de vista pragmático. Si Darwin y Galton levantaran la cabeza, seguro que tratarían de medirlo y cuantificarlo a la velocidad de Binet eclipsado a Spearman. El drama del niño dotado es multifactorial. Y responde a un ambiente caracterizado por la discriminación y el infradiagnóstico. Lo cierto es que el niño dotado divaga. Y que divagar es más viejo que el sol. De hecho, asumimos verdades que convertimos en fantasías para que dejen de doler tanto. Divagar se ha convertido en todo un deporte nacional. Porque somos unos ”humanos” de lo más presumido. Presumimos lo mismo de belleza que de ausencia. Somos expertos ”escapistas” cuando es la realidad la que llama a nuestra puerta y es al ”chocar” con ella de frente… cuando aparece ”alguien” que te pregunta si duele. Como si esos huesos (de aceituna) tuvieran el poder de anestesiar emocionalmente a quien se alimenta de ellos. Divagando por la vida acabas comprendiendo como quien encuentra ”la novena llave“, que la vida se basa en sobrevivir. Sabiendo que no sobreviviremos a la vida… aunque solo tú diseñarás la forma y hasta el color de ese recorrido. Y, al final de ese arduo camino, entiendes que divagar es vivir y que es mejor vivir que divagar. Dime cuánto divagas y te diré que tu inteligencia es proporcional. Vivimos en un país en el que gratis es ”veneno", ser creativo es sinónimo de estar ”loco“, por eso el ”trabajo" se reserva a quien dice no estarlo… mientras se llena los bolsillos, también a golpe de click. Hace poco escuchaba en una conferencia sobre TDAH que las altas capacidades también conforman psicopatología al igual que la diversidad intelectual. Simplemente, porque se alejan de la curva "normal". Y si validamos como ciertas estas premisas, no habrá niño que esté libre de etiqueta. Me pregunto cuántas veces se confunde el TDAH en la práctica clínica con el espectro autista o con las altas capacidades. Todos tienen un rasgo general en común. El profundo sufrimiento entre quienes lo padecen unido a la incomprensión que subyace a sus conductas. La creciente tendencia a sobrediagnosticar el TDAH es perniciosa porque, a veces, estas diferencias individuales se pueden deber a factores puramente neurobiológicos. A diferencias en el proceso de mielinización en el cerebro que concluye en la adolescencia. El factor tiempo es clave en el desarrollo de los niños. Si sus tiempos no se corresponden con los de la literatura científica acabarán, presumiblemente, ocupando algún lugar en el DSM V. A menudo se sobrediagnostica por defecto... pero, ¿qué pasa con los niños cuyos tiempos son más rápidos que los de la mayoría? Porque son los más desprotegidos a efectos prácticos. Y su sufrimiento no es diferente al del resto de niños. Quizás más intenso por la complejidad de sus diferencias individuales-

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