Activar Notificaciones

×

Su navegador tiene las notificaciones bloqueadas. Para obtener mas informacion sobre como desbloquear las notificaciones pulse sobre el enlace de mas abajo.

Como desbloquear las notificaciones.

Si quieres participar en los espacios para el lector de Diario de Navarra, envíanos tus cartas o fotos

Normas de participación Envía tu carta

Doble y cruel ironía del destino (I)

  • Ángel Sáez García
06/04/2021

Ignoro si al atento y desocupado lector (ella o él) de estos renglones torcidos le está pasando lo que, de un tiempo a esta parte, me viene sucediendo a mí, que, aunque me he puesto en numerosas ocasiones a la tarea, nunca he logrado acabar de leer el Apocalipsis, de Juan. Además, tengo la impresión refractaria de que, cada día que pasa, desde que tuve noticia de que el coronavirus había mutado, me despierto con la acongojante sensación, que no logro cepillarme ni sacudirme en toda la jornada, de que otra pésima nueva está al caer, o sea, que me levanto de la cama un poco más apocalíptico. Tras descartar las lágrimas (aunque, ¡cuántas veces no hemos llorado de la risa!), que dejo para los dramones que, de cuando en vez, veo en soledad en la tele, en la intimidad de mi salón de estar (donde se está bien, pero no hay bienestar que pueda compararse a estar con Iris, que es el modo óptimo de estar sobre la faz de la Tierra), para poder llorar a moco tendido, sin sufrir la incomodidad de tener espectadores/testigos, que tanto coartan nuestro libre proceder, llegándolo a mediatizar, entiendo que algunos de mis congéneres hagan tres cuartos de lo propio que suele hacer servidor, reírse a mandíbula batiente de su miedo (más o menos cerval), contribuyendo a crear entre todos, la broma infinita, asunto sobre el que escribió una novela satírica (y así la tituló, precisamente, “La broma infinita”, 1996, por su inusual extensión, más de mil páginas), su magnum opus, obra maestra, David Foster Wallace. ¿Cómo lo haré, qué tecla pulsaré/tocaré, qué varilla escogeré del estético abanico abierto? Reconozco que me dan ganas de homenajear a un genio, Ramón Valle Peña, quien, por boca de don Estrafalario, en “Los cuernos de don Friolera” (1921), adujo esto: “Mi estética es una superación del dolor y de la risa, como deben ser las conversaciones de los muertos al contarse historias de los vivos” (siempre que exista, claro está, la vida de ultratumba, esto es, la escatología, vocablo que, por cierto, también denota otra acepción, qué ironía, consúltese el Diccionario de la Lengua Española, pues es sinónimo de coprología, el estudio de todo lo concerniente a los excrementos). O sea, el esperpento, que contiene y fue epítome y faro, foco o sol de elementos procedentes y precedentes de todas las corrientes dramáticas habidas y por haber en el siglo XX, incluido, por supuesto, el teatro del absurdo. (Continúa.)

Etiquetas
Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra
Buscar otras cartas


volver arriba