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Diario de un alumno en cuarentena.

23/03/2020Pablo Padilla

Querido diario: Mi profe me ha dicho que escriba un diario sobre la cuarentena. Te escribo desde la mesa del salón, que, sin quererlo, se ha convertido en mi mesa del colegio por culpa del coronavirus. Mientras hago las tareas, solo escucho quejas y quejas. Quejas de los políticos, quejas de los vecinos, quejas del supermercado… ¡y quejas de mis profesores! Me fastidia que mi madre se enfade porque mis profes me hayan mandado cosas para hacer. Que dice que no sabe de dónde va a sacar tiempo para hacer conmigo las tareas, y yo que le digo que ya se hacerlas sola, que al final si quiere que les eche un ojo y suficiente, que las corregirán mis profes. Se que no es la única, en el grupo de WhatsApp del cole, la mayoría se quejan, que yo lo sé. Que si lo que quieren los profes es quitarse trabajo, que no vaya a ser que pierdan sus vacaciones, que es una burrada lo que han mandado, que van a quejarse... Es un rollo esto del mundo de los mayores. Cuando no tenía deberes un fin de semana y enchufaba la PlayStation, mi madre enfurruñada me decía que si no tenía cosas que estudiar. Y ahora, que tengo cosas de tarea, que por qué no me dejan distraerme un rato. Que ya verás, que como no mande todas las tareas por email esos “cabritos” me van a poner un sufi en lengua. Yo, que, a mis doce años, nunca he bajado de notables. Pero si la vez que se me olvidó la tarea, Mariaje y Sandra me dieron un abrazo que casi me doblan las gafas. Que no piensan en sus alumnos y alumnas dice también mi padre. Pero si nos ha escrito Andrea, nuestra profe de ciencias, tranquilizándonos porque ha llegado hasta el colegio en medio del caos y ha salvado a “Camila”, nuestra planta de la clase, que llevamos cuidándola desde septiembre. Y mi profe de música, Ana, que mola mucho, ¡nos ha subido karaokes para que cantemos! Igual por eso está enfadada mi madre. Eso, o porque mi profe de educación física me ha animado a practicar los malabares en casa y el otro día casi tiro un jarrón. ¿Cómo no van a pensar en nosotros? Si Paula nos llevó al cine un viernes a la tarde fuera de clase como premio al trabajo. Si Virginia pasó su cumpleaños de campamento con nosotros en vez de con su hija. Si Bego y Amaya llevan dos semanas en ratos libres arreglando nuestras peleas de patio. Si Txus nos llevó el año pasado al supermercado y nos compró chocolate a escondidas (y ahora ya los niños no podemos ir al súper, con esto del coronavirus, fíjate). No sé, querido diario, pero esto es aburrido. Ojalá se pase pronto esto y pueda volver al colegio. Mi nueva mesa de clase no me gusta. Prometo que cuando todo pase no volveré a quejarme a Pablo sobre con quién me pone en clase, prometido. Me despido por hoy, que he llegado al mínimo de palabras que me ponían de tarea, y no quiero pasarme de trabajador. Mientras dure esto, queridos maestros, os seguiré defendiendo en este diario. Y además, en secreto, a las ocho de la tarde, lo haré también desde mi terraza. Firmado: Un alumno cualquiera.

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