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Desmilitarización de la Guardia Civil

  • Jaime Ignacio Del Burgo
18/07/2020

La Constitución establece un sistema económico y social equilibrado. Es verdad que declara que toda la riqueza del país está subordinada al interés general. Pero al mismo tiempo protege la iniciativa privada socialmente responsable en una economía de libre mercado. Cuando Pedro Sánchez anunció su propósito de llegar a unos nuevos Pactos de la Moncloa para afrontar juntos la reconstrucción recordé que el actual escenario político y social es radicalmente diferente al de 1977. Entonces nos unimos todos para cimentar la democracia sobre bases sólidas. Ahora los que nos gobiernan pretenden desandar lo andado. De momento, la Comisión parlamentaria encargada de ofrecer un plan de reconstrucción, sólo ha servido para poner de manifiesto que el vicepresidente primero del Gobierno se ha quitado la coleta y aplica la misma estrategia que sirvió a Chávez para implantar su dictadura. Se trata de alertar a “las izquierdas” de que “las derechas” alientan la insubordinación de la Guardia Civil porque sueñan con un golpe de Estado.


A Iglesias le interesa cualquier cosa menos el acuerdo PSOE-PP para afrontar juntos las catastróficas secuelas de la pandemia. A Grande Marlasca (así se llamaba al menos hasta 2003 mientras fue juez en el País Vasco) el discurso de los líderes comunistas y bolivarianos le viene como Dios a ver. Estoy convencido de que el siguiente paso -que sólo podría darse si cuenta con el respaldo de Sánchez- será suprimir el carácter militar de la Benemérita para crear un solo Cuerpo policial mediante su fusión con la Policía Nacional y poder confiar el mando del nuevo Cuerpo a auténticos comisarios políticos. Por eso es muy preocupante que en el Congreso el presidente, para defender a su ministro del Interior acorralado por la oposición a causa del arbitrario cese del jefe de la Guardia Civil de Madrid, Diego Pérez de los Cobos, no se le haya ocurrido mejor cosa que decir que Marlasca “está desmontando esa mal llamada Policía patriótica y por eso ustedes le atacan”.


En 2013 Iglesias dijo: “La Guardia Civil es una institución burguesa que protege los intereses de la clase dominante”. Quizás tuviera razón a juzgar por cómo le protege en su mansión de Galapagar, que demuestra que lleva la impostura marcada en su frente. En la II República el Gobierno republicano creo en 1932 la Guardia de Seguridad y de Asalto. Al comienzo de la guerra civil socialistas y comunistas disolvieron la Guardia Civil que pasó a denominarse Guardia Nacional Republicana. Y el 31 de diciembre de 1936 se decretó su fusión con la Guardia de Asalto. De la memoria histórica rescato los puntos 5 y 6 del “Programa revolucionario” hecho público en enero de 1934 por el PSOE. Dicen así: “5. Disolución del ejército y reorganización inmediata del mismo a base de la reducción de sus contingentes, de la separación de todos los generales, jefes y oficiales sin más excepción que la de aquellos que hubiesen revelado sin tibieza su adhesión al régimen y dando paso incluso a los más relevantes puestos de mando, en forma democrática, a quienes a partir de su ingreso en filas como soldados hubieran demostrado las necesarias condiciones de capacidad, haciendo en suma que, según la frase de Napoleón, “pueda ir en la mochila de cualquier soldado el bastón de mariscal”. Disolución de la Guardia Civil y reorganización de todos los institutos armados al servicio del Estado sobre las mismas bases democráticas diseñadas para reformar el ejército y con la condición indispensable de una adhesión verdaderamente leal al nuevo régimen. Núcleo principal de estos institutos sería una milicia reclutada exclusivamente, preponderantemente entre los afiliados a las organizaciones que realicen la transformación apuntada en este programa”.


Hace unos días se destacó como símbolo de discrepancia con el ministro del Interior el que la ministra de Defensa no asistiera a la toma de posesión del nuevo Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil. Pero puede interpretarse esta sonora ausencia como un gesto deliberado. Si el objetivo es la desmilitarización la presencia de la titular de la Defensa no tiene sentido. Zapatero, aunque luego se echó marcha atrás, creó una dirección general que en la práctica suponía la creación de un mando único de ambos cuerpos. Pedro Sánchez tiene demasiados frentes abiertos, pero no ha pronunciado un rotundo “no es no” para dar el primer paso.

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