Activar Notificaciones

×

Su navegador tiene las notificaciones bloqueadas. Para obtener mas informacion sobre como desbloquear las notificaciones pulse sobre el enlace de mas abajo.

Como desbloquear las notificaciones.

Si quieres participar en los espacios para el lector de Diario de Navarra, envíanos tus cartas o fotos

Normas de participación Envía tu carta

Cogiendo olas en la pandemia

  • Claudio Urbano Ispizua, Capellán De La Clínica Universidad De Navarra
11/01/2021

Estamos en la tercera ola de la covid-19. Los surfistas, pero sobre todo los marinos, saben de coger olas, de cortarlas, de proas, popas y amuras. Tiene su peligro esto de las olas, y cuando son grandes, más vale no meterse. Quien vive del mar ha aprendido, y tiene preparados sus equipos y tripulaciones. Improvisar lo mínimo, orden a bordo y saber hacer. Muchas veces también rezar, ¡que el mar impone!

Como capellán de hospital tuve la experiencia directa de la primera ola, seis semanas en horario continuo con otro compañero. Exactamente igual que tantas otras personas - sanitarios, limpiadores, policías, repartidores, mantenedores, etc.- en todo el mundo. Lo que yo vi eran personas enfermas cuidadas por personas comprometidas con ese cuidado. Entre ellas, un diálogo de palabras y gestos del que han surgido momentos muy entrañables, que ha producido una verdadera humanización de la pandemia. En mi opinión esto ha dejado una marca muy positiva en la vida de muchos, nos ha enseñado algo que solo se aprende en los momentos de humana fragilidad. En los días duros de la pasada primavera, todos en la primera línea -la del contacto con los enfermos- vieron el miedo, el sufrimiento y la muerte. Como capellán puedo atestiguar que muchos enfermos, además del oxígeno y los corticoides, tenían en su haber una forma de afrontar la vida y el sufrimiento; la fundada en sólidos valores cristianos y que sumada al amable apoyo de sus cuidadores -revestidos no solo de EPIs sino de una marcadísima actitud solidaria- conducía a un ambiente de serenidad y dignidad.

Los contagiados tenían insuficiencia respiratoria, desorientación, por lo que había que darles de comer, acompañar al baño, etc. Con todo, se les hablaba siempre con respeto y se trataba de tranquilizarles con gestos de cercanía. Ese modo de hacer funcionaba como un bálsamo y creaba una comunión entre personas - sanas y enfermas- a una velocidad impensable en otras circunstancias. A pesar de la carga de trabajo, entre los cuidadores había buen humor, absoluta disponibilidad. Cada uno y cada una estaba en lo suyo y en lo de todos. En los pasillos cada cual con su sonrisa parecía irradiar su propia luz, un reflejo de aquél ‘trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti’.

Me sorprendía cómo la preocupación de los pacientes era siempre y en primer lugar la tranquilidad y el bienestar de sus familiares que habían quedado en casa, especialmente en los más mayores. Como en muchos hospitales en regiones de mayoría cristiana no fueron pocos los que quisieron ver un sacerdote, y rezaron sin ninguna vergüenza o pidieron oraciones. En lo que me tocó, decenas de enfermos encontraron consuelo en la visita de un capellán, pudiendo confesar, recibir la Unción de Enfermos y el día de Pascua casi una treintena comulgar. La mayoría sobrevivieron, pero por desgracia la vida de otros fue apagándose de manera tranquila, como si aceptando un final previsto, duro e inevitable, pero lleno de pequeños consuelos. A ninguno le faltaron ni una oración ni unas lágrimas. A estas alturas parece que vale la pena reflexionar. Si hay que coger esa tercera ola se coge pero, por favor, improvisar lo mínimo, orden y saber hacer, ¡que el mar impone!

Claudio Urbano Ispizua, capellán de la Clínica Universidad de Navarra

Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra
Buscar otras cartas


volver arriba