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Salud

La pandemia de covid-19 amenaza la lucha contra la tuberculosis

Otra enfermedad infecciosa amenaza a la humanidad desde hace siglos. Los esfuerzos por acabar con la propagación de esta bacteria pueden verse perjudicados por culpa del coronavirus

La pandemia de covid-19 amenaza la lucha contra la tuberculosis
Pulmones afectados por tuberculosis.
Shutterstock / Puwadol Jaturawutthichai
  • Miguel Santin, Universitat de Barcelona
Actualizada 07/01/2021 a las 10:42

Por primera vez parece posible acabar con la tuberculosis, infección milenaria que causa más de 10 millones enfermos y 1 millón de muertos cada año. Sin embargo, la irrupción de la pandemia de covid-19 amenaza ahora la “Estrategia Fin de la Tuberculosis” de la Organización Mundial de la Salud.

La tuberculosis está causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis, y afecta sobre todo a los pulmones. Se transmite de persona a persona por la inhalación de las pequeñas gotas cargadas con el patógeno, expulsadas por las personas enfermas con la tos, o simplemente hablando.

Tan solo una pequeña proporción de las personas contagiadas enfermarán. La mayor parte quedarán como portadoras sanas (infección tuberculosa latente). La infección latente puede progresar a enfermedad tuberculosa, incluso muchos años después del contagio. La desnutrición, las enfermedades crónicas y el sida, entre otros, favorecen la progresión de la infección latente a enfermedad tuberculosa.

Perspectiva histórica

La tuberculosis, que asolaba Europa en el Siglo XIX, disminuyó drásticamente con las mejoras en las condiciones de vida que trajo la Revolución Industrial. La Gran Guerra (1914-1918) y posteriormente la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) causaron su resurgimiento en Europa.

Tras la Segunda Guerra Mundial, las mejoras socioeconómicas y el descubrimiento de los primeros antibióticos activos frente a la infección, trajeron consigo una reducción progresiva de la enfermedad. Ello culminó en los años 70 con el establecimiento del tratamiento moderno de la tuberculosis.

Se consideró entonces como una infección controlada, y los programas de prevención y control se relajaron o desaparecieron. Sin embargo, la aparición del sida a principios de los 80, la enfermedad causada por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), puso al mundo ante la cruda realidad. La tuberculosis acabó con la vida de millones de personas con VIH en todo el mundo, particularmente en los países del África Subsahariana.

El resurgimiento de la tuberculosis de la mano del sida también cogió desprevenidos a los sistemas sanitarios de países desarrollados. Un ejemplo fueron los brotes de tuberculosis en hospitales de Nueva York entre finales de los 80 y principios de los 90. La reorganización de los programas y el desarrollo de un tratamiento efectivo frente al VIH lograron un control paulatino de la enfermedad.

Hacia la eliminación de la tuberculosis

A pesar de tener un tratamiento eficaz desde hace más de 40 años, los indicadores de la tuberculosis a nivel mundial no habían experimentado la mejoría esperada hasta hace poco. La pobreza, el sida y la falta de pruebas diagnósticas y tratamientos efectivos frente a la tuberculosis resistente a los antibióticos han sido las causas principales.

En las dos últimas décadas, el compromiso de los gobiernos, organismos internacionales y organizaciones sin ánimo de lucro han facilitado el desarrollo de pruebas para el diagnóstico precoz, el control de la pandemia del sida y el acceso a los servicios sanitarios. Con ello, y a pesar de las dificultades, la evolución en los últimos años invita al optimismo.

En 2014, la Asamblea Mundial de la Salud (AMS) adoptó la “Estrategia Fin de la Tuberculosis” de la OMS, la cual se recoge en el tercer Objetivo de Desarrollo Sostenible de la Asamblea General de las Naciones Unidas de septiembre de 2015. Con la meta de erradicar la enfermedad, dicha estrategia se propone reducir los casos de tuberculosis en un 90 % y las muertes en un 95 % para 2035, con respecto a 2015.

La irrupción de la pandemia causada por el SARS-CoV-2, originada en China y extendida rápidamente por todo el mundo, pone a prueba la solidez de los programas de prevención y control de la tuberculosis y de la propia Estrategia Fin TB.

La pandemia de la covid-19 y la lucha contra la tuberculosis

La pandemia de covid-19 está produciendo una distorsión de los programas de prevención y control de otras enfermedades que podrían llegar a causar más muertes que el propio coronavirus. La dedicación de los servicios de salud al control del brote de ébola en África Occidental en 2014-2015 produjo un exceso de muertes por sida, tuberculosis y malaria, superior a las producidas por el propio Ébola.

El confinamiento para prevenir la propagación del SARS-CoV-2 podría aumentar los contagios de tuberculosis al aumentar el contacto con personas enfermas. Pero además, el desvío de recursos humanos y materiales para la lucha contra la covid-19, así como el miedo al contagio y las dificultades de acceder a los servicios sanitarios, previsiblemente provocará retrasos en el diagnóstico y tratamiento de la tuberculosis.

Según el Consorcio Stop TB, la respuesta frente a la pandemia de covid-19 hará perder 5 años del proceso hacia la eliminación de la tuberculosis. Los datos, obtenidos de los 20 países que acumulan más del 50 % de los casos de tuberculosis en el mundo, indican que 3 meses de confinamiento y 10 meses de recuperación de los servicios sanitarios, producirán 6,3 millones adicionales de casos de tuberculosis entre 2020 y 2025. Las muertes por tuberculosis aumentarían en 1,4 millones en el mismo periodo.

Previsiblemente los países económicamente más pobres serán los que sufran un mayor impacto de la covid-19. Además, el impacto de la pandemia sobre las economías nacionales y de los servicios sociales será más acentuado en esos países. Según datos del Banco Mundial, entre 40 y 60 millones de personas habrán caído en pobreza extrema en 2020 como resultado de la covid-19. Conociendo la estrecha relación de la pobreza con la tuberculosis, es esperable un aumento de los casos a medio y largo plazo.

Expertos y publicaciones científicas señalan una reducción en los casos de tuberculosis diagnosticados durante la primera ola de la pandemia en países desarrollados. Cabría esperar, por tanto, un repunte de los diagnósticos a medida que se controle la pandemia, el cual podrán asumir sin mayores consecuencias los sistemas sanitarios de estos países. No se debe olvidar, sin embargo, que las consecuencias las sufrirán los colectivos más vulnerables, como migrantes, refugiados y minorías étnicas de las grandes ciudades de países desarrollados de Europa y América.

La pandemia de la covid-19 y las medidas para controlarla amenazan seriamente la Estrategia Fin TB de la OMS. Como Stop TB advierte, si debido a la pandemia de coronavirus se ignora la lucha contra la tuberculosis, como ya ocurrió en el pasado, se echará a perder media década de progreso contra la infección más mortal que aflige a la humanidad.The Conversation

Miguel Santin, Profesor agregado de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud (Campus de Bellvitge), Universitat de Barcelona

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.


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