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Francia

El palacio de los 25.000 señores

Procedentes de 115 países, 19.000 contribuyentes han donado al menos 50 euros para recuperar el castillo de la Mothe-Chandeniers (Francia)

Fotografía facilitada por la web web especializada en financiación popular Dartagnans, del castillo de la Mothe-Chandeniers.

Fotografía facilitada por la web web especializada en financiación popular Dartagnans, del castillo de la Mothe-Chandeniers.

EFE
Actualizada 28/12/2017 a las 14:46
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  • efe. parís (francia)

Situado en el centro de un lago artificial, joya de la arquitectura romántica decimonónica, testigo de una historia nacida en el siglo XIII, el castillo de la Mothe-Chandeniers, situado en la ribera del Loira francés, se ha convertido en un símbolo del micromecenazgo.


Procedentes de 115 países, 19.000 contribuyentes han donado al menos 50 euros, algunos de ellos hasta dos veces para regalar a allegados, lo que totaliza 25.000 propietarios, todos en igualdad de condiciones a la hora de decidir sobre el futuro de su pertenencia.


"Era la primera vez que se proponía a la compra colectiva un monumento y el éxito ha sido histórico", asegura Roman Delaume, responsable de la operación en la web especializada en financiación popular Dartagnans.


En dos meses y medio han logrado superar la cifra de los 1,6 millones de euros, un "récord de recaudación en Europa", agrega Delaume, que achaca la "impresionante" respuesta a "lo original de la iniciativa, pero también al encanto que desprende el palacio", rescatado del olvido gracias a esta operación.


Tras sus muros, que se mantienen en pie y tienen la apariencia de un palacio, Mothe-Chadeniers esconde un aspecto de abandono, sin tejado, con una frondosa vegetación que se ha apoderado de cada rincón del otrora esplendoroso edificio.


Nunca antes un proyecto de micromecenazgo proponía a los mecenas convertirse en copropietarios de un palacio, que lo gestionarán a través de una plataforma corporativa desde sus residencias en Estados Unidos, Afganistán o Burkina Faso, entre otras procedencias.


"¿Residencia para artistas? ¿Centro cultural innovador y popular? Deseamos que el palacio se convierta en un símbolo de la expresión colectiva, creativa y, por supuesto, de la conservación y la influencia del patrimonio y la cultura", asegura Delaume.


Dartagnans confía mucho en los copropietarios. "Van a aportar ideas sobre lo que se puede hacer, pero también nos vamos a apoyar en su experiencia, porque muchos son arquitectos, ingenieros o tienen otras competencias que pueden ser muy válidas", señala.


Consideran posible que Mothe-Chandeniers se autofinancie o, incluso, dé beneficios, gracias a las visitas o a su alquiler para el rodaje de películas.


Para ello, sostienen en Dartagnans, es preciso comenzar por una operación de rescate del palacio, una actuación urgente antes de poder abrirlo al público, su primera apuesta, con un objetivo de recibir hasta 70.000 visitantes dentro de cinco años.


Es el renacer de un palacio que ha sido testigo de la historia de Francia, de sus peripecias. Las ruinas no conservan vestigios de sus orígenes medievales, pero Mothe-Chandeniers fue erigido por vez primera en el siglo XIII.


A mediados del XVII, el marqués de Chandoiseau, expulsado de la capital por Luis XIV por haber participado en una rebelión contra el monarca, se instaló en el palacio y creó allí una corte paralela, lo que dio al lugar esplendor hasta que la fortuna del aristócrata llegó a su fin.


A partir de ese momento, el palacio pasó por varias manos hasta que durante la revolución francesa fue saqueado y parcialmente destruido, como tantas otras residencias aristocráticas.


François Hennecart, adinerado comerciante de Orleans, lo adquirió a principios del siglo XIX y comenzó una ambiciosa labor de reconstrucción inspirándose en la arquitectura de los palacios que jalonan el Loira.


Mothe-Chandeniers recuperó su esplendor hasta que en 1932, cuando era propiedad del barón Lejeune y mientras se procedía a unas obras de instalación de una nueva calefacción, un incendio redujo a cenizas todo el interior del palacio.


En 1963 fue adquirido por un jubilado del lugar interesado en la explotación agrícola aledaña, pero no en el palacio, que vio empeorar su estado de conservación.


Una asociación se empeñó en comprar el palacio, que el propietario tasó en 500.000 euros, un precio superado con creces por la cuestación popular de Dartagnans.

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