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De turismo por Navarra: Roncesvalles, un paseo por la historia

La Colegiata de Roncesvalles, del siglo XIII, es un hito histórico y la puerta de Europa para Navarra. El camino de Santiago y la derrota de Carlomagno hicieron célebre el paraje

Roncesvalles, un paseo por la historia

Un peregrino se aprocima a la colegiata de Roncesvalles.

17/08/2019 a las 06:00
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  • Diario de Navarra
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El rey Sancho VII mandó construir esta Colegiata en el siglo XIII, como iglesia de la institución hospitalaria de Roncesvalles, cuyo fin era asistir a los peregrinos jacobeos después de cruzar los Pirineos. Se realizó en estilo gótico francés, a imagen de la Catedral de Nôtre Dame de París y para su construcción se utilizó piedra caliza de Burguete. En su interior destacan el claustro, la Capilla de Santiago y la cripta. Esta última consta de un tramo recto de bóveda de cañón y un ábside pentagonal.

Sus paredes y bóvedas están cubiertas por pinturas murales del siglo XIII. Dentro de la sala capitular o capilla de San Agustín, está la tumba con la estatua yacente de Sancho el Fuerte, en tamaño real (2,25 metros, según cuenta la tradición). El tesoro artístico de la Real Colegiata está en una sala a modo de museo.

La sección más interesante es la de orfebrería, que está expuesta en seis vitrinas. Destaca el ajedrez de Carlomagno, una arqueta de plata renacentista y la talla de la Virgen con el Niño de madera recubierta de plata.

Santa María de Roncesvalles, antiguo hospital de peregrinos y enclave de profundas resonancias épicas es, con toda seguridad, uno de los lugares más emblemáticos del Occidente europeo, en cuyas dilatadas fronteras se consideró siempre el hito más relevante y entrañable de la ruta compostelana.

En Orreaga-Roncesvalles sitúa la tradición la más dolorosa de las derrotas del ejército franco; allí lloraría Carlomagno la muerte del mejor caballero de Francia y de sus doce pares, dando origen a un relato mil veces contado y cantado hasta los confines de la cristiandad.

Paso natural del Pirineo desde los tiempos más remotos, en Orreaga-Roncesvalles se instaló y creció un centro asistencial y alberguería que acogía a los peregrinos tras el duro ascenso de la cordillera y reconducía sus pasos hacia la meta final, ya casi perceptible en sus corazones, de la todavía lejana tumba del apóstol.

Ambas circunstancias, el trágico descalabro de Roldán y la proyección jacobea, dinamizaron de forma extraordinaria la vida de este enclave pirenaico y dieron a la cultura universal dos obras literarias de singular renombre: la famosa Chanson de Roland y la pormenorizada y peculiar visión de la ruta a Santiago escrita en el siglo XII por Aimerico Picaud, el Liber Sancti Jacobi. Hoy en día, además, queda en pie un magnífico conjunto histórico-monumental atendido por una pequeña comunidad de canónigos que sigue acogiendo a los peregrinos.

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