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TECNOLOGÍA Y EDUCACIÓN

¿Son necesarias las imágenes de los atentados en las redes sociales?

El pasado jueves 17 de agosto vivimos nuevos atentados terroristas. Actos violentos, por desgracia como tantos otros que suceden todos los días alrededor del mundo, aunque no los conozcamos. Internet se ha llenado de información, apoyo y solidaridad; y también de fotos o vídeos de los hechos realizados por profesionales y ciudadanos. ¿Son adecuadas, oportunas y/o necesarias?

Diana González.

Diana González.

20/08/2017 a las 06:00

No sé cómo empezar este texto. Ni cómo seguirlo. Así, si me lo permitís, dejaré que fluyan las palabras, los sentimientos y las dudas. En la bolsita de té que me acompaña solo un mensaje: “Compassion creates understanding”. Vamos allá.

Mientras tenía los pies en la arena y sonaban las olas de fondo una alerta en mi teléfono móvil me sobresaltaba con el atentado en Barcelona. Personas disfrutando de su tiempo de ocio como lo estaba haciendo yo misma durante esa tarde. En el coche la radio narraba con rapidez datos confirmados, primeras especulaciones policiales con mucha precaución e información de las fuentes oficiales. Comenzaron a llegarme mensajes a WhatsApp. Hace tiempo que no abro vídeos de hechos como éste enviados por ahí. No porque no quiera ver la realidad, sino porque quiero entenderla y, por desgracia, en estas imágenes reenviadas se da una visión parcial, sin contexto ni contraste y, en ocasiones, morbosa que no informa ni forma. Una visión muy interesante para conocer los hechos (es humana, real y en primera persona), aunque creo que al menos debe ser tratada y unificada junto a otras para captar la esencia. Una visión que, casi siempre que la he consumido, me ha estremecido al pensar en que esa persona ha sacado su teléfono móvil para grabar o hacer fotos antes de ayudar, consolar o proteger a quiénes graba.

Profesionales de todo tipo, desde taxistas a hosteleros, sanitarios o policías, ayudaban desde lo que saben hacer, desde lo que tienen o desde lo que son. También los periodistas, profesionales de la información. Cuando pienso en que ellos, reporteros a pie de calle, pienso en que ayudan desde su profesión: informar. Aunque siempre me entra un cortocircuito en el corazón pensando en que están al lado de personas que pueden necesitar una palabra de tranquilidad, una mano de compañía o un apoyo en la emergencia mientras ellos sujetan la cámara, el micrófono o el bloc de notas. Y al mismo tiempo vuelvo a pensar en que gracias a ellos estamos informados, algo más que necesario, imprescindible. ¡Qué dualidad! Qué duro tiene que ser presenciar estas escenas sin soltar tus herramientas de trabajo para poder desarrollar la noticia de forma coherente como necesita la población. Si mi cabeza se argumenta y contraargumenta con los compañeros de los medios ¿cómo no lo va a hacer con cualquier ciudadano móvil en mano? Quizá os suene un absurdo o un pleonasmo, pero creo que debemos dejar informar a quienes saben hacerlo. Eso sí, la ciudadanía somos fuente de información para ellos, aunque no seamos periodistas. Como dijo José Luis Rojas Torrijos, profesor de periodismo de la Universidad de Sevilla, a EFE: “los ciudadanos no son periodistas, sino fuentes útiles”. ¿Quizá podríamos hacerles llegar las imágenes a ellos para que puedan articular las noticias de forma completa, contrastada, ordenada y cuidando tanto a víctimas y profesionales como a investigadores antes de divulgarlas? ¿Cómo deberíamos hacerlo? Existen intentos de herramientas online para ello, aunque por desgracia desconocidas para el gran público. Posiblemente debamos pensar cómo usar las que sabemos usar (mensajería instantánea o redes sociales) con este fin.

 

Sigo haciendo mi vida. Incluso me planteo cómo puedo disfrutar de la tarde cuando hay tanto dolor en cientos de familias. Ya de noche, en casa, la televisión continúa con la narración de los hechos. A la vez, reviso las redes sociales. Una cantidad ingente de sospechas, información no contrastada, bulos… y más imágenes. Sin filtro, sin confirmación, incluso mezcladas con las de otros lugares o fechas. Sin duda, esta guerra se libra en las redes sociales. Esta ofensiva es informativa y debemos aprender a usar las mismas armas. Pensemos que el Daesh “tiene sus propias agencias de generación de imágenes”, como explica Antonio Ramos, director de contenidos y presentador de Mundo Hacker. Por otro lado, Andrés Ortiz, especialista en yihad 2.0, explica en EFE Futuro que “para el Estado Islámico y el yihadismo moderno la propaganda es fundamental, podría decirse que sin propaganda no hay terrorismo” y pide sentido común, no que no se compartan imágenes. Eso sí, siempre desde el respeto a las víctimas y fuerzas y cuerpos de seguridad. Así, aquí entra en juego lo que me recordaba Yosune Villanueva en Twitter “nuestro deber (como periodistas) es informar. Y utilizar la deontología profesional para reconocer los límites”.

 

 

 

La ética profesional en el mundo de la información corresponde a los periodistas. Nuestra empatía debería llevarnos a la ética personal en las redes sociales ciudadanas. Y es que quizá no se trata de no publicar imágenes, de esconder la realidad, de edulcorarla o vestirla de rosa. Iñaki Gil escribe en El Mundo que “Publicar fotos terribles es nuestro deber”… y sobre eso mantenía una interesante conversación con Elena Santacana. La realidad es la que es y como ciudadanía crítica debemos conocerla y reconocerla, eso sí, haciendo uso de la ética, la deontología y el respeto a todas las personas que están implicadas. Ese debería ser el límite y todos deberíamos saber reconocerlo. ¡Ojo! Y ya no solo con las imágenes de los propios atentados, sino con toda la información que las rodea: si los medios mezclan ideología política e información puede llevarles a recortar una imagen por donde no se debe u omitir nombres en una noticia.

 

 

 

Sin duda, este hilo de Twitter de Francesc Pujol, profesor de la Universidad de Navarra, que me recomendó Sandra Blasco aporta una interesante reflexión a este debate.

Lo mismo sirve para las y los políticos que quizá se vean en la tesitura de ofrecer condolencias y ‘aprovechar’ sus intervenciones en los medios y redes sociales. Ellas y ellos también tienen un límite y una deontología profesional. ¡Ey! Pero no tan rápido, nosotros también. ¿Quién no ha leído ya chistes y mofas en Twitter hacia el atentado y las víctimas? En Change.org la petición de actuar contra las cuentas de Twitter que se ríen del atentado de Barcelona está cerca de las 300.000 (sábado 19 de agosto a las 12:30). ¿Acaso no se puede bromear? Lo único que se me ocurre es que quizá no de ese modo y en ese momento. Como siempre digo, creo que no se trata de no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti… sino haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran.

Y esto no es cosa de redes sociales, el medio, es cuestión de personas. Desde aquí resaltar el gran trabajo que han realizado en los medios sociales las fuentes oficiales tanto emergencias, Mossos, Policía, transportes…

A la mañana siguiente lo primero que hago es repasar las noticias desde el móvil. Leo sobre el ataque en Cambrils y se me revuelve el estómago. Mensajes, llamadas… las personas conocidas que están allí están bien. Suspiro. Y me indigno conmigo misma hasta por respirar de tranquilidad ya que solo he pensado en que mi gente está bien… mientras varias personas están heridas. Vuelvo a la contradicción emocional. Y sigo revisando whatsapps y mi angustia va en aumento ¿en qué momento es necesario enviar vídeos y fotos en grupos que no están pensados para eso? Grupos de asociaciones temáticas, de madres y padres del colegio, de equipos de trabajo… Si alguna persona del grupo está comprometida en los atentados podría entenderlo, pero si no, ¿para qué? La comunicación se nos va de las manos. La saturación me satura. La saturación me limita. Y flaco favor estamos haciéndonos sobreexponiéndonos a mensajes sin información contrastada, sin contexto y sin opiniones justificadas. Si al menos reflexionáramos y dejásemos ideas… pero no todas las personas estamos acostumbradas a parar y mirarnos hacia dentro. Comunicamos hacia fuera, sin filtro. La mensajería es instantánea, no nosotros. ¿Cómo afectará esto a las generaciones futuras? Tenemos la responsabilidad de pensar en qué hijas e hijos dejamos a este mundo, un mundo en el que saber comunicarnos digitalmente es básico.

Mi único tuit durante el día de los atentados fue el de no compartir imágenes en redes sociales. Y ahora parece que me estoy contradiciendo.

No es así, o sí, solo quiero exponer la necesidad de compartir lo que sea real, informativo, contrastado, verificado, seguro, responsable y respetuoso con las personas implicadas. A modo de resumen cito aquí algunas recomendaciones para la ciudadanía que aporta C. Otto en un artículo en El Confidencial sobre por qué no compartir imágenes en las redes sociales, muchas de ellas ya han salpicado este texto:

  1. Entorpecer una investigación policial: publicar cualquier imagen puede identificar a agentes de seguridad o su localización, incluso sus estrategias de trabajo.

  2. Difundirse bulos: en muchas ocasiones fotografías de atentados de otros lugares o en otros espacios temporales aparecen pudiendo llevar a confusión.

  3. Identificación de las víctimas: los profesionales trabajan en la identificación de personas heridas y fallecidas. En ocasiones la imagen es informativa y requiere mostrar personas, pero se pueden tratar para que las personas no sean identificadas. Esta es una de las recomendaciones que realizaba ANIS (Asociación de Informadores de la Salud) en un comunicado. Con todo, este punto también es controvertido… unos medios lo realizan, otros no, la ciudadanía casi nunca ¿entonces de que sirve? Algunos, una vez se identifica a las víctimas muestran las imágenes, otros no. Además, si añadimos la protección de menores, se tapa la cara de niños desaparecidos ¿entonces cómo los vamos a encontrar? Y si seguimos con el ámbito del menor, también se difumina el rostro de sospechosos menores de edad buscados por la policía… Esta reflexión os la dejo a vosotros porque tengo demasiados vaivenes entre argumentos a favor y en contra.

  4. Herir sensibilidades: el propio hecho ya hiere sensibilidades, esto es una realidad, o debería serlo. Quizá lo importante aquí sea volver a la ética que comentábamos más arriba y asegurar que las imágenes sean informativas, contrastadas, respetuosas, etc.

  5. Crear alarma gratuita: recurrir a las fuentes oficiales es esencial para no difundir hechos no contrastados que puedan generar un caos innecesario.

Y aquí añado una última reflexión que tiene que ver con el duelo. Las imágenes que no aportan todo lo que ya hemos mencionado no son necesarias y solo añaden desgarro a las familias y amistades de las víctimas, algo que también debemos respetar. El duelo por la muerte de un ser querido es un proceso complejo y personal que debemos cuidar y trabajar como sociedad. Un duelo que también sufren muchas de las personas que, sin ser víctimas directas, trabajan en el lugar de los hechos, curan a los heridos, protegen a los viandantes o simplemente les abrazan. Para esto, le doy voz Rakel Mateo, terapeuta especializada en duelo y gerente de Goizargi:

 

 

Opinad, por favor, contradecíos si es necesario, gracias por leerme y perdonad mis desvaríos.


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