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Entrevista
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Teresa Marcellán: “Los mayores tienen miedo al contagio y a morir pero se aferran a la vida”

Las personas mayores sienten que les están “robando la vida”. Y que si no celebran ahora su cumpleaños, quizá el próximo sea tarde. Así lo creen y comparten estos sentimiento con sus geriatras. Como Teresa Marcellán, de la Casa de Misericordia de Pamplona. Este es su relato

Efectos físicos y psicológicos de la pandemia en las personas mayores
Efectos físicos y psicológicos de la pandemia en las personas mayores
Teresa Marcellán Benavente, geriatra y presidenta de la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología.
Diario de Navarra
Actualizada 07/03/2021 a las 06:00

Que les están robando años de vida. Que si no celebran su cumpleaños o el de su hijo, el próximo puede ser demasiado tarde. Que ya no saben qué canal poner en la televisión porque en todos hablan de lo mismo: de los muertos e ingresado en la UCI por la covid. Que cuando bajan al comedor de la residencia no ven al compañero de la mesa de enfrente. ¿Se habrá contagiado? ¿Estará en el hospital? O, peor aún, ¿habrá muerto? Son las reflexiones y los pensamientos que martillean, o incluso taladran, la cabeza de las personas mayores. De todas. Pero, en especial, de las que viven en residencias de ancianos. Y ya van para un año de incertidumbre desde que empezó la pandemia. Muchos se han contagiado y recuperado. Otros arrastran secuelas o lloran aún a su marido, su mujer, su hermana , ese compañero tan simpático con el que jugaban todas las tardes al dominó o esa mujer tan agradable con la que compartían puntos de ganchillo. Y Teresa Marcellán Benavente sabe muy bien de lo que hablan. Porque a ella se lo cuentan. Porque ella, sonrisa permanente y profesionalidad médica a partes iguales, les escucha y comprende. Geriatra de la Casa de Misericordia de Pamplona desde hace quince años, acaba de ser nombrada nueva presidenta de la Sociedad Navarra de Geriataría y Gerontología, una entidad multidisciplinar de 175 socios (médicos, enfermeros, psicólogos, trabajadores sociales...) que aboga por el bienestar físico, mental y social de los mayores. Nacida en Ejea de los Caballeros (Zaragoza) hace 53 años, Teresa supo desde niña que quería ser médico, a pesara de criarse en una familia de agricultores y del mundo de la empresa. Primera universitaria de su ‘clan’, descubrió años después que le atraía el mundo de la geriatría y el contacto humano, no solo con los enfermos sino también con sus familias. Y así es su día a día. Ese en el que se enfrenta con roturas de cadera, Alzheimer o deterioros cognitivos. Y así lo cuenta en estas líneas. Casada con un ingeniero pamplonés, tiene dos hijos de 15 y 16 años que, de momentos, no sueñan con estudiar Medicina. Esta entrevista inaugura hoy un congreso de ‘Familia y salud’ organizado por Diario de Navarra. Desde hoy y hasta el domingo 14 se publicarán (en papel, web y en vídeo) entrevistas con expertos.

La pandemia lleva un año afectando de lleno a los mayores. Tanto física como psicológicamente. ¿Cómo viven ahora?
Yo veo que, como los niños, se adaptan a todo. Más de lo que parece. Viven este momento con resignación y expectantes pero cumplen siempre las normas. El confinamiento lo vivieron con mucha tristeza y miedo, por contagiarse, enfermar, morir. Saben que si el virus les ataca, la probabilidad de enfermar es mayor para ellos. Pero además de la física, se ha agudizado la parte psicológica. Y sufren más la soledad.

Además, será muy duro ver que, aunque ellos siguen vivos, muere gente de su alrededor...
¡Claro! Pero aún ha sido peor estar oyendo continuamente en los medios de comunicación noticias negativas sobre la covid y los mayores. Yo iba a sus habitaciones y me decían que ni sabían qué ver porque todo era descorazonador... Es cierto que se enfrentan a los vacíos, ver que alguien no baja al comedor, y los viven con pena pero también con naturalidad. Sin embargo, sienten que, aunque otros hayan muerto, ellos están vivos y quieren seguir viviendo. ¡Siempre nos aferramos a la vida! Respecto de las malas noticias, hay que darlas, claro que sí, pero de manera dosificada.

Después de vacunarse en enero y febrero, ¿ahora están más optimistas? ¿Cómo han vivido el proceso de vacunación?
Con ilusión y esperanza. De los 455 residente, solo diecisiete no se han vacunado por diversos motivos. Y además no hemos tenido reacciones adversas con las vacunas, más allá de un poco de fiebre o más cansancio. Pero todo, pasajero. Los mayores estaban esperando la vacuna como ‘el maná’ para ver si se podían quitar las mascarillas y salir a la calle. Pero ya les hemos explicado que, de momento, no pueden quitárselas porque, aunque están protegidos, ellos sí que pueden contagiar. Lo han entendido bien. Desde hace unas semanas ya pueden salir a la calle y están viendo sus frutos al encierro tan largo...

Mayores y sus familias saben que deben aprovechar tiempo juntos. ¿Cómo se vive con esa urgencia? ¿Qué les aconseja?
Los mayores, como digo, se adaptan más fácilmente a la situación. Son las familias las que peor lo llevan y las que quieren verles. En la Casa de Misericordia, como en otras residencias, cumplimos las normas que nos llegan desde Derechos Sociales. Y hemos habilitado una zona de visitas, con compartimentos separados, como si fueran boxes. Aunque ya pueden salir a la calle, hay personas que no se atreven y se pueden ver ahí.

Esta imagen me recuerda, salvando las distancias, a aquellas fotos que corrían durante el confinamiento en las redes sociales, de ancianos abrazando a sus familiares con plásticos...
¡Qué horrible y deshumanizado! Esta pandemia nos ha enseñado en que el ser humano necesita de todos sus sentidos. Los abrazos son necesarios. Es lo que más nos hace falta porque precisamos tocarnos.

El hecho de que el coronavirus se haya ‘cebado’ con los mayores y no con los niños nos ha hecho ver la realidad desde otra perspectiva. ¿Nos importa menos que mueran los ancianos?
Si esta enfermedad hubiera incidido en los niños con la misma crueldad que lo ha hecho con los mayores, hubiéramos vivido una situación caótica. Porque no estamos preparados para la muerte de los niños, que son nuestro futuro. Si la pandemia, no solo matara sino que dejara discapacidad en los menores, estoy casi segura de que las medidas de aislamiento y confinamiento habrían sido muchísimo más severas y exigentes. Habría habido más implicación social. Pero estamos anestesiados y, como los que mueren tienen más de 80 años, pensábamos que ya les tocaba.

Pero no siempre es así... Han fallecido personas que aún podían haber vivido más años...
¡Claro! No solo hay que tener en cuenta la edad sino cómo estaba esa persona. Los primeros mayores que fallecieron en la Misericordia al principio de la pandemia ya sabíamos que iban a fallecer a lo largo del año por cualquier proceso infeccioso que no superaran. Pero también había personas de 90 años, con buena calidad de vida, a las que les ha afectado el virus y ¡no era su momento! Si no se hubieran contagiado, habrían vivido más años. Pero está claro que el sistema inmune de los mayores no estaba preparado para hacer frente a esta enfermedad. Aunque otros la han desarrollado de manera asintomática.

CAÍDAS Y DEMENCIAS

Además del covid, los mayores siguen teniendo enfermedades propias de su edad. ¿Cuáles son las más frecuentes?
En geriatría, hablamos mucho del ‘Síndrome de las caídas’. Cualquier enfermedad (anemia, neumonía...) se puede manifestar con una caída. Y después ya vienen los problemas (fracturas, deterioro funcional...) Hay que trabajar para recuperar la autonomía. También son frecuentes enfermedades cardiovasculares, obesidad, artroris... Pero no a todos les ocurre lo mismo. Un anciano robusto manifestará las enfermedades como un adulto. Y uno frágil, con estos síntomas.

¿Y de qué depende?
Del tipo de vida que hayas llevado (alimentación ejercicio...) Hay que prevenir para vivir los años de vejez en las mejores condiciones posibles. Hay que cuidarse toda la vida. Pero, sobre todo, a partir de los 70.

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