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CIENCIA

Un implante permite usar las manos a un joven con tetraplejia

La tecnología que han usado permite captar las señales que emite el cerebro de Burkhart e identificar qué movimiento indican

Un implante permite usar las manos a un joven con tetraplejia

Ian Burkhart realiza diversas tareas tras recuperar el uso de su mano.

AFP
Actualizada 13/04/2016 a las 21:11
  • COLPISA. MADRID
Hace seis años, en un accidente en la playa, el joven estadounidense Ian Burkhart, de 19, se rompió el cuello entre la quinta y la sexta vértebra cervical, a la altura de la barbilla. Perdió en un instante la capacidad de moverse, desde los hombros hasta las puntas de los pies, y habría muerto ahogado si sus amigos no lo sacan del agua. Pero últimamente acude tres veces a la semana a un laboratorio de su Ohio natal y mueve su propio brazo, su muñeca, su mano y sus dedos a voluntad. Es el primer humano paralizado que lo hace sin ayuda de un robot. Y lo ha conseguido gracias a una combinación de tecnologías punteras y a un equipo científico que las desarrollado y puesto juntas.

Como el otros millones de tetrapléjicos en el mundo, el problema de Burkhart es que las señales que envía su cerebro no llegan al resto de su cuerpo. Pide mover una pierna y la orden no logra superar la brecha que existe donde se partió el cuello. Para saltársela, los investigadores, liderados por Chad Bouton, han diseñado una estrategia que permite llevar las instrucciones de su voluntad directamente a cada uno de los músculos del antebrazo. Un implante en el cerebro, muchos cables y unos electrodos que estimulan las fibras que mueven la muñeca, el codo y los dedos. Tras más de quince meses de entrenamiento, el joven, que hoy tiene 24 años, es capaz de sujetar botellas, verter su contenido en otro recipiente, remover el azúcar en el café, coger el teléfono móvil o jugar a una guitarra de videojuego. El avance es tan importante que han publicado sus resultados en la revista científica Nature.

La tecnología que han usado permite captar las señales que emite el cerebro de Burkhart y, mediante métodos informáticos de inteligencia artificial, identificar qué movimiento indican. Abrir la mano, cerrarla, separar el dedo índice, hacer la pinza, girar la muñeca, o una combinación de muchos. Una vez está claro, envían una señal concreta a una especie de manga llena de electrodos que, mediante impulsos eléctricos, es capaz de contraer los músculos necesarios con la intensidad adecuada. Es decir, hacen un bypass rudimentario de la médula espinal aunque de momento solo funciona en un sentido. El joven no recibe sensaciones de vuelta.

"Uno de los principales descubrimientos es la capacidad de Ian de recuperar movimiento funcional, ese que la mayoría damos por sentado y que nos permite hacer todo tipo de tareas diarias", explicó Bouton durante la presentación de su trabajo. "También es la primera vez que una persona paralizada es capaz de mover dedos individuales". Hasta ahora, todas las tecnologías que conectan el cerebro con un ordenador se han usado para mover extremidades robóticas sin la precisión como para manejar las decenas de músculos del antebrazo. "Creemos que estamos abriendo un camino para ayudar a muchos pacientes en el futuro, no solo a los que tienen lesiones medulares sino también a los que han sufrido ictus o lesiones cerebrales traumáticas".

Pese a lo espectacular de esta investigación, los propios investigadores reconocen que no es más que un pequeño primer paso en una dirección que aún no se había explorado. El propio Burkhart también lo ve así, y asegura que se implicó para intentar ayudar a que estas tecnologías mejoren y lleguen a todo tipo de afectados. "Soy el paciente afortunado que ha podido participar en este ensayo", aseguró. Asumió un riesgo personal. "Me preguntaron si estaba dispuesto a someterme a una cirugía del cerebro que podía no reportarme ningún beneficio y si muchos problemas, pero pensé que yo esperaría que otros lo hiciesen si se lo proponían a ellos en otros experimentos en otras partes del mundo". Aun así, reconoce que se emocionó cuando logró cerrar su mano por primera vez. "Sentí esperanza", aclaró.

El proyecto no se queda aquí. En pocos meses empezarán a trabajar con un segundo voluntario, también paralizado, para seguir mejorando el sistema. "Nuestro objetivo es que sea sencillo, poco invasivo, y llegar a un punto en el que Ian pueda llevarse este dispositivo a casa", recalcó Ali Rezai, otro de los investigadores implicados en la investigación. "Queremos ser lo más prácticos que sea posible", aseguró Burkhart, que también alabó que no sea necesario usar un robot para moverse. "Si uso mi propio brazo, me permitirá vivir como un miembro más de la sociedad. No me van a mirar como si fuese un cyborg. Y es más natural, tus pensamientos mueven tu propia mano".
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