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ENTREVISTA

"La literatura fantástica no es sólo entretenimiento y evasión"

  •  Martínez Biurrun pretende que su libro sea un homenaje a los "niños de Chernóbil"

Ismael Biurrun
Ismael Biurrun
  • MARÍA ANTONIA ESTÉVEZ . MADRID. .
Actualizada 10/10/2011 a las 14:09
 El miércoles, en la librería del Museo Reina Sofía, la penumbra del atardecer propiciaba una cálida intimidad al acto que se celebraba. El escritor pamplonés Ismael Martínez Biurrun (1972) presentaba su última novela, El escondite de Grisha(editorial Salto de Página, 18,50?). No había allí cámaras de televisión ni pelea de periodistas por conseguir primicia alguna, ni fans disputándose la firma del artista. Ismael Martínez Biurrun no es un escritor famoso ni sus libros están en ninguna lista de best seller. Pero tampoco es un autor emergente: ya tiene cuatro novelas publicadas y varios relatos, ha cosechado varios premios literarios y es el único escritor que ha conseguido dos Premio Celsius a la mejor obra fantástica.

Biurrun es un escritor ya cuajado, de esos que se susurran boca a boca entre apasionados catadores de nuevos valores del panorama literario al margen del gran mercado del libro. De ahí la magia de lo que ocurrió en la librería del Reina Sofía y que fue saboreado con fruición por un pequeño grupo de personas: escuchar en una cierta intimidad las confidencias que iba desgranando el autor sobre su proceso creativo.

Desde una biblioteca

"En el mundo creativo las ideas a veces surgen en los sitios más inesperados: cuando esperas al autobús o cuando estas fregando los platos, pero en este caso el punto de partida fue la Biblioteca Nicolás Salmerón, al lado de mi casa, en el barrio Prosperidad de Madrid", dijo. "A su biblioteca infantil y juvenil suelo llevar a mis hijos de 7 y 9 años para que aprendan a degustar los libros y a empaparse de ese espíritu de las bibliotecas que tiene algo de místico y de religioso,por ese silencio en el que cada uno está como sobrecogido y ensimismado en sus lecturas. En el fondo leer es un acto de fe porque lo que el autor pide al lector es una suspensión de su incredulidad mientras dura la narración.".

No estaba solo Biurrun con sus confidencias. De hecho, aquel acto en el Reina Sofía desvelaba pequeños milagros que surgen en el desolado panorama del libro, como el de que en plena crisis aparezca un editor como el jovencísimo Pablo Mazo, de la editora Salto de Página, que poco a poco va publicando , ¡y vendiendo!, cosas de autores no ya tan emergentes . Pablo se sentaba a la derecha de Biurrun. A la izquierda se situó el escritor malagueño Juan Jacinto Muñoz Rengel, que ejercía de presentador y que fue avanzando, sin desvelar del todo, el engranaje del relato. Habló del poderío de las metáforas en el lenguaje de Biurrun, de cómo el autor no se contenta con llenar de imágenes todo lo que va contando sino que se introduce dentro de ellas y las lleva donde quiere para regresar luego al punto de partida. Se refirió al mestizaje de géneros que laten en este relato: "Porque ésta es una novela policíaca en cuanto que hay policía y crímenes y mafia, y es fantástica porque ocurren cosas extraordinarias, pero es realista porque sucede entre gentes corrientes a las que les ocurren cosas creíbles, pero es también inquietante, intemporal, oscura".

El autor admitió que, una vez centrada su historia en la biblioteca, los personajes tomaron su camino y le llevaron a personajes nuevos, a giros inesperados que llenó la historia de matices no planificados. "Tenía el punto de partida y también el de llegada: de la biblioteca mis dos personajes recorren Europa hacia la zona de exclusión de la catástrofe nuclear de Chernóbil. ¿Por qué allí? Porque aquel escenario apocalíptico dejó huella en la memoria de la gente de mi generación le. Y además aquella tremenda palabra, sarcófago, que aplicaron a la estructura con que se cubrió la estación para evitar la radiación, me evocaba muchas cosas a pesar de que allí no había cadáver alguno. Me parecía como un símbolo donde enterrar el fracaso de cierta clase de ingeniería nuclear o la vanidad de un régimen político, pero también me servía para representar ese núcleo incandescente que toda persona lleva dentro y que parece que emite radiactividad.".

Confesó Biurrun que algunos lectores se escandalizaron de que hubiera adoptado aquel escenario. "¿Cómo te atreves a montar una novela fantástica sobre Chernóbil, con la de niños que allí sufrieron?", le decían. "Claro que me veo afectado por su sufrimiento, precisamente por ello utilizo ese escenario. Existe un prejuicio según el cual los autores de literatura fantástica no estamos legitimados para tratar temas dramáticos reales, quizás porque siempre se ha asociado literatura fantástica con literatura de entretenimiento y evasión cuando en absoluto es así. Intento que el elemento fantástico aporte una inflexión que sirva para potenciar lo real del relato, para llamar la atención del lector sobre ese hecho. Por eso mi libro es un libro dramático, incluso trágico, que pretende honrar a los niños de Chernóbil".

"Soy escritor, amo de casa y padre"

Martínez Biurrun vive la crisis económica y la supercrisis del libro con serenidad. "Tengo confianza en lo que escribo y en mi proyección, y sé que un día, paso a paso, novela a novela, me haré un hueco en el mundo literario. Es cierto que siempre está ahí rondando la tentación de escribir de otra manera, buscar otras fórmulas para acceder al mercado del libro fácil pero lo rechazo como un mal pensamiento. Escribir como negocio no me motiva, no sabría ponerme a trabajar cada mañana temprano cuando los niños duermen, y seguir luego cuando van al colegio si no escribo algo que me apasione. Y lo que escribo va dando frutos poco a poco", explicaba el escritor pamplonés. "Por eso ahora quien mantiene realmente a la familia es mi mujer", admitía. "Yo hago de amo de casa. Me planteo este periodo como una inversión. Tengo amigos que se gastan un dineral en montar un negocio y pasan años en números rojos hasta que llega la rentabilidad. Sé que llegará ese momento a mi manera, con lo que yo quiero escribir".

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