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José C. Vales, Premio Nadal 2015, en el Club de Lectura

Un cabaret muy serio

José C. Vales en el Club de Lectura de Diario de Navarra
José C. Vales en el Club de Lectura de Diario de Navarra
Sofia Oliveira
  • Ion Stegmeier
Actualizada 14/04/2016 a las 19:47
José C. Vales ha fundado una especie de cabaret literario por el que desfilan personajes de todo tipo ejecutando sus números. Está el equivalente al lanzador de cuchillos, el equilibrista, incluso hay piezas ligeras de ropa, con las que el autor busca ante todo entretener al público, divertirle; solo que aquí el espectador ve todo eso a través de unos pequeños signos, las letras, que forman palabras, en las que él es experto. Vales ha estudiado y ha trabajado con todo tipo de palabras en su vida, así que su cabaret impreso le ha salido muy bien. Ha ganado el Premio Nadal.
El pasado 26 de febrero, el autor zamorano, a punto de cumplir los 50 años, protagonizó una nueva edición del Club de Lectura de Diario de Navarra, para hablar de esta novela premiada, Cabaret Biarritz (Editorial Destino), y de cómo entiende él la labor literaria.
Vales lo ha sido todo en el mundo editorial: redactor, editor, traductor (de Charles Dickens o Jane Austen entre otros) y también negro, ha escrito para que lo firmen otros,"gente que tendría dificultades hasta de escribir un telegrama", bromeó, algo de lo que no se avergüenza, "se debería avergonzar el otro, no yo", expuso.
Toda esa experiencia le ha hecho valorar las cosas. "La gente tiene la idea de que los libros tienen un editor y un autor, y es falso, un libro necesita un montón de gente, un diseñador de portada, un fotógrafo, maquetadores, correctores, marketing, prensa... hay todo un sector de la cultura que hace los libros, y yo he formado parte de esa tropa", dijo.

Periodista frustrado

Su vocación era el periodismo, pero no lo pudo estudiar por razones familiares y económicas. Se fue a Salamanca, a cursar filología hispánica, "estudio de la palabra hasta sus últimas consecuencias", definió, y eso le hizo darse cuenta de que cada palabra tiene su sentido y no se dice al azar. Vales rechaza tajantemente eso que dicen algunos escritores de que escriben según les va saliendo. "Hay que tener una planificación", protesta él. Cuando tenía 16 o 17 años daba la murga a sus amigos con lo que escribía, cuando llegó a la universidad vio que la literatura era verdaderamente importante, que para hacerla hay que saber lengua, morfosintaxis, historia... entonces dejó de escribir y se puso a estudiar. "Como uno es pertinaz, al acabar la carrera insistí en la escritura", admitió. Por aquel entonces todos imitaban a García Márquez y a Cortázar en sus textos. Después vino el posgrado, se especializó en filosofía y estética de la literatura romántica, y vio que era aún más complejo. Se lo tomó con mucho respeto, como un trabajo en el que poner toda la atención. "¿Podemos imaginar un médico en el quirófano que diga: 'voy a operar como me salga', o un arquitecto que se ponga a diseñar edificios sin estudiar materiales, geometría y tantas otras cosas?", preguntó.

Delante de los surfistas

Así, con todo ese bagaje, un año en el que veraneaba en San Sebastián, Vales y su mujer hicieron una escapada a Biarritz. Estaba mirando a los surfistas, se giró y vio el panorama, "un lugar asombroso que rezuma glamour, donde es fácil imaginarse a las señoritas paseando, los caballeros en el casino, el servicio doméstico en la calle..." y empezó a maquinar este libro. ¿En qué época? Pues "en la que se vivía y se tenía devoción por la vida absolutamente", se contesta, en los años 20. "Que haya una trama detectivesca es solo una excusa", confiesa. Así puso la olla a hervir, como él dice, y salió el potaje de Cabaret Biarritz.
"La premisa del libro es: señor lector o señora lectora, ¿quiere jugar conmigo?", expresó ayer Vales. Arranca, por ejemplo, con una introducción totalmente falsa que se debe a su pasión por los ensayos filológicos, y luego sigue jugando en los pies de página, en los que vuelca una importante parte de la trama.
En el libro, un editor envía a un periodista a Biarritz en 1938 a investigar unos hechos desagradables que pasaron allí en 1925. "Haces entrevistas y luego escribes la novela", le indica. Ese personaje, Georges Miet, lleva a cabo 33 entrevistas y al regresar a París fallece. El lector del libro lee esas entrevistas póstumas a "embusteros", según los define Vales, que intentan ocultar parte de los hechos. "Quiero que al final el único que sepa lo que ha pasado sea el lector", explica. El autor quiere contar el paisaje humano en aquella época en la que la sociedad estaba dispuesta a disfrutar de la vida en ciudades de veraneo europeas como Biarritz, Deauville, Brighton, Capri o San Sebastián.
José Ignacio Roldán, responsable del Club de Lectura enumeró tres grandes dificultades para levantar este Cabaret Biarritz. Primero, su carácter coral, y además con tres planos temporales distintos. Vales destacó ahí la labor de documentación y explicó que tenía tres calendarios en la pared para diseñar las tramas y los personajes.El segundo obstáculo son los distintos estilos y géneros que aúna la novela, ya que tiene humor, género negro... "Hay quien lo ha definido como novela de aventuras, no me parece desacertado", dijo su autor. "No pienso renunciar al humor, y si no me quieren editar que no me editen", advirtió. El tercer reto es que no hay una sola pregunta en la treintena de entrevistas. "De momento lo que hacemos es escritura, con el tiempo si el texto tiene suficiente enjundia a ver si llega a ser literatura", concluyó ayer.
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