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PERSONAJES DE LAS FIESTAS

Aritz Ibañez, director de Duguna, con la danza 'bailando' en genes y corazón

Este periodista de 36 años cumple alrededor de 19 en este grupo, una trayectoria que sus compañeros han querido recompensar con una misión especial

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Aritz Ibañez, el día de la procesión
  • JOANA PERNAUT. PAMPLONA
Actualizado el 08/07/2015 a las 06:00
La danza la lleva bailando en los genes. Aritz Ibañez Lusarreta tiene 36 años y confiesa que este arte se ha convertido en "una pasión" que descubrió de la mano de sus 'aitas'. Ellos le apuntaron a clases cuando estudiaba 5º de EGB en la ikastola Amaiur de Pamplona. Aunque también lo 'mamó' gracias a sus tíos, txistularis y gaiteros del Ayuntamiento y la Comparsa de Gigantes y Cabezudos.

Ya con 15 o 16 años, este periodista de profesión inició su andadura en la formación de dantzaris de la capital navarra, Duguna. Una decisión, motivada en aquel entonces por compartir tiempo y aficiones con sus amigos. Hoy, es el director de esta formación desde 2003. No vive de ello, pero le dedica todo su tiempo libre, le sale del corazón, es "su placer, un antiestrés", que a su vez le permite relacionarse con sus compañeros y conocer a otros dantzaris de formaciones de otros lugares.

Este 2015, para recompensar esta andadura de alrededor de 19 años, el grupo le asignó una especial misión: ejercer como capitán de Duguna el día de la Procesión. "Todos los años hay que elegir a una persona para ese puesto y procuramos premiar el trabajo hecho durante el año", explica. Un cargo que implica, entre otras cosas, estar en contacto con el jefe de protocolo de la Catedral y del Ayuntamiento durante el desarrollo del cortejo. Pero para este pamplonés, "todos los puestos son igual de importantes". Eso sí, ensalza el valor de bailar durante los Sanfermines: "Es lo más especial que tenemos, un orgullo".

PLANCHANDO EL TRAJE Y FIDELIDADES

En sus primeras actuaciones, Ibañez se movía con nervios y con la camisa planchada por su madre. Entre el público, además, siempre se encontraba ella, su padre y su hermana, también dantzari en sus primeros años. En la actualidad, la plancha la pasa él, la tensión ha relevado a los nervios y sus padres ya no resultan unos incondicionales, aunque sí le siguen a espectáculos más concretos, como en el Teatro Arriaga, por ejemplo. Él se define a sí mismo como trabajador y perfeccionista y, como director de Duguna, comparte que le preocupa aprender de primera mano la técnica de los bailes. "Creo que las danzas están dejadas y a mí me gusta que salgan con el nivel que deberían", declara.

En estos momentos está al frente de un grupo con unos 50 integrantes, algunos trabajadores y otros estudiantes. Constata que ahora predominan las chicas, pero desmiente posibles tópicos. "Hombres y mujeres bailan. La danza es cosa de dantzaris", defiende. Y su función como grupo consiste en participar en las festividades de la ciudad y aportar coreografías. Según recuerda, fue hace unos ocho años cuando reflexionaron sobre qué papel debía desempeñar este grupo de bailes nacido en 1949. "Desde el siglo XVI hubo una coreografía muy rica, que se fue perdiendo. Nosotros nos hemos dedicado a recuperarla y ése representa el camino a seguir", expone.

Así mismo, como dantzari, opina que la danza, y en particular la tradicional, encarna "el arte más olvidado". "Pamplona posee una larga tradición de dantzaris, cuenta con muchos grupos, pero el balance es que habría que dar a la danza el valor que merece". Eso sí, Ibañez asume su responsabilidad. "Algo tendremos que ver nosotros en que así se vea. Pienso que si le encontramos un valor a lo que hacemos, la gente lo sabrá apreciar", augura. Y afirma: "La danza forma parte de la identidad de las ciudades. Contamos con alicientes de muchos sitios y solemos olvidar lo de casa, cuando creo que tenemos que conocerlo, valorarlo y potenciarlo".

UNA MIRADA AL SOSIEGO 

Como periodista de la fundación Eusko Kultur, escudriña cómo se vivía en los pueblos durante los años 50-60. Vuelve su mirada atrás, pero en ese viaje descubre cosas muy contemporáneas, como le ocurre con la danza. Trata, en definitiva, de detectar los valores de nuestros mayores. Y se queda con su vida sosegada, sin tantas prisas, ni tanta ostentación.

A estas alturas, Ibañez y los de Duguna ya han bailado el día 6 y el 7. Pero queda la oportunidad de verles en la Octava del día 14. Tres citas, con una garantía: "Vamos a hacer las cosas lo mejor posible". Si tuviera que elegir su baile predilecto se quedaría con la Ezpata-dantza de San Fermín de Aldapa, aunque especial son para él todas las danzas que han recuperado. Y la despedida la firma con una dedicatoria destinada a los suyos, los dantzaris, y animando a que la gente disfrute. Va por ellos.
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