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PERSONAJES DE LAS FIESTAS

Una conquista del cielo en San Fermín que compartiría con Nadal

  • Miguel Pérez, director adjunto de Pirotecnia Zaragozana, vive los Sanfermines a 176 km de distancia con la mirada puesta en el ordenador, a partir de las 23 horas

Miguel Pérez Nivela.

Miguel Pérez Nivela.

DN. ARCHIVO
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14/07/2014 a las 06:00
  • JOANA PERNAUT. PAMPLONA
El día del Chupinazo lo pasó en el hospital, a 176 kilómetros de la capital navarra, muy pegado a su móvil y atento a las previsiones meteorológicas. El pasado seis de julio, la empresa que dirige se encargó por segunda vez de los cohetes que inauguran las fiestas. Además, por la noche, le tocaba conquistar el cielo con una nueva colección de fuegos artificiales, la primera de estos Sanfermines.

Miguel Pérez Nivela, director adjunto de Pirotecnia Zaragoza, fundada en 1860 por su bisabuelo Ángel, recuerda que en 2013 recibió una llamada desde el Ayuntamiento de Pamplona para participar en el Chupinazo. "Es un gran honor, no lo dudé un instante", rememora este aragonés de 34 años. Aquel estreno quedará unido, en parte, al retraso del inicio de las fiestas por la colocación de una ikurriña. "Pasé muchos nervios. Esperábamos con impaciencia que se solucionara lo antes posible", relata.

Este 2014, por su parte, tropezaron con el mal tiempo. "Buf, mantuve un constante contacto con la gente que estaba en Pamplona, aunque estamos acostumbrados a estas situaciones?, informa quien, si hubiera podido lanzar un mensaje, habría optado por el de solidaridad, coincidiendo con que la Cruz Roja tiraba el cohete, que Miguel vio por televisión. Y, puestos a divagar, de haber podido, le habría gustado compartir ese momento en el balcón del Ayuntamiento junto al tenista Rafa Nadal. "Soy un gran admirador suyo, tanto dentro como fuera de las pistas".

A los nervios de este inicio festivo, se unió una mala noticia: su padre, José Ignacio Pérez Sanz, sufrió un accidente de moto, que le afectó a la tibia y el peroné. "Está bien, aunque lo ingresaron en el hospital y ahí estuve. 67 años son 67 años", expresa este licenciado en Derecho.

ENTRE PÓLVORA Y CHISPAS

Precisamente, Miguel le debe a sus genes paternos su pasión por los fuegos. Él iba para abogado, pero terminó entre chispas y pólvora. "Estudié Derecho y ejercí en diferentes despachos, pero me faltaba algo. Mi bisabuelo creó la empresa y yo siempre había visto a mi padre, que es químico, entre pólvora y bombas. Como esta profesión es muy peligrosa, él no había demostrado un especial interés en inculcármela. Pero, al final, aquí estoy. Jamás me imaginé que podía ser capaz de diseñar algo y mírame ahora?, reconoce.

De la mano de su padre, Miguel vivió unos Sanfermines que apenas recuerda. "Era muy niño", se justifica. Hace un par de años, sí se que se sumergió en estas fiestas "únicas" tomando algo por la plaza del Castillo. De tener que elegir, sus "momenticos" serían los encierros, eso sí, por respeto, vistos por televisión, y los almuerzos.

Sin embargo, su manera más habitual de saborear los Sanfermines consiste en mirar al cielo. Aunque tenga que ser por medio del ordenador, como este año. "El domingo salí del hospital y ya en casa vi nuestra colección a través de internet", comparte.

Una colección que la lluvia no arruinó y que está obteniendo buenas críticas  "por un fuego correcto, con muy buenos disparos y colores". Pese a estos halagos, Miguel, cuya empresa atesora dos primeros premios en Pamplona, se muestra prudente de cara al Concurso Internacional que organiza el Ayuntamiento de Pamplona. "Es complicado ganar un concurso si eres el primero que dispara. La retina, si hay buenos disparos, suele quedarse con los últimos. Lo sé porque he sido jurado, aunque también es cuestión de gustos", opina.

Ocupe la posición que ocupe, Miguel se conforma con "haber conquistado el corazón de los pamploneses". El resultado lo conocerá en Francia, donde ultima otro lanzamiento de fuegos, al que seguirá el de Mónaco.

"Los fuegos artificiales me encantan desde niño", confiesa. Ante el espectáculo, no se "rejuvenece", su mirada tiene ya tintes profesionales. "Pierde cierta magia verlos así, pero nunca me aburro, es una pasión", revela este joven aragonés que ni está casado ni tiene hijos. "Si los tuviera, los traería a Pamplona, como mi padre hizo conmigo", confiesa quien lleva a La Pilarica en el corazón, además de ser el escudo de la empresa, quien comparte lugar con San Fermín. "Soy religioso y siento a Pamplona muy cerca", concluye quien dirige esta fábrica que realiza exhibiciones en Alemania, Suiza, Dinamarca, etc. y que va llenando de premios sus vitrinas. "Mi bisabuelo Ángel estaría orgulloso", afirma.
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