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San Fermín 2011
San Fermín 2011

¿Quién ha leído "Fiesta"?

  • Con 24 años Hemingway vino a Pamplona. Y repetiría ocho más. Le gustaban el alcohol, los toros y las mujeres. Le dieron el Nobel. Hace medio siglo se suicidó.

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Era habitual ver a Hemingway en la Plaza del Castillo. En la foto, de 1959, sirviéndose vino.

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Con Fidel Castro cuando el premio nobel estuvo en Cuba. LIBRO "ERNEST HEMINGWAY Y SU MUNDO"

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En 1953, con su cuarta mujer, Mary, y Juanito Quintana, dueño del Hotel Quintana.

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El escritor (a la izquierda) con unos amigos y su primera esposa, Hadley (en el centro), en los Sanfermines de 1925. LIBRO "ERNEST HEMINGWAY Y SU MUNDO"

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Convaleciente por la bomba que le estalló cuando era conductor de ambulancia en la Primera Guerra Mundial, en Italia. Se enamoró de una enfermera. Noveló esa historia en "Fiesta". LIBRO "ERNEST HEMINGWAY Y SU MUNDO"

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Actualizada 14/07/2011 a las 01:22
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  • LAURA PUY MUGUIRO . PAMPLONA

SÓLO un premio nobel de Literatura, Ernest Hemingway, ha escrito sobre Pamplona. Y en la ciudad nadie lee Fiesta. O prácticamente nadie. Javier López de Munáin, de la librería El Parnasillo, dice que se compra "con cuentagotas". ¿Cuántos ejemplares? "Unos diez al año". La editorial Plaza y Janés vende anualmente en España 1.700. Ni siquiera en los institutos navarros los alumnos trabajan esta obra.

Las razones de que esto ocurra son diversas. El filólogo de la Universidad Complutense de Madrid Gabriel Rodríguez apunta una. Dice que Fiesta en inglés es "maravillosa", pero que las traducciones al castellano son tan deficientes que la echan a perder.

Hemingway escribió Fiesta basándose en hechos de su propia vida que noveló. De Pamplona supo por casualidad. Era corresponsal en París y vino con 24 años para hacer un reportaje sobre una pequeña ciudad de 35.000 habitantes en la que los toros corrían por las calles. Y se sorprendió feliz. Tanto que regresó año tras año. Así hasta ocho veces más. Aquí encontró alcohol, toros, mujeres y una silla en la terraza del Café Iruña.

En Pamplona se emborrachó con frecuencia y tuvo trifulcas en los bares. Vino con su mujer y anduvo con otras. Una vaquilla lo embistió en la plaza de toros. Y una vez corrió el encierro. A distancia. En Navarra encontró al mismo tiempo la tranquilidad absoluta de la pesca solitaria en Aribe, junto a Burguete. También se alojó en Lekunberri.

Hemingway, de carácter depresivo y con un diagnóstico reciente de Alzheimer, se disparó en la cabeza en su casa de Idaho cuando amanecía el 2 de julio de 1961. De esto se han cumplido ahora cincuenta años.

¿Qué se cuenta en Fiesta? Una historia de amor. De amor imposible. El protagonista resulta herido en Italia durante la primera guerra mundial y en el hospital donde le atienden cae rendido ante su enfermera. Sin embargo, al chico le comunican que ha quedado impotente por las lesiones. Un coronel le dice con perspectiva militar: "Ha entregado por la causa más incluso que la vida". Ellos deciden separarse.

Nueve años después vuelven a encontrarse, ahora en un París enloquecido y superficial. Ella es una mujer libre, alegre y promiscua. Los dos, con un grupo de amigos estadounidenses, deciden viajar hasta los Sanfermines de Pamplona. Y es aquí cuando Hemingway establece el contraste entre el cinismo que se vivía en la capital francesa y la inocencia de una pequeña capital de provincia. Supone, según José María Domench, "una especie de regreso al Paraíso, donde la gente disfruta de las cosas más primitivas, como comer, beber y bailar, del riesgo inútil ante los toros".

Sin dinero para La Perla

Hemingway había nacido en 1899 en Illinois, Estados Unidos, en una familia culta. Su padre era médico, su madre había estudiado música. Y Ernest decidió no ir a la universidad. A él le gustaba escribir y boxear. Cuando en 1914 comienza la Primera Guerra Mundial, quiere batallar, pero no le admiten a causa de una mala visión en un ojo. Sin embargo, encuentra una alternativa: conduce una ambulancia de la Cruz Roja en Italia hasta que una bomba le hiere en las piernas.

Pese a que tiene la rodilla rota, se echa a los hombros a un soldado y lo saca de allí hasta que se desmaya por el dolor. Anthony Burgess escribe que "le llevaron a un cobertizo en donde había tantos hombres muertos o agonizando que le parecía más natural morirse que seguir viviendo". Le dan la medalla de plata al valor. En el hospital de Milán se enamora perdidamente de una enfermera con la que sueña y a la que escribe cada día. Pero, según dice Burgess en Hemingway y su mundo, "pronto se hizo evidente que ella optaba por un joven y atractivo napolitano".

Terminada la guerra, Hemingway trabaja como corresponsal en París del Toronto Star. Allí vive con su mujer, ocho años mayor que él, y se junta con escritores y artistas, como Picasso. Un amigo rico le invita a visitar Madrid y Andalucía, donde el norteamericano queda fascinado por los toros. "No le interesa el hecho de que se acabe con el animal, sino cómo el ser humano juega con la muerte y esto mismo es lo que encontrará más tarde en los encierros", dice el filólogo Gabriel Rodríguez.

Hemingway llega a Pamplona el 6 de julio de 1923. Tiene 24 años, viaja con su mujer, no sabe español y anda escaso de dinero. Ha reservado una habitación en la Plaza del Castillo, en La Perla, pero cuando ve los precios comprueba que no puede pagarlos. Es un contratiempo importante pero entonces la dueña, Ignacia Erro, "gordita y simpática", les saca del apuro al buscarles un lugar más barato en la calle Eslava, algo que el escritor siempre recordará agradecido, según Fernando Hualde, autor del libro Hemingway, cien años y una huella.

Los Sanfermines remueven el interior de Hemingway. "Todos los carnavales que yo había visto palidecían en su comparación", escribe. Y al poco publica un artículo en el Toronto Star. La impresión de la fiesta es tal que al año siguiente regresa con un grupo de amigos. Se aloja en el desaparecido Hotel Quintana en la Plaza del Castillo y elige el Café Iruña como su lugar predilecto: lo considera el palco de un teatro "donde puede ver cómodamente sentado y con la consumición en la mano, la escenificación de las fiestas", dice Hualde.

Ese año corre una vez el encierro en compañía de un amigo sin arriesgar demasiado. Participan en las vaquillas y una de ellas se lleva a los dos por delante. En aquellas fiestas Hemingway vive una ciudad conmovida por la cogida de Esteban Domeño, un joven de Sangüesa de 20 años, que fallece al día siguiente. Es el primer muerto del encierro. El norteamericano queda impresionado y recogerá este hecho en Fiesta dos años después.

Gabriel Rodríguez, de la Universidad Complutense de Madrid, explica que Hemingway viene de un París frívolo y superficial y encuentra en Navarra valores "como la amistad y la generosidad". "En el autobús a Burguete la gente le gasta bromas, le pasa la bota. A él le fascina compartir, reunirse en torno a una mesa. Y, además, es un enamorado de la naturaleza". El norteamericano se aloja en Burguete y disfruta de sus paseos hasta Aribe, donde conoce varias pozas del río Irati en las que sentarse y disfrutar de la tranquilidad de la pesca.

Escándalo en el hotel

En 1925, Hemingway regresa a Pamplona en busca de más documentación para su libro. Sigue sin poder permitirse una habitación en La Perla, que cuesta entre 30 y 35 pesetas, comidas y cenas incluidas. Y se aloja de nuevo en el Hotel Quintana, donde le cobran 12 pesetas. En aquel tiempo es ya un apasionado de las corridas de toros y pasa largas horas en los salones de La Perla intentando ganarse la confianza de toreros como Belmonte.

Cuando al año siguiente regresa a Pamplona trae algo más de dinero, lo cual le permite, según Hualde, ir a comer a Casa Marceliano y conocer el que describirá como su plato favorito: "El ajoarriero al estilo de Pamplona". Le gusta la buena mesa. Pero, sobre todo, la bebida y las mujeres. El propietario del Hotel Quintana se ve frecuentemente en serios apuros ante las quejas de la clientela por los altercados y escándalos que el escritor organiza en el establecimiento. En 1926 se publica Fiesta.

Hemingway, que se casó cuatro veces, abandona en 1927 a su esposa y a su hijo y vuelve a Pamplona con su nueva mujer. Sigue hospedándose en el Hotel Quintana, frecuentando La Perla, sentándose en la terraza del Café Iruña y comiendo en Casa Marceliano. Y, en el otro extremo, viaja a Burguete para pescar en el Irati.

En 1929 la paciencia de Juanito Quintana, el dueño del hotel, está a punto de agotarse. Hemingway había venido a Pamplona con su esposa. El propietario, conociendo su comportamiento, procuraba darle siempre una habitación alejada de los clientes educados. Fernando Hualde recoge en su libro el relato del incidente contado por un empleado: "Una de las primeras noches de las fiestas llegó totalmente borracho acompañado de dos señoritas. Paulina, su mujer, dormía ya. Y él, que lo sabía, pidió al conserje que le diera otra habitación para él y sus acompañantes. A la media hora, en medio de un gran alboroto, ellas salían corriendo, prácticamente desnudas, mientras él, en calzoncillos, las encorría insultándoles. El escándalo que se armó hizo que unos cuantos clientes protestaran y que el dueño y amigo, Juanito, llegara a amenazarle con echarle. A pesar de todo el follón que se armó creo que Paulina no llegó a enterarse".

Pese a todo, el estudioso de Hemingway y filólogo Gabriel Rodríguez explica que "era un hombre muy profundo. Nos hemos quedado con la imagen de juerguista, pero él se tomaba muy en serio su trabajo: todos los días se levantaba temprano para escribir y lo hacía con una disciplina tremenda".

En 1931 Hemingway estuvo en Pamplona. Pero ya no volvería hasta veintiún años más tarde. Su trabajo, la Guerra Civil -en la que se compromete con el bando republicano-, su participación en la Segunda Guerra Mundial y sus reservas para regresar durante la dictadura de Franco lo mantienen alejado de los Sanfermines. En este tiempo se divorcia dos veces y se casa otras dos. El escritor vive veinte años en Cuba, donde se hace amigo de Fidel Castro. Allí escribe en 1952 El viejo y el mar, su obra más famosa.

Hemingway regresa a Pamplona en 1953 y, esta vez sí, se aloja en La Perla y logra, según Hualde, dormir en la habitación 217, en la que muchísimas veces los mejores toreros le habían permitido acompañarles mientras se vestían de luces. Un año después recibe el premio Nobel. Su fama es ya enorme. Y en años posteriores se incrementa, convirtiéndose en una celebridad. En 1959, dos antes de su muerte, el norteamericano dice a sus amigos que esas fiestas estaban siendo las mejores de su vida. El ayuntamiento decide homenajear a tan insigne visitante y le invita al palco oficial en la plaza de toros. A Hemingway, que había estado por la mañana en el río Irati, se le hizo tarde, así que apareció ante las autoridades con la corrida bastante avanzada y todavía vestido de pescador.

Ese año Hemingway disfrutó Pamplona sin ponerse límite. Por la noche su mujer, conocedora de su marido, incluidas infidelidades, se retiraba al hotel y él continuaba la fiesta fumando y bebiendo en exceso. Lo hacía acompañado de amigos, muchachas jóvenes y de la periodista inglesa de 19 años Danby Smith, la preferida del escritor. Al acabar los Sanfermines el norteamericano regresó por última vez a Burguete y a su lugar favorito junto al río en Aribe donde, según Hualde, "pasaba largas horas con sus tres o cuatro cañas sentado junto a un árbol que dejaba rodeado de botellines de cerveza vacíos".

A sus 61 años Hemingway "estaba muy enfermo, con depresiones y paranoias", explica Gabriel Rodríguez. "La familia tiene un largo historial de suicidios: su padre, un hermano, uno de sus hijos... Ernest había intentado quitarse ya la vida en tres ocasiones. Su situación física no era buena. Había llevado una vida de aventura que le trajo dos accidentes de avioneta, varios de coche, los golpes del boxeo... En las fotos parecía ya un hombre de ochenta años. Su vida había sido la literatura y ahora se ve incapaz de juntar cuatro palabras. Y eso le hunde. Porque era, ante todo, una persona que quería vivir la vida con intensidad".

Hemingway se colocó una escopeta en la cabeza y se disparó el 2 de julio de 1961. Lo enterraron el día 7. Antes había anulado su reserva en un hotel de Pamplona para los Sanfermines. Dicen que en su mesilla se encontraron entradas para los toros de ese año.

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