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LA FIESTA

Todos queremos menos y menos

El 'Pobre de mí' suena a lamento. Sin embargo, ya falta menos se entiende como un verso esperanzador de un tiempo mejor

Todos queremos menos y menos

Gabriel Asenjo

DN
15/07/2016 a las 06:00
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  • GABRIEL ASENJO
Cuando Pamplona canta 'Pobre de mí’' o 'Ya falta menos', me quedo con lo último. El ‘'Pobre de mí'’ suena a lamento. Sin embargo, ya falta menos se entiende como un verso esperanzador de un tiempo mejor, aunque, a la vez, supone un reconocimiento de que nos aguardan 12 meses de incómodo calendario hasta el 7 del 7 del 2017 y hay que estar mentalmente preparado. Igual, por eso, la gente canta el ‘’Todos queremos más, y más y mucho más”, que no es canción protesta sino grito de impotencia ante lo que se avecina.

Sin embargo, con el vallado ya desmontado, muchos cantaríamos todos queremos menos. Y mucho menos. Me explico. Hay cosas que no pegan en Pamplona. Por ejemplo, agarrar al toro, aunque nadie te reprochará, como el día 8 con Marshall Campbell, que te lances con desesperación a sujetar furioso los pitones de un animal de 600 kilos que apuntan como un bisturí al cuerpo de tu mujer.

Todos queremos menos esas imágenes en las redes sociales de ciudadanas sonrientes de satisfacción, pechos al aire como en el carnaval de Nueva Orleans, pero cubiertos de manos con fragancia a kalimotxo. Lo de Nueva Orleans es turismo caro y lo de San Fermín suena a turismo-botellón.

El gran problema es que la fiesta suele ser cosa de escribir momentos en el corazón, no de elecciones miserables. Me refiero a que todos queremos mucho menos, o sea, nada, de quienes diseñan su mapa estratégico de Pamplona con el objetivo de un delito sexual. Gente cavernaria que no ha entendido nada de San Fermín ni de la vida, ni de reconocerse en los demás ni de colocarse en su lugar. Aunque, en otro asunto, lo de colocarse en espacios culturales distintos a los míos, lo de admitir que el cargo significa carga, no es cosa de las jerarquías políticas. Me refiero al escaqueo de actos que para unos son religiosos y para otros simplemente tradicionales, folclóricos, inofensivos y populares. Otros políticos acuden a ritos judíos, musulmanes o cristianos con total naturalidad sin ser creyentes. Por cortesía. Aquí seguimos en la mirada corta y electoral de contemplar un sentimiento únicamente desde un prisma religioso, que lo tiene, pero es también un discurso musical, escénico, cultural y emocional. Un patrimonio social.

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