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El Pobre de mí

  • DN.es. Pamplona
Actualizada 03/07/2013 a las 15:56
Cuándo: 14 de julio a las 12 de la noche.
Dónde: En la plaza del Ayuntamiento, aunque puede verse desde las pantallas gigantes de Antoniutti, el Paseo Sarasate o la Plaza del Castillo.
Duración: El pobre de mí como tal es muy breve, pero luego la gente se queda un rato por la zona o vuelve a casa tranquilamente.
Estado aconsejable: Todo el mundo sobrio, es el último día y lo más probable es que tras el pobre de mí se haya acabado el plan.
Vestimenta ideal: Es bastante tarde, así que todo el mundo llevará chaqueta, pero es el último día de fiestas, haz un último esfuerzo para vestir de blanco y rojo, ¡ya te pondrás otros colores el día 15!
Lo necesario: Un pañuelico rojo que desatarte del cuello y una vela, preferiblemente con vaso de plástico acoplado para evitar manchas de cera y quemazos.
Ambiente: Teniendo en cuenta que se acaba la fiesta, no se puede pedir que aquello sea la juerga padre, pero tampoco es plan de ponerse exageradamente triste. De todas formas, después de 7 días de no parar, la gente está cansada y el ambiente es muy tranquilo.

 

Todo lo bueno llega a su fin, y el día 14 de julio, cuando dan las 12 de la noche, los pamploneses dicen adiós a los Sanfermines. Han sido 7 días de locura, tradiciones, alguna borrachera y sobre todo mucha mucha fiesta. En el mismo escenario que el chupinazo, el alcalde o alcaldesa anuncia el final y cita a sus vecinos para el siguiente chupinazo el año siguiente.

Los reunidos en la plaza del Ayuntamiento o quienes lo ven a través de las pantallas colocadas en puntos clave de Pamplona responderán con el canto que dice aquello de "¡pobre de mí! ¡Pobre de mí! Que se han acabado las fiestas de San Fermín". Para cantarlo dignamente el pamplonés debe desatarse el pañuelo del cuello, agarrarlo con las dos manos en alto. No hay que dejárselo puesto después de esto ya que, aunque cueste aceptarlo, las fiestas se han acabado. Aunque no para todos, hay quien exprime la noche todo lo posible, la estira como un chicle, cambiando de bares a medida que van cerrando unos y otros. Al final, llega a casa el día 15 a las 8 de la mañana, incapaz de creerse que los 7 días de parranda han acabado y que el mundo sigue girando.

Sabemos que es doloroso, pero tranquilo, los Sanfermines vuelven el año que viene. Los optimistas contraatacan a la canción típica canción del pobre de mí con un "ya falta menos... ya falta menos...", que quieras que no, siempre anima un poco.

En todo caso, lo cierto es que las mejores fiestas del mundo se merecen una despedida digna. Así que, con una vela encendida, los pamploneses se reúnen y recuerdan todas y cada una de las anécdotas que les han dejado los Sanfermines. Desde aquel macarrón que le pegó en un ojo a un amigo cuando estaba en los toros a esa pata de jamón mordisqueada que le ofrecieron a otro el día del txupinazo, pasando por el guiri que casi se abre la cabeza en la fuente de Navarrería y sin olvidarse repasar los momentos más impresionantes de los encierros, todos han sido momentos para recordar.

Se trata de un acto en el que hay un menor número de gente de fuera de Pamplona y en la que realmente no hay grandes aglomeraciones. San Fermín nos visitará el próximo 7 de julio y evidentemente los pamploneses estarán aquí, pero son los visitantes que no pertenecen a nuestra ciudad quienes deben decidir si repiten, si los Sanfermines les han causado la impresión que esperaban. Entre tú y yo, quien prueba siempre repite.



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