Opinión

"Yo me quedo con la cara del Papa a los mandos de un avión camino de Barcelona disfrutando como un chiquillo"

"Ser ninguneado va en el sueldo del cristiano. Que se rían de los católicos, digo, va en el cargo, y está bien que así sea, porque solo se puede ascender desde lo más bajo"

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Chapu Apaolaza

Publicado el 09/06/2026 a las 19:40

De Madrid a Barcelona viaja en avión el Papa León XIV con su séquito de púrpura, de periodistas y de multitudes. Carlo Acutis, que era un santo con niqui y mochila, dijo a los trece años, cuando le diagnosticaron un cáncer que finalmente se lo llevó por delante, que la Eucaristía era su autopista hacia el cielo. En uno de esos vídeos de cámara doméstica con los que se grababan las comuniones antes de que hubiera teléfonos móviles, el joven santo sonreía, despeinado, y confesaba a la cámara que tenía suerte, porque iba a ver a Dios antes que los demás. 

Hay cierto recochineo en la prensa y entre los opinadores con el fervor católico que ha despertado la visita de León XIV, y es normal que así sea en un mundo en el que la gente se fija en cuántos pasos da al día o si ha tomado los gramos de proteína suficientes para desarrollar un bíceps prominente, pero no piensa en Dios ni escucha su voz. Hay recochineo, y lo nota uno en el metro, en las miradas y en aquella señora que, enfadada por el gentío, gritaba a la puerta de una heladería de Goya: “Estoy hasta mis partes de lo del Papa. No se puede ni andar”.

Ser ninguneado va en el sueldo del cristiano. Que se rían de los católicos, digo, va en el cargo, y está bien que así sea, porque solo se puede ascender desde lo más bajo. Al fin y al cabo, nuestro líder no saltó de la cruz haciendo cortes de manga a los romanos, ni les lanzó sortilegios por los que les crecían rabos de cochino, ni disparó rayos láser en la corte de Poncio Pilato. Compareció herido, ridiculizado, aterrado, traicionado y perfectamente solo. Cuando se rían de nosotros, será que lo estamos haciendo bien.

El chiste, sin embargo, abrió un camino al cielo. Como ese avión de Iberia al que pusieron a los mandos a Su Santidad y en el que se reía como un chiquillo. Los curas y las monjas no suelen tener miedo a los accidentes aéreos, como tampoco lo tenía Carlo Acutis, y quizá por eso conducen como auténticos endemoniados. Yo me quedo con la cara del Papa a los mandos de un avión camino de Barcelona disfrutando como un chiquillo. Acaso una sonrisa sea el regalo que nos haga. Con eso ya sería bastante.

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