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"Nos estamos convirtiendo en una sociedad totalmente simplista, que se está acostumbrando a la cultura del mínimo esfuerzo"

Avatar del Javier Martón Javier Martón06/01/2023
Llegadas estas fechas y haciendo balance del año recién terminado, cuesta no darse cuenta de la delicada situación que nuestra clase política nos está brindando. Jamás podíamos haber imaginado que se modifiquen las leyes a voluntad y antojo de los delincuentes. Indultos a cambio de apoyo político, eliminación del delito de sedición, rebaja de las penas por malversación y un largo etcétera de medidas en favor de los malhechores. Las primeras consecuencias ya se están produciendo, con rebaja notable de penas a malversadores públicos, y poniendo en la calle a delincuentes sexuales que estaban encarcelados. Nuestra sociedad ha asistido totalmente anestesiada e impasible a una lamentable situación que se puede catalogar como la mayor catástrofe tanto sanitaria como económica de nuestra historia reciente, en manos de una clase política muy mediocre, incapaz y egoísta, que prioriza intereses personales y partidistas por encima de la salud y el futuro de las personas, y de nuestras libertades. Nos estamos convirtiendo en una sociedad totalmente simplista, que se está acostumbrando a la cultura del mínimo esfuerzo y a la dependencia de una ayuda o subsidio.
Estamos viviendo en un país con la peor gestión de la pandemia del covid-19, según atestiguan los informes de organismos internacionales, con los peores datos de Europa en cuanto a contagios con 13,6 millones de personas infectadas y más de 180.000 fallecidos, a pesar de que oficialmente solo se han reconocido 98.000 muertes. En un país donde la gestión sanitaria ha empeorado tanto que están saliendo a la calle en protesta todos los facultativos sanitarios, ya que la atención prestada sobre todo en los centros de salud es lenta e insuficiente. No es de recibo que se sustituya la visita a un enfermo por una llamada telefónica.
Un país con una caída histórica del PIB cercana al 20% y una previsión a la baja del 15%, la más baja de la OCDE. Con un déficit público del 12% del PIB, y con una deuda de la Administración pública en torno al 120%, hipotecando así el futuro de nuestros hijos. Con más de 4 millones de parados, es el país de la Unión Europea con el mayor índice de desempleo juvenil. Un país con más de un millón de empresas cerradas en lo que va de año, y una clase empresarial necesitada de un clima de medidas de apoyo y rebaja de impuestos, como lo han hecho países como Alemania, Francia o Italia. Un país, con una inflación que ha iniciado un ascenso imparable hasta cotas no vistas en los últimos 40 años, con la cesta de la compra de productos básicos por las nubes, combustibles y luz en máximos históricos y todos los gastos en general de las familias, en alza. Con esta situación es más que previsible que estemos a las puertas de una notable recesión económica, y la causa seguramente de que muchas familias pasen un invierno complicado. El país donde más se ha elevado el gasto público de toda la Unión Europea, incremento cercano al 24%, a pesar de contar con mucha diferencia con los peores servicios públicos de toda Europa. A cambio contamos con el mayor número de políticos, altos cargos y asesores de todas las administraciones de la Unión, así como con el mayor número de funcionarios. En estos momentos, España cuenta con más de 3,2 millones de empleados públicos, frente a los 2,3 millones que tiene Alemania con una población que casi duplica a la nuestra, por ejemplo. Y por otro lado, el país que desde hace algún año, más se ha recortado la inversión extranjera y la implantación de empresas multinacionales.
Un país donde se indulta a delincuentes, a pesar de jurar que volverán a reincidir en el delito. Un país donde en algunos lugares se prohíbe estudiar a los niños en español. Donde se encarcela a dos ancianos por salvar su vida, ante los ladrones que entran a robar a su casa. Donde se dan más facilidades a los okupas que a los propietarios, para poder recuperar sus inmuebles. Por ejemplo, en Reino Unido se permite a la policía entrar en un edificio o una casa si se tienen sospechas de que está siendo ocupada sin necesidad de autorización judicial, y se castiga a los okupas con 51 semanas de cárcel y una multa de 5.000 libras. Un país donde algunos hipócritas creen que la inclusión vendrá por una modificación impuesta del lenguaje estilo “todos, todas y todes”, mientras tenemos unos niveles de pobreza cercanos al 50%. Basta con ver lo que sucede cuando quienes dicen practicar el idioma inclusivo, incurren en situaciones penosas al no encontrar la palabra adecuada, incurriendo en el ridículo y olvidando hacerlo durante el resto del discurso. Un país donde se habla mucho de machismo y feminismo, ambos términos extremistas, donde en algunos casos se relacionan con violencia, y en mi opinión deberíamos hablar únicamente de personas y de respeto, así como de igualdad entre hombres y mujeres. Un país donde es posible cambiar de sexo a los 16 años rellenando un escueto formulario en el Registro Civil, sin ningún tipo de informe médico ni tratamiento hormonal, pero se niega Ibuprofeno a un adulto en cualquier farmacia, sin prescripción médica. Y así un largo etcétera de medidas que podría seguir escribiendo sin parar, que hacen que nos estemos quedando sin futuro.
Así las cosas, resulta totalmente increíble comprobar la capacidad de aguante que tiene nuestra sociedad, con la preocupación de pensar donde estará el límite. Si no somos capaces de abrir los ojos, mirar a nuestro alrededor y reaccionar, es necesario reaccionar, vamos camino al abismo.
Javier Martón Pérez Economista
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