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"Qué tipo de persona es uno cuyo corazón no alberga un sentimiento hacia La Ricarda"

Avatar del Chapu ApaolazaChapu Apaolaza20/09/2021
Ha dicho alguien en la radio que para resolver el asunto de la ampliación fallida del aeropuerto del Prat habría que tener más en cuenta “los sentimientos de todas las partes”. Habrá que ver qué emociones alberga cada cuál hacia los patos de La Ricarda, sus nenúfares y sus arbustillos de los que nadie sabía hasta ahora pero que se diría que ya suponen parte del acervo sentimental catalán casi tanto como la barca del ‘Mediterráneo’ de Joan Manuel Serrat.
La gente sabe de La Ricarda lo mismo que de la isla de Peter o del Atolón de Mururoa, pero la siente, ¿o es que no ven que la llevan dentro del alma? Porque cabe preguntarse qué tipo de persona es uno cuyo corazón no alberga un sentimiento hacia La Ricarda, ya no diré alguien como yo que a cambio de 5.000 puestos de trabajo para 5.000 familias estaría dispuesto a conducir él mismo la primera hormigonera, un hombre despiadado más preocupado porque pueda pagar el año de estudios en Inglaterra del hijo del taxista de Barcelona que por el pez de la charca, el tritón, la rana, el juncal y todos los patos azulones. Un loco.
Mon Bosch ha colgado la foto de la Diada de este fin de semana. En ella se puede ver a unas personas que sostienen una pancarta con el lema: “Psicólogos por la independencia”. Que la República Catalana no existe ya lo dijo el policía, pero puede hacerse realidad en el super yo. España es un gigantesco diván con 40 millones de locos. El poder político lo sabe y toca fibras muy profundas. Hay gente que votando se psicoanaliza y allí frente a la urna regresa al día en que esto y lo otro, como cuando uno revive ante el loquero el día en que su madre desapareció entre la gente o lo que fuera que le provocó el trauma. Los partidos no nos creen idiotas; nos creen dementes e imaginan a gente que vota como ese instante de confesión, purga y redención en el que uno echa a llorar tanto y tan profundamente sorbe sus mocos que el que está delante le pregunta preocupado: “¿Quieres agua?” Los cálculos que manejan son una lágrima, un voto.
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