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"Sánchez lleva año y medio apuntalando su débil gobierno a golpe de chequera"

Artículo de opinión de Alfonso Ibáñez

Avatar del Alfonso IbañezAlfonso Ibañez22/07/2021
Y por fin el presidente Sánchez ha culminado la crisis de gobierno diseñada en un principio como punto de inflexión con la finalidad de dejar atrás, en el olvido, la gestión de la pandemia así como sus cuestionadas alianzas de gobierno y poner bajo el foco mediático la salida de la crisis en su carácter económico.
Pero curiosamente, si analizamos los movimientos puntuales de los ministros salientes y entrantes, excepto el ascenso a vicepresidenta primera de Nadia Calviño nada parece responder de manera firme y real a una voluntad de incrementar la carga gubernamental en la gestión económica. De hecho, tienen mucho más peso los ministros y cargos que dejan de serlo que sus sustitutos.
Si bien no puedo obviar en este artículo los cambios concretos con los que Sánchez ha enfrentado esta crisis de renovación, no es la finalidad del mismo profundizar en ellos, sino que más bien me gustaría centrar el foco en la nueva situación en la que se encuentra el presidente Sánchez en el escenario por él creado.
Si echamos la vista atrás, de un año y medio a esta parte, podemos concluir que los ataques políticos al gobierno de Sánchez han tenido principalmente tres objetivos:
Por una parte, el socio de gobierno Pablo Iglesias, a quien se culpaba de las decisiones más extremas de este Ejecutivo, casi de manera absoluta, como si no formara parte del gobierno liderado por Sánchez.
Por otra parte, objetivo permanente de desacreditación ha sido lo conocido como “factoría Redondo”, a quien a diario se ha responsabilizado de pretender maquillar a la sociedad la verdadera gestión del ejecutivo.
Y finalmente, el propio Sánchez como responsable del gobierno de coalición con Unidas Podemos, así como de los extraños compañeros de viaje que ha necesitado para apuntalar dicho gobierno: nacionalistas, Bildu…
Así, podríamos afirmar que los ataques a Pedro Sánchez no encontraban una diana única, sino que quedaban repartidos y diluidos en otros objetivos, principalmente Pablo Iglesias e Iván Redondo. Pero esto ya no es así, ni Pablo Iglesias ni Iván Redondo forman parte del Ejecutivo y las personas que los han sustituido no parece que tengan ni vayan a tener el suficiente peso específico como para convertirse en los objetivos de la crítica social y política. Ni Óscar López ni mucho menos Félix Bolaños tienen un perfil público de carácter protagonista sino que más bien son la antítesis de Iván Redondo. Por la parte que a Unidas Podemos se refiere, parece claro que el exceso de protagonismo de Iglesias ha dado paso a una manera de hacer más pragmática y soterrada.
Si a todo ello añadimos la también laminación tanto en el Gobierno como en el PSOE del ya exministro Ábalos, podemos concluir que en este momento queda una sola figura que destaca sobre las demás con fuerza, que es la del presidente Sánchez. Y es aquí precisamente donde podría radicar el gran error del presidente en la resolución de esta crisis. En su afán de purgar a todos aquellos que de una manera u otra le han hecho sombra o que podían representar un problema en el futuro, el presidente se ha quedado solo. Solo en la responsabilidad de sus pactos de gobierno, solo en su gestión de la crisis sanitaria, solo en la gestión de la política territorial…, muy solo. Quizá no se haya dado cuenta de las consecuencias de su remodelación o quizá esté confiando en una supuesta amnesia social ante los retos económicos que habremos, todos, que afrontar en un futuro inmediato. En el primer caso, habrá cometido un error de bulto. Si Sánchez está en la segunda opción, podemos afirmar que tiene el fracaso prácticamente asegurado. Por mucha carga económica que en el futuro inmediato tenga la agenda política, habría que ser muy inocente para pensar que los socios nacionalistas e independentistas no van a echar un órdago tras otro al Ejecutivo que ellos mismos sostienen y no van a mantener el soberanismo en la picota mediática.
Pero en política, como en cualquier orden de la vida, nada ocurre por casualidad. Sánchez lleva año y medio apuntalando su débil gobierno a golpe de chequera, pagando un día sí y otro también las facturas de sus socios soberanistas y populistas. Quiso cambiar el rumbo de esa deriva provocando una fallida y desastrosa estrategia de acoso y derribo en Murcia, culminada con otro desastre estratégico en los comicios madrileños. Su áulico asesor coronó este cúmulo de despropósitos con el affaire Biden que fue motivo de mofa a nivel internacional y que probablemente ha sido el desencadenante de su fulminante destitución.
Hoy, el presidente Sánchez está más solo que nunca. Ya no le quedan escudos humanos que le protejan. Va a tener que tirar con fuerza de su manual de resiliencia para aguantar del tormentoso futuro que le queda por gestionar.
Alfonso Ibáñez, consultor político
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