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Opinión
OPINIÓN

De enfermeras y coronavirus

Tres países europeos destacan: Finlandia, Dinamarca y Alemania. Casualmente (o no), la relación de enfermeras por cada mil habitantes triplica la nuestra

Carmen Ollobarren.
Carmen Ollobarren.
  • Carmen Ollobarren
Actualizada 12/05/2020 a las 06:00

Este año que transcurre ya por mayo estaba destinado a ser el Año Internacional de Enfermeras y Matronas. El motivo: se cumple el bicentenario del nacimiento de Florence Nightingale, pionera de la enfermería profesional moderna. Con lo que no contaba la Organización Mundial de la Salud era con un intruso que ha mandado aplazar todas las celebraciones, incluidos los funerales que él mismo provoca. La OMS propone y el coronavirus dispone.

Un día como hoy, 12 de mayo, nació Florence Nightingale, por lo que las enfermeras lo tenemos señalado como nuestro Día Internacional, y que nos sirve para traer a colación una parte de su legado y el de algunas otras precursoras en los diferentes ámbitos de desarrollo de la enfermería actual. Todas ellas fueron mujeres luchadoras, perseverantes en sus convicciones, visionarias de lo que se debía hacer, avanzadas a su tiempo. Sus vidas estuvieron ligadas estrechamente a las guerras, el hambre, la miseria y las epidemias.

Enviada a un hospital militar en la guerra de Crimea, Florence Nightingale demostró que la falta de higiene en el recinto mataba diez veces más que las heridas de guerra. Y lo hizo de una manera visual y sencilla, vertiendo los datos recopilados en gráficos estadísticos diseñados por ella misma. Sus diagramas de la rosa fueron determinantes en la reforma sanitaria británica y en el diseño de los nuevos hospitales.

La fundadora de lo que ahora se denomina Enfermería Comunitaria, Lillian Wald, creó un sistema de asistencia directa entre pacientes y enfermeras para atender a las familias pobres e inmigrantes del sureste de Nueva York.

La estadounidense Dorothea Dix, contribuyó a dotar de un aspecto ético y moral a las terapias psíquicas aplicadas, así como a dignificar los espacios para atender a los enfermos mentales. El conocimiento profundo del trato inhumano y vejatorio que sufrían las personas con estas enfermedades le condujo a luchar por conseguir cambiar esa penosa realidad.

En la salud reproductiva, Mary Breckinridge lideró un movimiento que revolucionó el sistema de partería. Consiguió mejorar la salud de miles de mujeres y niños, y reducir la mortalidad infantil. Ella, que había enterrado a sus dos hijos de manera prematura.

Y la gallega Isabel Zendal, responsable de cuidar del único eslabón imprescindible de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna: los 22 expósitos que, de brazo a brazo, llevaron a América y Asia la primera vacuna conocida. La viruela, “la más grande asesina”, dejó de matar en 1980. Es la única pandemia eliminada del planeta.

La viruela se fue en silencio y llegaron con ruido el Sida y el Ébola. El último en aparecer, el coronavirus, y lo ha hecho con gran estruendo. Su alta contagiosidad lo elevó a categoría de pandemia en muy poco tiempo y nos situó en estado de alarma. Nos pilló desprevenidos. El único escudo que teníamos los sanitarios era el que “llevamos de fábrica”: empatizar con el padeciente, el que padece, el que sufre un daño, dolor y enfermedad. Tuvimos que reaccionar rápido, reorganizar los espacios, sincronizar los cuidados y familiarizarnos con los equipos de protección individual, con todo tipo de mascarillas, con la irritación de las manos, con la inseguridad y con el miedo.

Hemos aprendido numerosos procedimientos y sus numerosas modificaciones, dedicamos unos minutos a la relajación antes de iniciar la jornada, repartimos cartas de apoyo dirigidas a los enfermos, incorporamos sencillos ejercicios físicos en la rutina del paciente, coordinamos la visita diaria de sus familiares, estandarizamos pautas para la vuelta al domicilio y nos aseguramos de ofrecer a la familia la posibilidad de acompañar a sus seres queridos en la fase final de la vida. Con el paso de los días, las nuevas normas se han impuesto a la antigua normalidad, como si siempre hubiéramos estado rodeados de silencio, de distancia y de ausencias. La costumbre acostumbra. Y dentro de un tiempo, habrá que verificar que nadie se haya quedado atrás y que ninguna persona haya sido abandonada a su suerte.

De momento, hay que seguir gestionando esta pandemia y, en esta gestión, tres países europeos destacan. Son Finlandia, Dinamarca y Alemania. Casualmente (o no), la relación de enfermeras por cada mil habitantes triplica la nuestra. Y tanto a nivel social como gubernamental su trabajo está altamente reconocido.

Algún aprendizaje debemos sacar de esta gran crisis. Tendremos que estar alerta para que nuestra sanidad pública no quede nunca más desprotegida ni ninguna otra epidemia, que las habrá, nos vuelva a coger por sorpresa. Y que el 12 de mayo, Día Internacional de Enfermería, sigamos sintiendo el apoyo y la proximidad como cuando salimos a aplaudir juntos desde las ventanas, los balcones y las terrazas.

Carmen Ollobarren Huarte. Jefa de Unidad de Medicina Interna CHN 4ª G.


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