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Salario Mínimo y chamanismo

El autor analiza la subida del SMI para concluir que la ciencia económica está supeditada a unos políticos que legislan para hacer lo que suena bien y no para hacer lo que funciona

Carlos Medrano

Carlos Medrano

Actualizada 14/11/2018 a las 09:10
  • Carlos Medrano
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La propuesta de subida del salario mínimo ha generado una gran controversia. Los que están a favor consideran que va a mejorar la calidad de vida de los trabajadores de menores ingresos. Los que están en contra -esta semana Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España- alertan de que, si esa subida no va acompañada de una mejora de la productividad del trabajador, lo que generará es desempleo, pues la empresa no puede contratar empleados que cuesten más de lo que le generan. ¿Qué pasará en la realidad? Depende del contexto.


La economía es una ciencia experimental como la medicina o la climatología. Se basa en el método científico. Por ejemplo, veamos el efecto del paracetamol en la fiebre humana. Primero se seleccionan dos grupos de idénticas características y suficientemente grandes. A uno de los grupos (grupo experimental) se le suministra paracetamol cuando tienen fiebre y al otro (grupo testigo) no se les ofrece ningún medicamento. Se recogen los datos y se analizan. De ahí se obtendrá que el paracetamol es adecuado para bajar la fiebre. En el caso del salario mínimo ya se ha estudiado científicamente hace muchos años (Stigler 1946).


En 1992 el estado de Nueva Jersey subió el salario mínimo un 19%. Los economistas David Card y Alan Krueger estudiaron los efectos de esa subida en el mercado laboral de los restaurantes de comida rápida porque tenían un gran número de empleados cobrando el salario mínimo. Este fue el grupo experimental. El grupo testigo lo obtuvieron del estado limítrofe de Pensilvania, el cuál es similar a Nueva Jersey pero no hubo subida del salario mínimo. Después de analizar la evolución de ambos mercados llegaron a la conclusión de que la subida del salario mínimo en Nueva Jersey tuvo un impacto ligeramente positivo en el empleo. Sí, positivo. La razón es que en Nueva Jersey había margen entre el nuevo salario mínimo y la productividad del trabajador, por lo que la empresa seguía ganando dinero a ese nivel de salario. Además, aparecía una nueva circunstancia no esperada y es que había personas que no trabajaban pero que a ese nivel de salario mínimo buscaban empleo. La subida del salario mínimo es positiva hasta que se llega al límite de la productividad del empleado. Si el salario mínimo es superior a la productividad del trabajador la empresa comenzará a despedir empleados. Es lo que pasó en Francia en 2012. No es menor también el efecto de las cotizaciones a la seguridad social en el caso francés, que todavía encarecen más el coste laboral. Y es que desde el punto de vista de costes la cotización a la seguridad social es un impuesto al trabajo, lo mismo que el impuesto al tabaco o a la gasolina.
Vivimos en un mundo maniqueo. O eres progresista o fascista. No se respeta a la ciencia económica y los primeros culpables somos los economistas. El debate económico se produce en las revistas especializadas. Unos economistas publican y otros critican con vehemencia sus artículos. Es un Olimpo alejado de la vida de los mortales. En la era del big data el método científico aplicado a la economía muestra qué funciona y qué no funciona desde hace décadas. Pero este conocimiento no cala en una sociedad dirigida por unos políticos que legislan para hacer lo que suena bien en vez de hacerlo a favor de lo que funciona.


Otros economistas imponen su ideología por encima de la ciencia, y lo que es peor, tienen gran éxito mediático. La ideología es como la religión o ser del Madrid. Pase lo que pase, se es para toda la vida. Incluso premios Nobel caen en esta práctica, no sé si por pretenciosos o por la fama o por el dinero de los grupos de interés a los que apoyan. El que quiera descubrir al farsante tiene que ver la relación entre la declaración del premio Nobel y la rama de la economía por la que le dieron el galardón. Les conceden el premio por sus aportaciones al comercio internacional pero luego van dando conferencias sobre desigualdad de la renta. El ejemplo en medicina: un ginecólogo es un gran experto en anatomía humana, pero yo no le dejo operarme la rodilla. La medicina consiguió relegar a los chamanes de las tribus a su mínima expresión. Aunque en la epidemia de estupidez que vivimos no faltan curanderos que dicen curar el cáncer con la imposición de manos. Un síntoma de la fiebre es sentir frío. Un chamán te llevaría al calor de la hoguera de su cabaña y te restregaría ceniza y algún escupitajo por la cara. Sin embargo, nosotros vamos al médico y nos receta paracetamol. Aunque, una vez fui al médico con un pariente con fiebre y cuando le pidió paracetamol el médico le dijo “no, tú no, que tienes mal el hígado”. Y es que, todo depende del contexto.

Carlos Medrano Sola es economista en www.eldineronocaedelcielo.com

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