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Opinión
OPINIÓN

El Estado constitucional de Derecho

Manuel Pulido.

Manuel Pulido.

07/12/2017 a las 06:00
  • Manuel Pulido

En vísperas de cumplir la Constitución Española de 1978 (CE/78) cuarenta años de vigencia, la Constitución de la concordia ha vuelto a manifestar su fortaleza, frente al gran desafío independentista. Sin embargo, es cierto que la Constitución sigue siendo para el gran público una gran desconocida. NO se estudia en los colegios, pese a la educación para la ciudadanía, y pocos licenciados en Derecho son capaces de recordar de memoria algunos de sus preceptos.

Encuestas recientes muestran, por ejemplo, que resultan llamativos para algunos que la CE/78, establezca deberes, o que la Constitución vincule a todos los poderes públicos. Más extraño resulta para otros, la posible exclusión de los sucesores a la Corona que contraigan matrimonio contra la expresa prohibición del Rey y de las Cortes Generales. Y así podíamos seguir relatando otros supuestos…

Para poder ser respetado, el texto constitucional debe ser conocido y estudiado. Más aún debe ser vivido. De ahí deriva la famosa expresión “living Constitución”, en los países anglosajones. Y para que tal hecho acontezca, los actores políticos deben respetarla, no solo cuando el texto conviene a sus intereses políticos. Por dicha razón, se hace tan necesario la existencia de un poder judicial, independiente y conocedor de los principios y valores que el texto constitucional incorpora.

La Constitución no es, sin embargo, un texto bíblico que no pueda modificarse o reformarse. El prof. Rubio Llorente, solía recordar la incapacidad de los españoles para acometer las reformas constitucionales. Mal no solo de nuestro País, pues el presidente Macron, ha señalado durante su campaña electoral que Francia, gusta más de hacer revoluciones que reformas, refiriéndose así a las dificultades para poner al día algunos de los grandes postulados revolucionarios en este mundo globalizado que nos toca vivir.

La necesidad de la puesta al día de la CE, en algunas materias que tienen que ver, principalmente, con la Constitución territorial no debe hacernos perder de vista, que la CE en cuanto constituye el dorso jurídico de nuestro estado de derecho, sigue vivo y vigente.

Lo hemos visto en estos meses postreros de 2017, donde el desafío territorial de los independentistas catalanes ha debido ser corregido con la aplicación de medidas de coerción estatal como las que posibilita el art. 155 CE. Precepto este último, por cierto, que parece ser el único al que se reduce la CE.

¡Menos mal que hasta el Lehendakari Urkullu invoca la CE/78 para defender el concierto vasco, -estos días caracterizado como “cuponazo” por la falta de transparencia y explicación en su determinación y cuantía-, para hacer comprender su origen y vigencia!.

Los españoles, -expresión que nos cobija a todos, aunque cada cual tenga legítimamente su corazoncito territorial-, deberíamos estar orgullosos de poder vivir bajo el paraguas del Estado constitucional de derecho, que nos proteja frente al arbitrio del gobernante populista, o frente al abuso de los poderes reales de poder, banca y “tartufos” que creen en la patrimonialización del Estado como propio, entre otros, y nos garantice el sueño de los revolucionarios franceses de: “liberté, fraternité, egalité”.

Las modas de las post-verdad o de las “fake news” (falsas noticias), tan peligrosas para una ciudadanía, a veces no bien informada que debería ser más crítica con lo que circula por las redes sociales, deberá dejar paso a la verdad objetiva consistente en que bajo el imperio de la CE/78, España entró en el selecto y minoritario club de las democracias y que ha logrado unas cotas de bienestar asimilables a las europeas y sobre todo, que ha permitido a varias generaciones de españoles el orgullo de sentirse ciudadanos de un estado constitucional de derecho, que pese a las dificultades de los últimos años, es una palanca de transformación política, social y económica, necesitada de alguna puesta al día, pues no en balde cumple casi cuarenta años y ¡no hay cuerpo que aguante con tal edad el mismo traje!

Manuel Pulido Quecedo es Doctor en Derecho Constitucional

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