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OPINIÓN

Navarra: la hora del balance

Javier Otazu.

Javier Otazu.

Actualizada 01/12/2016 a las 21:15
  • JAVIER OTAZU

El Día de Navarra es un buen balance para valorar el camino que lleva nuestra tierra, sus amenazas y sus oportunidades.

Para empezar, podríamos definir qué es Navarra. Para Yuval Noah Harari, es una entidad intersubjetiva. Harari es uno de los intelectuales de referencia de nuestro tiempo, autor del superventas "De animales a dioses. Breve historia de la humanidad". Ahora ha amplificado su teoría con el reciente "Homo Deus". Su tesis es asombrosa. Según él, la clave del desarrollo de nuestra especie es el uso de las entidades intersubjetivas, definidas como "red de leyes, fuerzas o lugares que sólo existen en la imaginación común". Gracias a estas entidades o "realidades imaginadas" en las que todos creen avanzamos ya que nos ayudan a colaborar entre nosotros. Como ejemplos posibles tenemos la ONU, los derechos humanos, las religiones o empresas como Peugeot (ejemplo de referencia del libro). La idea es sencilla: ¿cómo podrían desaparecer estas entidades? Es claro que si desaparecen todas las fábricas de Peugeot, la marca sigue existiendo. Peugeot no es un ente sólido: está en nuestra imaginación.

Creamos o no en esta teoría, estas entidades han moldeado la historia del ser humano. Incluso nos sentimos más unidos a una persona que pertenezca a nuestra entidad subjetiva: si es de nuestro equipo de fútbol, de nuestra religión o le gusta cierta marca de coches. Ello genera cauces de colaboración y de confianza.

Desde este punto de vista, Navarra es también una entidad intersubjetiva, ya que en ella conviven personas que no se sienten como navarros. Por eso la legislación en el ámbito de las entidades intersubjetivas es muy delicada: al estar en la imaginación de las personas y en lo más hondo de sus sentimientos pueden generar enfrentamientos. Así ha sido la historia de la humanidad.

No obstante, eso no impide valorar los retos que tiene nuestra tierra. Para ello, debemos contextualizarnos en el mundo. Y eso pasa por un debate en el que recientemente entró Guy Ryder, presidente de la OIT (Organización Internacional del trabajo) cuando comentó el dilema existente en el organismo: ¿se debe insistir en las políticas tradicionales o el mundo ha cambiado para siempre y por lo tanto debemos buscar caminos nuevos?

Posiblemente lo más correcto sea lo segundo por cuatro razones fundamentales. Uno, hiperconexión. Existen dos niveles: vía información (Internet) e interrelación entre agentes económicos (una empresa textil española compite con otra empresa china). En consecuencia y en términos prácticos vivimos en un único país: nuestro planeta, con lo cual muchos problemas son mundiales. Y cuando precisamente por ello son necesarias instituciones globales, los países optan por cerrarse en sí mismos. Paciencia. Dos, los cambios en el mercado de trabajo debido a la mecanización de las fábricas y a las mejoras tecnológicas. Trump tenía razón cuando prometió que volvería a industrializar Estados Unidos. Omitió un detalle: las personas ya no iban a ser necesarias. Tres, la enorme fuerza que tienen empresas que por naturaleza son monopolio y es difícil que dejen de serlo. Es un modelo nuevo llamado GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple). Cuatro, el Estado de Bienestar ya no cubre las necesidades que demandan las clases medias y eso genera frustración, la cual desemboca en populismos.

¿Qué puede hacer Navarra ante estas circunstancias? Este cambio genera los siguientes retos. Primero, cómo competir dentro del mundo global. ¿Tenemos suficientemente desarrolladas las industrias 4.0? ¿Debemos profundizar por allí? Segundo, cómo afrontar los cambios demográficos que conlleva este cambio, ya que genera el llamado "voto con los pies": las personas tienen menos hijos y muchos jóvenes emigran. Tercero, cómo mantener el equilibrio territorial. Hoy en día la mayor parte de la población y riqueza está concentrada en la cuenca de Pamplona (incluyendo los lugares con fácil conexión mediante autovía) y eso origina zonas despobladas o en decadencia, las cuales van perdiendo influencia poco a poco. Tan poco a poco que no somos conscientes de ello.

Para afrontar estos retos, deberemos tener en cuenta las siguientes claves. Primero, profundizar y mejorar lo que ya tenemos. En este aspecto, los dos polos principales de riqueza son la Volkswagen y la Universidad de Navarra (vía enseñanza, investigación y medicina) aunque existen otros con posibilidades de mejora como el sector agroindustrial en la Ribera. Dos, evitar los enfrentamientos inútiles cuando estamos hablando de retos formidables. En este contexto, mantener ciertas reglas de convivencia es imprescindible. Tercero, en economía no se sabe lo que se debe hacer, pero sí se sabe lo que no se debe hacer. Los ajustes impositivos son necesarios ya que el Estado de Bienestar no da para más, pero con cuidado, no sea que espanten empresas. Es evidente: sin empresas no hay riqueza.

Un mundo nuevo, que genera unos enormes retos que se deben afrontar a partir de ciertas claves para que esta entidad subjetiva, esa ficción legal a la que tanto queremos y que denominamos Navarra pueda prosperar en una época llena de incertidumbre, recordando que siempre existirán nuevas oportunidades. Feliz búsqueda.

Javier Otazu Ojer es profesor de Economía de la UNED de Tudela

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